Una pared encalada con flores en macetas, calles estrechas de trazado laberíntico y la promesa del mar. Podría ser Frigiliana, pero es Mijas. En esta ocasión, no ponemos rumbo a la Axarquía malagueña, sino a la Algarbía, que es como llamaban los árabes a este oriente y occidente, respectivamente. En este caso, la Algarbía sería la Costa del Sol prototípica; es decir, la de Torremolinos, Benalmádena, Fuengirola o Marbella. Esa que se convirtió en destino turístico internacional en los años cincuenta, animada por la presencia de Grace Kelly, Marlon Brando, Frank Sinatra o Brigitte Bardot.
En realidad, hay tres Mijas en uno. Está el Mijas pueblo propiamente dicho, haciendo equilibrios en la ladera de la sierra de Mijas, que llega a los 1.150 metros. Está el Mijas costa, que se conoce como Las Lagunas. Y está La Cala, núcleo central de los doce kilómetros de litoral que tiene el municipio. El primero y principal, por ser el originario, fue declarado ya a finales de los años sesenta conjunto histórico-artístico, dada su belleza y la manera en que se ha conservado con el paso del tiempo.
Mijas es un típico pueblo andaluz, como puede ser Olvera en Cádiz o Parauta en la misma Málaga. Cuenta con una iglesia en la parte más alta, dedicada a la Inmaculada Concepción y levantada sobre las ruinas de la antigua mezquita, de la que se aprovechó la torre mudéjar; con la pequeña y encantadora ermita de San Sebastián, y con otra también blanca blanquísima, la de Nuestra Señora de los Remedios, en la coqueta plaza de los Siete Caños, llamada así por su fuente dieciochesca.
Qué ver en Mijas
Además, no hay que perderse el Parque de la Muralla, el jardín botánico construido en el terreno donde estuvo la vieja muralla, con un privilegiado mirador. Ni el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), que atesora la segunda colección de cerámica de Picasso más importante del mundo, después de la del Museo Picasso de París. Y no es el único artista representado. También están Dalí, a quien buscamos por estos tres pueblos de Girona, Braque o Miró.
La ermita de Nuestra Señora de los Remedios está en la plazuela de los Siete Caños.
ARENDA VERMEULEN/PEXELS
El CAC Mijas, gestionado por la Fundación Remedios Medina, está ubicado en dos casas del siglo XIX que fueron cedidas por el Ayuntamiento para este fin. Se suma la Casa Museo de la Villa, un museo histórico-etnológico, y otro que no tiene nada que ver ni con este ni con aquel y que hará las delicias de los cazadores de curiosidades. Se trata del Museo de Miniaturas, conocido como Carromato de Max, donde se pueden encontrar piezas tan rocambolescas como un retrato de Abraham Lincoln en pintura sobre la cabeza de un alfiler o La última cena, de Leonardo da Vinci, en un grano de arroz.
La polémica de los burros-taxi
Seguimos en Mijas pueblo, famoso por sus burros-taxi, que traen de cabeza a las organizaciones animalistas, que denuncian de manera continuada las condiciones de vida de estos animales. Sin embargo, los vecinos y visitantes defienden este servicio por considerarlo parte de la tradición y por ser ya un icono cultural de la localidad. Tienen hasta su propio aparcamiento, con capacidad para los 60 que integran este curioso parque móvil, más ocho carruajes, el otro medio de transporte turístico.
Mijas destaca por su blancura en la verde sierra.
OLAF TAUSCH/WIKIPEDIA
Pese a la proximidad a la costa, este pueblo no deja de ser serrano. Y ahí está su gracia, que no hay que sumirse en el clásico quebradero de cabeza mar o montaña. El propio Mijas no lo hace. En Las Lagunas, ya al pie del Mediterráneo, están las instalaciones deportivas y culturales, abanderadas estas últimas por el teatro-auditorio que lleva su nombre, obra del arquitecto José Seguí. Mientras que en La Cala se respira ambiente pesquero y marinero. Ahí está una de las más importantes torres vigías mijeñas, el Torreón de la Cala, que oficia como Centro de Interpretación de las Torres Vigías.
Se puede ir descubriendo torre a torre por la Senda Litoral, eje vertebrador de la Costa del Sol, de playa en playa, pasando igualmente por dunas, arenales y rincones desde donde avistar aves marinas o cetáceos. Todo ello a lo largo de siete kilómetros. La playa de Calahonda combina zonas urbanizadas con otras vírgenes, y chiringuitos con exuberante vegetación. A su lado, la del Charcón ofrece el lado más virginal de Mijas. La del Bombo es perfecta para los amantes del submarinismo. La del Faro de Calaburras es un auténtico paraíso, igual que la de La Luna. Y la de la Butibamba atrae al personal con su arena dorada en pleno paseo marítimo. Hay muchas más.
Dónde comer y qué comprar
Además de su condición de pueblo blanco anclado en la sierra y su proximidad al mar, Mijas se hace grande también por su artesanía. Aquí se trabaja el esparto, el mimbre, el repujado en plata o la taracea. De hecho, hay una Asociación de Artesanos de Mijas y una ruta que recorre sus talleres. Desde Angulo Ceramic Art, el taller de José Angulo Jerez, que hace murales de azulejos, hasta el Centro de Recuperación Artesanal, de Lourdes Díaz, centrado en la talabartería. Pasando por la bisutería y marroquinería de Liana Popa o la espartería de Sonia Lekuona en Musketa.
La Bodega del Pintor le pone el toque de azul al blanco Mijas.
RAFAEL HOYOS/UNSPLASH
Son muchos los restaurantes internacionales, dada lo cosmopolita que es su población, pero también los que siguen sirviendo la cocina local. Esto es, el salmorejo, el gazpachuelo, la sopa de maimones, la ensalada mijeña o el ajoblanco. Entre los dulces, se ponen en primera línea los buñuelos, las garrapiñadas y los hornazos. En Mijas pueblo se puede ir a Pampa Tablas y Tapas, a Koco Bistro, a Oscars Tapas Bar, a La Bodega del Pintor o al ecléctico Tomillo Limón. En la Cala, al sofisticado Figaro Restaurant, al Cyrano Bar & Grill o a El Cortijillo. Sin dejar de (ad)mirar la blancura de Mijas y el mar.












