Si el contrato millonario que unió durante unos años al productor Ryan Murphy y a Netflix dio como fruto un éxito, ese fue sin duda Monstruo. La serie sobre Jeffrey Dahmer luego dio pie a una antología sobre asesinos en serie cuyos responsables mantienen que se cimenta sobre una cuestión: ¿Los monstruos se hacen o nacen? Y en la búsqueda de la respuesta llegamos a su cuarta temporada, centrada en la famosa Lizzie Borden.
Esta historia no solo se distingue de las anteriores (las de Dahmer, los hermanos Lyle y Erik Menéndez y Ed Gein) en que es la primera sobre una mujer, sino que tiene otra diferencia sustancial: es la primera vez que Monstruo aborda un caso sin resolver. No, no se sabe si Lizzie Borden es una asesina y, por tanto, un monstruo como señala el título de la serie, que ha aterrizado hoy en Netflix con esta tanda de episodios.
4 de agosto de 1892. Era una calurosa mañana de verano en Fall River, Massachusetts, cuando se produjo el crimen, todavía hoy sin resolver. Las víctimas: Andrew Jackson Borden, padre de la protagonista de la serie, de 69 años, y la que entonces era su segunda esposa, Abby Durfee Gray Borden, de 64. A ambos se les arrebató la vida con un objeto afilado, posiblemente un hacha, con el que se asestaron varios golpes.
La asesina del hacha
Aunque el mito de Lizzie Borden estaría ligado al calificativo de «la asesina del hacha», el arma del crimen nunca se encontró. El imaginario colectivo la identifica con un hacha de grandes dimensiones, aunque las heridas realmente señalaban que, en todo caso, sería una pequeña que podía sujetarse con una sola mano. Y aunque había una popular cancioncilla que decía que recibieron 40 y 41 hachazos, fueron muchos menos.
Ella Beatty y Viky Krieps en una imagen de Monstruo: la historia de Lizzie Borden.
Netflix
Quienquiera que matase a los Borden, atacó primero a Abby, ya que esa mañana Andrew había salido a hacer unos recados al banco y la oficina de correos. En la casa solo estaban, además de la víctima, Lizzie Borden, que tenía 32 años por entonces, y la sirvienta, Bridgette Sullivan. La otra hermana, mayor que Lizzie, Emma, estaba de vacaciones. Cuando regresó a casa, Andrew fue asesinado y media hora después su hija llamó a la policía. Bridgette sostuvo que ella había estado descansando en su habitación y que fueron los gritos de Lizzie lo que la alertaron cuando ya habían sucedido los asesinatos.
Sobre el posible móvil del crimen hay, por supuesto, varias teorías. Una señala a una cuestión de dinero: Andrew era tacaño, especialmente con sus hijas, a las que no daba apenas comodidades. Ni siquiera había agua caliente e, incluso, Andrew y Abby tenían usaban unas escaleras diferentes para acceder al primer piso que las hijas. Ellas, parece ser, se sentían desplazadas. Además, esos días estaba en casa (aunque no en el momento del crimen) el tío materno de las Borden, John Vinnicum Morse, para llegar a un acuerdo respecto a la herencia de su hermana.
Otra teoría, explorada por primera vez en la novela Lizzie de 1984, escrita por Ed McBain, señalaría que Lizzie Borden era lesbiana y tenía un romance con la criada. Algunos, incluso, señalaban a esta como instigadora del asesinato que habría cometido la hija.
Un juicio que no resolvió el caso
Lizzie Borden no fue, de primeras, considerada como sospechosa del doble homicidio, pero hubo dos factores que influyeron en esta percepción: por un lado, que cambió su versión de los hechos y se mostró poco coherente; por otro, las declaraciones de un farmacéutico del pueblo. Este dijo que Lizzie intentó comprar ácido prúsico supuestamente para limpiar un abrigo de piel pero, días antes, Abby había ido a su local diciendo que estaba enferma por comer algo en mal estado y que sospechaba que la podían haber envenenado. El farmacéutico sospechó que el ácido era para eso y no se lo vendió a Lizzie.
Ella Beatty en una imagen del primer episodio de Monstruo: la historia de Lizzie Borden.
Netflix
El 11 de agosto, Lizzie Borden es detenida y encarcelada a la espera de un juicio que tendría lugar al año siguiente. Sin embargo, sin arma homicida (se encontró en el sótano un hacha, pero no tenía sangre) ni ropa machada, con la declaración del farmacéutico desestimada y sin otras pruebas, la mujer no pudo ser declarada culpable. También se dice que contrató a un buen bufete de abogados que la aconsejó presentarse ante el jurado como «una doncella indefensa» con un traje negro, para proyectar la imagen de que sería incapaz de tal atrocidad, ni por fuerza ni por caracter.
La falta de resolución del caso configuró, entonces, el mito de Lizzie Borden que llega hasta nuestros días con la miniserie de Netflix, pero habían pasado antes por otras versiones tanto literarias como audiovisuales (destacan el libro La matanza a hachazos en Fall River de Angela Carter o las películas protagonizadas por Elizabeth Montgomery, Christina Ricci y Chloe Sevigny en 1975, 2014 y 2018 respectivamente). Y no solo eso, la fascinación por la historia ha convertido la casa donde aconteció el crimen en lugar de peregrinaje: puedes reservar un tour de una hora por 30 dólares o pasar la noche allí por 125. «La casa más embrujada de Estados Unidos», reza su web.











