Diego Rueda


Diego Rueda


«Cuando eres realmente feliz, eres capaz de perdonar muchas cosas». Quizás sea una de las citas de Diana de Gales que mejor define cómo fue la princesa del pueblo y por qué hoy en día sigue despertando una fascinación intergeneracional asombrosa, casi tres décadas después de su muerte. Su imagen pública estaba marcada por el estilo y el carisma, pero Diana también fue una de las figuras humanitarias más relevantes de finales del siglo XX. Sin embargo, deberíamos detenernos a observar la distancia entre la mujer que conocía el mundo y la persona que conocían sus familiares. ¿Quién era Diana cuando desaparecían las cámaras?

Quizás sea una de las premisas más interesantes de El canto del cisne. Diana, mi hermana, de Charles Spencer, publicado por la editorial Plaza & Janés. El hermano reconstruye la vida que compartieron y los últimos días de la princesa, pero también cómo vivió en primera persona la noticia de su muerte. La importancia de este testimonio reside en contar cómo era la intimidad de la princesa de Gales desde su infancia. El libro, sin duda alguna, es una revelación intimista que nos acerca a una faceta menos conocida de su personalidad.

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No cabe duda de que la relación entre los hermanos era especial e incondicional, tal como se refleja a lo largo del ejemplar. De hecho, llaman la atención los apodos privados y tan cariñosos que se tenían entre ellos: «Duch», para Diana, por su comportamiento lleno de elegancia y gracia, y «Carlos», como le llamaba la propia princesa en español, como muestra de su amor fraternal, algo curioso cuanto menos. Aunque no todo fue de color de rosa en su infancia, algunos momentos amargos pudieron nublar la personalidad de ambos.

Esta infancia compartida tuvo como escenario la finca familiar de Althorp, la experiencia de los internados y, sobre todo, el divorcio de sus padres, aunque ambos encontraron consuelo el uno en el otro, forjando un apoyo mutuo a fuego lento. Pese a todo esto, Charles Spencer recuerda a Diana con un sentido del humor extraordinario, espontánea y divertida. Ahí vemos cómo pudo ganarse el corazón de los británicos, pero también el del resto del mundo, más allá de su belleza hipnótica. Y todo ello se debía también a esa seguridad en sí misma que relata su hermano: «Diana exigía ser tenida en cuenta por la fuerza de su personalidad».

Diana de Gales, el cisne detrás del icono

Charles Spencer nos retrata a una Diana de Gales divertida y poco convencional, pero, sobre todo, de carácter alegre, más allá de la imagen que se vendió al mundo de «una mujer desdichada». De hecho, su hermano no duda en demostrar la importancia que le daba a ser una persona real, con cambios de humor y sus propias contradicciones. Porque, a fin de cuentas, la diferencia entre la adolescente que empezaba a descubrirse y la mujer que conoció Charles no era la misma que existía con respecto a la persona pública que se movía en un escenario complicado como el de la familia real británica.


El canto del cisne. Diana, mi hermana, de Charles Spencer.


PLAZA & JANÉS

No cabe duda de que la perspectiva de Charles Spencer puede haber sido como un dardo venenoso para una de las instituciones más sólidas de las monarquías europeas, sobre todo frente a las numerosas biografías que han intentado explicar la vida de su hermana con un éxito abrumador. Pero hay un momento que marca la diferencia y revela qué quiere conseguir el hermano de la princesa del pueblo: «Contar la verdad sobre Diana desde la perspectiva de un hermano, igual que intenté hacerlo cuando hablé en su funeral. Como ocurrió con mi panegírico, quiero hablar en nombre de Diana y hacerlo de un modo abiertamente positivo».

Uno de los momentos más dolorosos fue la noche del 31 de agosto de 1997, cuando se conoció el fallecimiento de Diana en París. Pero, más allá de ese duro trance, Charles Spencer recuerda la llamada del actual rey Carlos III a su hermano, en la que relata: «Parecía eufórico, como si le hubiera tocado la lotería. Sospecho que la primera reacción del príncipe debió de ser pensar más bien en cómo este suceso le permitiría casarse con la mujer a la que amaba, en lugar de lamentar la pérdida de alguien a quien no amaba».


La princesa de Diana de Gales disfrutando de la infancia de su hijo, el príncipe de Harry.


GTRES


No olvidemos que, para Charles, Diana era la hermana que existía detrás de la princesa. Todo cambió cuando se convirtió en un icono mundial, pero no su personalidad. Su empatía hacia las personas más vulnerables y su compromiso social con quienes vivían al margen de la sociedad marcaron un antes y un después para la Corona británica. Al igual que su papel como madre de William y Harry, una dimensión fundamental de su identidad. De hecho, Charles Spencer relata a la perfección el contraste entre la figura pública que parecía pertenecer al mundo entero y la mujer que su familia seguía viendo como hermana e hija.

La hermana que el mundo nunca conoció

El deterioro de su matrimonio y la creciente presión de la prensa supusieron una profunda exposición de su intimidad. A ello se sumaron comentarios tan deplorables como el de Carlos de Inglaterra: «Vaya, ¿no estás un poco gordita por aquí?». Diana padecía bulimia y eso fue devastador para ella. «Más tarde me contaría que su cintura se redujo de 29 a 23½ pulgadas [de 76,6 a 59,69 cm] entre su compromiso y su boda». Por este motivo, la mirada del conde Spencer tiene un valor incalculable: ha podido retratar ese canto del cisne de su querida hermana, pero esta vez desde dentro.


Diana de Gales junto a su hermano, Charles Spencer, en una imagen de archivo.


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«Ten por seguro que la olvidaremos muy pronto». La muerte de Diana, en agosto de 1997, fue uno de los momentos más duros, sobre todo por los supuestos comentarios de Carlos hacia el hermano de Diana, todo ello en medio de la celebración de un controvertido funeral en el que la reina Isabel II no tuvo más remedio que agachar la cabeza. Las tensiones vividas en las calles londinenses durante el recorrido del féretro fueron duras, pero necesarias para entender la complejidad del matrimonio de la princesa de Gales hasta su fatal desenlace.


Diana de Gales, un icono de estilo y humanitario.


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En definitiva, la voluntad de preservar la memoria de su hermana desde una perspectiva personal, sin reducirla a la frivolidad de su fama y a su triste final, hace que El canto del cisne. Diana, mi hermana, sea toda una oda al descubrimiento del lado más personal de uno de los personajes más relevantes de los últimos tiempos, desde una perspectiva única. La Diana más desconocida no es la que escondía secretos, sino la mujer cotidiana que existía detrás de un personaje público.

«Diana era la esencia misma de la compasión, del sentido del deber, del estilo y la belleza. Una abanderada de los derechos de los verdaderamente oprimidos, una chica muy británica que trascendió la nacionalidad. Demostró en sus últimos años que no necesitaba ningún título monárquico para seguir obrando su particular magia». Así definió Charles Spencer a su querida hermana en su discurso fúnebre, una declaración de amor que perdurará por siempre. Aunque debamos reflexionar tras esta lectura: ¿cuánto podemos llegar a conocer realmente a una mujer cuya vida pareció pertenecer al mundo entero?

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