Patricia Martín

Hoy en día tenemos una oferta de conciertos enorme -a veces casi inabarcable- y en ocasiones esto hace que resulte dificil emocionarte con un show. Parece que lo hemos visto todo y que nuestra capacidad de sorpresa cada vez es más dificil de satisfacer, por eso es importante seguir acudiendo a directos de músicos que te hacen sentir que estas viviendo algo especial. Y Leiva es uno de ellos.

El músico madrileño ha arrancado en Madrid la recta final del Tour Gigante, una gira que le lleva a cerrar esta etapa con cuatro conciertos en el Movistar Arena. El de ayer fue el primero y, aunque muchas de las canciones que sonaron forman parte de un repertorio que conocemos de sobra, volvió a demostrar que todavía se puede salir de un concierto con la sensación de haber vivido algo que merece la pena recordar.

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También tiene mérito hacerlo cuando llevas tantos años sobre los escenarios. Leiva ya sabe perfectamente cómo funciona un gran show, pero no parece haber perdido la curiosidad ni las ganas de seguir encontrando nuevas formas de llevar sus canciones al directo. Y eso se nota en una gira en la que conviven los temas de su último disco con canciones que llevan muchos años formando parte de su historia.

El acierto de la banda

El concierto empezó con el tema Bajo presión, después de una cuenta atrás que dio paso a Leiva y a una banda que es, sin duda, una de las grandes responsables de que el espectáculo funcione como lo hace. Sobre el escenario, los músicos ocupan una plataforma acompañada por grandes luces laterales que cambian con cada canción, mientras Leiva, con su traje de lunares y su inseparable sombrero, se sitúa en el centro.

No tarda demasiado en quedar claro que aquí la música está por encima de todo.Cuarenta Mil, una de las incorporaciones de este tramo final de la gira, da paso a La lluvia en los zapatos y después a Gigante, con esos solos de guitarra que van conectando unas canciones con otras, donde la banda se luce.

Saxofón, bajo, guitarras, batería, trombón y maracas. No hace falta mucho más para entender por qué este concierto suena como suena. Leiva está muy bien acompañado y eso permite que las canciones crezcan sin perder lo que las hace reconocibles. Hay rock, hay momentos más cercanos al funk y hay espacio para que los músicos jueguen entre ellos, pero todo sigue teniendo la misma identidad que le caracteriza.


Leiva en el primer concierto del fin de gira del Tour Gigante en Madrid


GTRES


En un momento del concierto, Leiva reconoció que estaba más nervioso de lo habitual. Después de más de un año y medio de gira y de tantos escenarios a sus espaldas, podría parecer extraño, pero él mismo explicó que cada año aumentan los nervios, la ilusión, el compromiso y la responsabilidad. «En experiencia nos gana cualquiera, en ilusión no nos gana nadie«, dijo ante un público que respondió con una gran ovación.

El repertorio también es excelente. El Tour Gigante está planteado alrededor de su último disco, pero la gira permite viajar constantemente hacia atrás. Breaking Bad cambió de posición respecto al setlist habitual y El polvo de los días raros volvió a demostrar el peso que tiene la guitarra en este directo. También hubo tiempo para temas como Sincericidio, Ángulo muerto, Shock, Adrenalina o Flecha, antes de llegar a uno de los momentos más emocionantes de la noche.

Una canción inédita y un homenaje especial

Leiva había pedido a su público que se aprendiera un fragmento de los coros de una canción inédita que quiere incluir en su próximo disco, con la idea de grabarlos durante estos cuatro conciertos de Madrid. Ayer llegó el momento: miles de personas cantaron su parte y sus voces quedaron registradas para formar parte del tema. Pero antes, Leiva hizo una petición poco habitual: que nadie grabara la canción completa que estaba a punto de interpretar. Quería cantarla allí, delante de quienes habían ido al concierto, y que ese momento se quedara entre el público y él hasta que llegue el momento de publicarla.

Y el público respetó la petición. Durante unos minutos, el Movistar Arena dejó los teléfonos a un lado y se limitó a escuchar. En una época en la que prácticamente todo lo que ocurre en un concierto termina grabado y compartido, conseguir que 15.000 personas decidan simplemente estar presentes fue un auténtico regalo.

La emoción continuó poco después con uno de los momentos más personales del concierto: el homenaje a Robe Iniesta. Leiva volvió a interpretar El hombre pájaro, después de haberlo hecho ya este verano en el festival Sonorama, y lo hizo con una guitarra en la que llevaba el nombre de Robe grabado en la madera.

Antes de cantar, quiso dedicar unas palabras al que fue uno de sus grandes amigos. Robe tenía la capacidad de coger una maraña de acordes y elementos especialmente complejos y conseguir que todo sonara sencillo. «Esa es la diferencia entre los que hacemos música y los genios«, explicó Leiva. La frase resume bastante bien la admiración que siente por quien también fue su amigo y con quien compartió ‘Caída libre’, una colaboración publicada en 2025 y especialmente significativa teniendo en cuenta lo poco habitual que era que Robe participase en canciones de otros artistas.

Y llegó la recta final del concierto – y una de las más esperadas- cuando apareció con más fuerza el pasado de Leiva. Pienso en aquella tarde dio paso a No te preocupes por mí, pero fueron Estrella polar y Lady Madrid las que terminaron de convertir el Movistar Arena en un gran karaoke. Es inevitable que las canciones de Pereza tengan una respuesta diferente. Han pasado muchos años desde que Leiva y Rubén Pozo compartían escenario, pero hay temas que siguen formando parte de la memoria musical de quienes estaban ayer en el recinto. Y Leiva no reniega de esa parte de su historia. La incorpora a su repertorio y deja que conviva con las canciones de su carrera en solitario.

El último tramo llegó con Caída libre y Como si fueras a morir mañana, antes de que Princesas apareciera para cerrar el concierto. La canción llevaba tiempo fuera del setlist de esta gira y regresó precisamente para poner el punto final a la primera de estas cuatro noches madrileñas. Un cierre a la altura de un concierto sobresaliente.

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