«Es un hombre orgulloso y desagradable. No vale la pena complacerlo», ya lo dijo Jane Austen en Orgullo y prejuicio. Cuando nos dejamos seducir por una novela, buscamos protagonistas masculinos con un arquetipo muy concreto: atractivo, popular, rico y deportista. Sin embargo, tras esa aparente perfección que transmite únicamente mediante la superficialidad, mayor es el desorden emocional que esconde. Así nace el contraste como mecanismo fundamental de la literatura romántica.
¿Cuál es el escenario perfecto para estos personajes? El campus universitario o un instituto de Los Ángeles como en Los Destrozos, de Bret Easton Ellis, adaptada como serie de televisión para Disney+. Todo este entorno se consolida con fiestas en fraternidades y equipos deportivos —incluso poniendo de moda deportes minoritarios como el hockey—. La universidad es como un espacio de libertad donde los personajes se reinventan lejos de su familia, dando pie a quienes son en realidad.
Asimismo, para que la trama funcione, debe tener ciertos ingredientes que parecen las fórmulas perfectas de la literatura romántica, desde el enemies to lovers hasta el friends to lovers, y otros tropos recurrentes. Estos conflictos son los que nos mantienen en vilo mientras leemos, pese a saber que al final el amor triunfa, pero a sabiendas de que tendrán que sufrir perdiendo lo que más quieren para llegar a ese cierre feliz.
Estos códigos han creado fenómenos para la comunidad lectora, y Off-Campus, de Elle Kennedy, ha sido uno de los grandes referentes del romance universitario actual. Aunque también Save, la trilogía que pasó a la pequeña pantalla como Maxton Hall, de Mona Kasten. Incluso, si queremos pasarnos al dark academia, el referente es El secreto, de Donna Tartt, donde el elitismo y los clásicos griegos son solo el principio de algo que va más allá.
El lujo de vivir una vida que no es la nuestra
Quizás cuando leemos buscamos una evasión total de nuestra vida, para crear un componente fantasioso, donde las grandes mansiones y el dinero mezclado con privilegios son parte del ADN que nos ayuda a desconectar de los problemas más mundanos. Básicamente, el romance no es el único atractivo de la lectura, sino poder introducirnos en la burbuja social que puede parecer inaccesible a ojo de cualquier persona corriente. Por ello, la novela funciona como forma de escapismo.
La serie de televisión ‘Maxton Hall’, adaptación de la trilogía Save, de Mona Kasten.
PRIME VIDEO
De hecho, uno de los elementos que más cautiva al lector es el trauma como mecanismo de humanización, tomándolo para que el protagonista logre una madurez y una transición hacia «una mejor versión de sí mismo». El rol masculino puede tener dinero, físico y popularidad, pero necesita que el personaje femenino le salve emocionalmente para comenzar un nuevo capítulo en su vida. Esta vulnerabilidad convierte aparentemente al personaje más inalcanzable, pero también deseable.
Los protagonistas de la adaptación de Kiss Me (Off-Campus), de Elle Kennedy.
PRIME VIDEO
Y sí, la protagonista femenina tiene una función dentro de esta fantasía, que va más allá de enamorarse del chico malo. Muchas veces, no pertenece inicialmente a ese mundo superior, pero sí será la encargada de ver las heridas de su nuevo amado para lograr una historia llena de sacrificios. El romance, sin embargo, funciona como la puerta de entrada a un mundo de lujos, pero también como una reivindicación de su propio valor. Todo ello, mientras los protagonistas hacen como que estudian y aprueban con buenas notas la universidad, surrealista, ¿verdad?
La serie de televisión ‘The Shards’, adaptación de la novela de Bret Easton Ellis.
DISNEY +
Por este motivo, las sagas y personajes secundarios juegan papeles fundamentales, porque podemos seguir de cerca otros acontecimientos dentro del mismo universo, donde hay múltiples conexiones. Al final, este tipo de lectura hace que la adicción vaya en crescendo. A fin de cuentas, el lector termina desarrollando una relación sentimental ficticia con cada uno de los personajes y no quiere parar de leer sobre el mismo mundo.
Cuando el drama también forma parte del deseo
Pero, ¿por qué seguimos leyendo historias donde los protagonistas toman decisiones desastrosas? Este conflicto es un reflejo de nuestras situaciones más cotidianas, donde experimentamos celos, ruptura y deseo desde una distancia segura, donde nosotros solo somos meros espectadores. Y hay que tener en cuenta que la literatura romántica no promete relaciones perfectas, sino emociones intensas que consiguen mantenerte toda la noche en vela —por buena causa, claro está—.
En definitiva, queremos personajes que lo tengan todo, pero que tengan sus propios fantasmas del pasado. El dinero y la belleza construyen la fantasía que nos hace soñar, mientras que el caos emocional construye una historia adictiva sin precedentes. Por esto mismo, el universitario guapo y rico es el arquetipo infalible dentro del romance contemporáneo, para todo tipo de públicos. Entonces, ¿seguimos enamorándonos de estos personajes porque queremos vivir su vida o porque necesitamos comprobar que incluso quienes parecen tenerlo todo también están perdidos?












