Aloña Fdez. Larrechi

En la primera temporada, se adentraron tanto en un submarino implicado en la desaparición de un pesquero que se quedaron con el nombre y el éxito les impulsó a seguir adelante. En la segunda, drones y piratas informáticos se sirvieron de nuevo de la actualidad para crear una trama que ponía en peligro a sus protagonistas. Y ahora, con Rusia como una de las mayores amenazas de la seguridad internacional como trama, al estilo del Hollywood más clásico, las inspectoras Amy SIlva y Kirsten Longacre regresan para proponer un thriller con la actualidad política como transfondo.

Movistar Plus estrena hoy la tercera entrega de Vigil, una de las miniseries británicas que, con mayor acierto, han sabido combinar investigación criminal, actualidad, espionaje y drama. Y lo hace al completo, para que podamos disfrutar de sus seis adictivos episodios en los que los personajes interpretados por Suranne Jones y Rose Leslie volverán a adentrarse en una peligrosa investigación.

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Y como hemos podido ver en las dos entregas anteriores, independientes y también disponibles en la plataforma, Silva y Longacre tendrán que sobreponerse a las dificultades sin que su relación personal se vea amenazada.

Conflicto internacional en una pequeña isla

En esta tercera temporada de Vigil, ambientada en el Ártico, tal y como desvela su subtítulo, las protagonistas se hacen esperar. Porque el arranque del primer episodio se centra en narrar los hechos que darán lugar a su investigación. Y no va a ser precisamente un trabajo fácil que les permita compatibilizar su vida personal y profesional. El lugar escogido es Svalbard, un archipiélago perteneciente a Noruega en el que hay una estación de investigación y donde trabajan, de forma encubierta, las fuerzas especiales británicas.


Suranne Jones es la investigadora Amy Silva en Vigil: conspiración en el Ártico.


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En teoría, este tranquilo lugar en el que apenas ocurren delitos, es una zona desmilitarizada. En la práctica, los miembros de las fuerzas especiales que deben escoltar a una investigadora china al lugar en el que le recogerá un helicóptero sufren una emboscada a manos de fuerzas especiales rusas. El desenlace de esta complicada y tensa situación será fatal: a la mañana siguiente uno de los británicos aparece asesinado y la científica china ha desaparecido.

En Escocia, Kirsten está a punto de reincorporarse a su trabajo tras lo sucedido en la segunda entrega. Nerviosa por el reto al que se enfrenta, cuando va a ponerse en camino para recuperar su rutina profesional, el MI5 la selecciona como la persona elegida para viajar a Svalbard y descubrir cómo ha fallecido el soldado británico y quién es el responsable de su muerte. Pero no va a ser fácil, porque allí la inspectora se encontrará con un ambiente hostil, una supuesta colaboración por parte de las autoridades rusas y un trabajo científico que está relacionado con las altas esferas políticas de su país.

Thriller de actualidad

Tal y como ha demostrado en las entregas anteriores, Vigil regresa para unir una investigación criminal con la actualidad política, ofreciendo al espectador los elementos clásicos del género con hechos que nos rodean en nuestro día a día. Y así, como dice uno de los personajes, construye un relato sobre «la última fiebre del oro del mundo y nosotros seremos la ciudad fronteriza».


Rose Leslie y Suranne Jones en una imagen de Vigil: conspiración en el Ártico.


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Porque a los grandes actores de esta historia, Rusia, la UE y China, se unen los minerales raros que solo se pueden encontrar en lugares como el Ártico, los activistas contra el cambio climático y la fragilidad de las relaciones internacionales, que se puede quebrar con la más pequeña de las crisis. Y aunque, tal vez, esta no sea la mejor de las tres entregas de la producción británica, hace que el espectador se sienta interesado gracias a su cercanía con la realidad.

Seis episodios que nos mantienen pegados a la pantalla y que son perfectos para dejarse llevar en una de estas tardes, quizá no tan otoñales como nos gustaría pero que piden un momento de desconexión para dejarse atrapar por una miniserie británica, un género con denominación de origen que siempre resulta interesante.

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