Ángeles Castillo

Vaya por delante que Lagartera, en Toledo, es el pueblo del famoso y reconocido interiorista Tomás Alía, que es hijo de la bordadora Pepita Alía (1930-2024). Tan poco y ya está dicho casi todo. Al diseñador se le concedió en 2021 la Medalla al Mérito Artesano de Castilla-La Mancha, y con razón. Ha elevado la artesanía a las alturas del diseño contemporáneo. Como miembro fundador de la Asociación Contemporánea de Artes y Oficios y como gran embajador de las labores artesanas de Lagartera. Estudió Diseño de Interiores, pero esta pasión la mamó en casa.

Se sabe que en el siglo XVI había aquí una escuela de bordadoras de prestigio. Y que, pasado el tiempo, Sorolla mostró el fruto de su trabajo en el mural Regiones de España, que le ha había encargado la Hispanic Society of America. En Nueva York, nada menos, se podía ver a los lagarteranos con sus trajes tradicionales. Y de NY al mundo. No faltaba mucho para que Josefa Alía y otras mujeres se pusieran a la tarea de confeccionar ropa de cama y mesa. Con tanto éxito que el Gobierno español les encargó en 1961 una mantelería para regarle a la reina Juliana de los Países Bajos. Un trabajo que le valió a Pepita el título de proveedora de Su Alteza Real, y ya todo fueron parabienes.

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Para comprobar in situ el nivel artístico y estético que ha alcanzado el bordado lagarterano, hay que ir a la fiesta del Corpus Christi, entre mayo y junio, que es cuando se muestra en toda su belleza y esplendor. Quien dice bordado dice labrado, que también hay labranderas (transforman la tela). Con motivo de esta Fiesta de Interés Turístico Regional, Lagartera se viste con los tesoros textiles salidos de las arcas de madera, que adornan los altares a las puertas de las casas. Mientras, los y las lagarteranas desfilan con fabulosos trajes confeccionados a mano, suena la música tradicional y todo se inunda del aroma del tomillo o el hinojo, recolectados previamente para alfombrar el paso de la Custodia.

Qué ver en Lagartera

La procesión, que se celebra desde 1590, va desvelando el patrimonio arquitectónico de Lagartera. Sale de la iglesia del Salvador, del siglo XV, con elementos del gótico tardío y el barroco, con dirección a la Corredera de los Toros, antaño para los festejos taurinos y donde hoy se alza la escultura dedicada a la artesanía textil. Sigue por las calles que lucen la arquitectura tradicional de la comarca de la Campana de Oropesa, que engloba los municipios entre el Tiétar y el Tajo, entre las faldas de la sierra de Gredos y el valle de este último río. Pasa por la plaza de la Constitución, antes llamada plaza del Comercio, y vuelve al templo.


Lagartera tiene mucho arte, y no solo en el Corpus Christi.


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Habría que sumar la ermita de los Santos Mártires, probablemente de la segunda mitad del siglo XVI. Así también el Calvario, un vía crucis con cruces en piedra (s. XVIII) que comienza cuando terminan las casas del pueblo y va ascendiendo de forma escalonada hasta un cerro coronado por lo que los lugareños llaman la Casita del Santo, que representa la resurrección de Cristo. Las vistas, hacia Gredos y otras sierras, son extraordinarias.

El traje de Lagartera es tan antiguo que lleva aparejado un vocabulario de lo más rico que nos remite a época medieval. Así se habla de andilgue, jugón, alforda, crucetas, cuendas, ruedo y demás. Se compone de enaguas, medias de estambre, guardapieses, mandil y los más sofisticados atavíos. Todo está a la vista, más allá del Corpus Christi, en el Museo Marcial Moreno Pascual, que no podía ser más lagarterano.

Los bordados y un pintor único

Para empezar, este museo municipal está ubicado en una casa de labradores de principios de siglo XX, de la que se ha respetado la antigua estructura, a pesar de introducir modificaciones para adecuarla a su uso expositivo. Entre sus muros, hay espacio para la obra del pintor que le da nombre y para los bordados. Alrededor de estos últimos se organizan un sinfín de actividades, incluidas las «charlas sobre el buen vestir», con modelos reales en vivo para mostrar cada detalle de cada traje, sea de novia y de novio, de trapillo, de ras, de diario, de domingo o de niño. En colaboración con la Asociación Amigas del Traje de Lagartera.


En la Corredera se halla una escultura dedicada al traje típico y los bordados.


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Marcial Moreno nació aquí en 1911 y murió en Manhattan en 1983, dos puntos geográficos separados por un océano que resumen lo que fue su vida. De vocación artística temprana, expuso con 22 años en el Salón de Otoño de Madrid, en el Palacio del Retiro. En concreto, sus obras Ofrenda de boda y Descanso al atardecer. Entonces, dejó a los críticos con la boca abierta al enterarse de que el autor era un pastor sin formación. Moreno nunca dejó de pintar los fabulosos trajes lagarteranos, ni de retratar el mundo rural, aunque en 1951 cruzó el charco y se instaló ya para siempre en Nueva York. Puro costumbrismo español del siglo XX.

Dónde comprar artesanía lagarterana

Precisamente, con septiembre llegan las Jornadas Vivencias en Tiempo de Marcial, en las que Lagartera «vuelve a mirar a su pasado para mantener viva su memoria y sus tradiciones», como subrayan sus organizadores. Este año, del 18 al 20 de septiembre, hay charlas, exposiciones y múltiples talleres: de peinados de moño de picaporte, de fieltro, de zambomba, de pintar azulejos o de jotas. No falta la comida popular, ni las representaciones, ni la música. Siempre con la indumentaria y la pintura de Marcial Moreno en el centro.


La plaza de la Constitución es el centro histórico y social de este pueblo toledano.


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La artesanía textil de este pueblo, que queda a solo una hora y media de Madrid, se puede adquirir en cualquiera de las empresas familiares que han seguido con mimo y esfuerzo la tradición. Por ejemplo, Artesanía Rocío Lozano, desde 1915 y regentada por la tercera generación, tiene a la venta cojines, colchas, mantelerías o cortinas. Artesanía Nava, desde 1988, está especializada en mantones, que han reinventado desde Juan Duyos hasta Dominnico pasando por Johanna Ortiz. Y Paloma Suela trabaja todo tipo de textil, hasta mochilas. Todas, como era de imaginar, lo bordan.

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