Sandra Hernández

Abrir un tarro, cargar bolsas de la compra, girar un pomo. Gestos cotidianos que la mayoría da por sentados. Mario Muñoz, Doctor en Medicina del Deporte y director pedagógico en Fit Generation, lleva años insistiendo en que esos gestos dicen mucho más de lo que parece: «La fuerza de agarre es uno de los mejores indicadores de la salud muscular global y ha demostrado ser un predictor independiente de mortalidad cardiovascular, fragilidad y calidad de vida en edades avanzadas«. No es un dato anecdótico. Grandes estudios poblacionales lo respaldan.

La fuerza de agarre no mide solo los músculos de la mano. Refleja el estado general de la musculatura de todo el cuerpo. «Cuando una persona tiene una buena fuerza de agarre, habitualmente también tiene buena fuerza en el resto del cuerpo, mejor masa muscular y una mejor salud metabólica y cardiovascular«, explica Muñoz. Por eso se ha convertido en una de las métricas más utilizadas en medicina del envejecimiento: es rápida de medir, barata y tremendamente informativa.

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Uno de los estudios más citados es el Estudio Prospectivo Urbano Rural (PURE), publicado en The Lancet, que siguió a más de 140.000 personas en 17 países durante cuatro años. Sus resultados fueron contundentes: cada reducción de cinco kilogramos en la fuerza de agarre se asociaba con un 17% más de riesgo de muerte por cualquier causa, un 17% más de riesgo de muerte cardiovascular y un 9% más de riesgo de infarto. La fuerza de agarre predecía la mortalidad mejor que la presión arterial sistólica.

Hay una razón fisiológica detrás de esa asociación. «La pérdida de fuerza muscular, conocida como dinapenia, suele preceder y acompañar a la sarcopenia, la pérdida de masa muscular. Ambas se asocian a mayor inflamación crónica, peor sensibilidad a la insulina, mayor riesgo de caídas y fracturas, y deterioro funcional progresivo«, explica Muñoz. El músculo actúa como órgano endocrino y metabólico, y su pérdida tiene consecuencias que van mucho más allá de la debilidad física.

Por qué después de los 45 importa especialmente

A partir de los 35-40 años se inicia una pérdida progresiva de masa y fuerza muscular que se acelera después de los 50-60 si no se contrarresta con entrenamiento. «Las mujeres suelen experimentar una caída más pronunciada de la fuerza de agarre alrededor de la menopausia, probablemente relacionada con la caída de estrógenos, que tienen un papel protector sobre el tejido muscular«, señala Muñoz. Actuar antes de que esa pérdida se instale produce resultados mucho mejores que intentar recuperarla cuando ya es evidente.

¿Cómo saber si la fuerza de agarre está en un nivel saludable? El método más preciso es la dinamometría de mano, que mide la fuerza máxima de agarre en kilogramos. «En términos generales, valores por debajo de 27 kg en hombres y 16 kg en mujeres se consideran indicadores de debilidad muscular según los criterios del Grupo de Trabajo Europeo sobre Sarcopenia«, explica Muñoz. Pero incluso sin dinamómetro, señales como dificultad para abrir botes, cansancio al cargar bolsas o sensación de debilidad en las manos merecen atención.

Qué ejercicios mejoran la fuerza de agarre de forma real

El entrenamiento de fuerza general es la base. «Ejercicios como el peso muerto, las dominadas, los remos o los jalones ya trabajan de forma significativa la musculatura del antebrazo y la mano«, señala Muñoz. Pero existen ejercicios más específicos con un impacto directo sobre la fuerza de agarre: los farmer’s carry o paseos con carga, sostener pesas o mancuernas el mayor tiempo posible (dead hangs o static holds), apretar una pelota de tenis o un grip trainer, colgar de una barra y los remos con agarre neutro o supino. La progresión en estos ejercicios es fundamental.

El error más frecuente es usar straps o correas de agarre en todos los ejercicios de tracción. «Si siempre usas straps, nunca entrenas el eslabón débil que es el agarre. A veces conviene aguantar sin straps para trabajar también el agarre, aunque eso signifique usar algo menos de peso», recomienda Muñoz. Trabajar el agarre directamente dos o tres veces por semana, con progresión de carga o tiempo, produce mejoras visibles en pocas semanas.


Mario Muñoz, Doctor en Medicina del Deporte y Director Pedagógico en Fit Generation.


D.R.


¿Puede una mujer de más de 45 mejorar su fuerza de agarre de forma significativa? «Sí, absolutamente. El músculo tiene capacidad de adaptación a cualquier edad. Con un entrenamiento adecuado, progresivo y constante se puede mejorar la fuerza de agarre de forma significativa incluso en edades avanzadas«, afirma Muñoz. Mejorarla se asocia a mejor salud cardiovascular, mejor calidad de vida y menor riesgo de caídas. No es un beneficio menor.

Medir la fuerza de agarre una vez al año, igual que se mide la tensión arterial o el colesterol, puede dar información muy valiosa sobre el estado muscular y el riesgo cardiovascular. Es una métrica rápida, barata y con mucho más poder predictivo del que se le suele atribuir. Trabajarla con entrenamiento progresivo y constante es una decisión que el cuerpo agradece a partir de los 45.

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