Cuando termina la jornada escolar, para muchos estudiantes de las escuelas municipales el día todavía no concluye. Más de 70 alumnos y alumnas de quinto y sexto grado vuelven a reunirse por decisión propia para participar en los talleres de entrenamiento para la Olimpíada Matemática Ñandú.

Los encuentros se realizan semanalmente en la Plaza Cielo Tierra y son impulsados por el Equipo Olímpico Municipal, en articulación con la Supervisión Escolar. La iniciativa comenzó en abril para acompañar a quienes representarán al sistema educativo municipal en la competencia, pero rápidamente se convirtió en un espacio donde aprender Matemática también es una elección.

«Que los estudiantes elijan participar de manera voluntaria es un placer porque ellos no están obligados. Vienen fuera del horario de clases con ganas de aprender y nunca dejaron de asistir a sus clases habituales; todo lo contrario, llegan con más energía», explica Nora Beneitez, integrante del Equipo Olímpico Municipal.

La propuesta surgió a partir de una necesidad detectada por el equipo docente durante las distintas instancias de la Olimpíada Matemática Ñandú. Allí observaron que muchas escuelas contaban con entrenamientos específicos y acompañamiento extracurricular para sus estudiantes. Frente a esa realidad, el Sistema Educativo Municipal decidió crear un espacio gratuito y voluntario para que los alumnos pudieran desarrollar al máximo su potencial.

En cada encuentro, los participantes resuelven problemas de geometría, aritmética y razonamiento lógico, intercambian estrategias y aprenden a fundamentar sus procedimientos. Más allá de la preparación para una competencia, fortalecen habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad, la perseverancia y el trabajo colaborativo.

«Me gusta seguir aprendiendo Matemática fuera del horario de clases porque es una de las cosas que más amo», cuenta Aranza Carrizo de la escuela Luz Vieira Méndez. «Estos entrenamientos me preparan para las olimpíadas porque los problemas que no entiendo me los explican con facilidad», agregó.

Por su parte, Esteban Ceballos, de la Escuela Carlos Ordóñez, señaló: «Antes me costaban las fracciones y ahora me salen fácilmente gracias a los entrenamientos. Lo que más disfruto es poder seguir aprendiendo más de lo que ya sé».

«Desde que empecé a entrenar cambió mi conocimiento y aprendí a enriquecer mi vocabulario matemático», expresó Ian Rivarola Funes, estudiante de la Escuela Julio González.

El impacto de los talleres también alcanza a las familias. «La Matemática deja de ser el cuco. Los desafíos llegan a las casas, los chicos los comparten con sus familias y empiezan a descubrir que aprender también puede ser un juego. Siempre digo que la Olimpíada abre puertas, no solo para el estudiante, sino también para la familia», sostuvo Nora Beneitez.

Una de las madres destaca que los entrenamientos ayudaron a su hijo no solo a mejorar en Matemática, sino también en lo social. «Desarrolló el aprendizaje de la materia, pero también ganó confianza para relacionarse con otros».

Desde el Equipo Olímpico sostienen que estos espacios abren nuevas oportunidades para los estudiantes. Además de prepararlos para la competencia, fortalecen su autoestima, amplían sus horizontes educativos y les permiten descubrir que la Matemática también puede ser un lugar de encuentro, juego y crecimiento compartido.