Sandra Hernández

Cada vez que la piel se expone al sol, ocurre algo invisible pero real. La radiación ultravioleta genera radicales libres que dañan lípidos, proteínas y ADN de las células de la piel. Salena Sainz, farmacéutica, dietista nutricionista y creadora del método Naturae, especializada en nutrición clínica y dermatología, lo explica desde la base: «La alimentación puede ayudar a preparar la piel aumentando sus defensas antioxidantes. Nutrientes como la vitamina C, vitamina E, carotenoides, polifenoles y omega-3 reducen parte del estrés oxidativo generado por el sol y favorecen una respuesta inflamatoria más controlada«. La piel se puede preparar desde dentro, pero no de un día para otro.

«La protección nutricional no se consigue con una comida puntual el mismo día de playa. Es el resultado de mantener durante varias semanas una alimentación rica en antioxidantes«, aclara Sainz. Los alimentos más interesantes para ese trabajo previo son zanahoria, tomate, sandía, albaricoques, mango, pimiento rojo, espinacas, aguacate, frutos rojos, aceite de oliva virgen extra, frutos secos y pescado azul. Son alimentos que no actúan en una sola dosis sino con la constancia de semanas.

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El licopeno del tomate, el betacaroteno de la zanahoria y el albaricoque, la vitamina C del kiwi y los frutos rojos, y la vitamina E del aguacate y los frutos secos refuerzan las defensas antioxidantes de la piel cuando se consumen de forma habitual. «Para obtener licopeno, lo interesante es cocinar el tomate con aceite de oliva», señala Sainz. El calor aumenta la biodisponibilidad del licopeno, y la grasa del aceite facilita su absorción.

Después de la exposición, la piel necesita recuperarse. «Conviene priorizar alimentos ricos en agua, antioxidantes y proteínas«, explica Sainz. Una buena comida postexposición podría incluir gazpacho, una ensalada con tomate, aguacate y aceite de oliva virgen extra junto con salmón o bonito, acompañada de fruta rica en vitamina C como kiwi o frutos rojos. Las proteínas aportan los aminoácidos que la piel necesita para sintetizar colágeno y reparar tejidos dañados por la radiación.

Lo que agrava el daño solar sin que la mayoría lo sepa

El alcohol es uno de los factores más ignorados. «El exceso de alcohol favorece la deshidratación y aumenta el estrés oxidativo, dificultando la recuperación de la piel«, advierte Sainz. Las dietas pobres en frutas, verduras y grasas saludables reducen la disponibilidad de antioxidantes en el momento en que más se necesitan. Y el consumo elevado de ultraprocesados ricos en azúcares favorece procesos de glicación que deterioran el colágeno y aceleran el envejecimiento cutáneo.

Hay otro factor que pocas personas tienen en cuenta. «Algunos medicamentos y plantas medicinales pueden provocar fotosensibilidad, por lo que conviene revisar siempre el prospecto antes de exponerse al sol«, advierte Sainz. No es un detalle menor: algunos antiinflamatorios, antibióticos o plantas como la hierba de San Juan aumentan la sensibilidad de la piel a la radiación ultravioleta y pueden provocar reacciones que van desde rojeces hasta manchas persistentes.


Salena Sainz, farmacéutica, dietista nutricionista y creadora del método Naturae.


D.R.


La pregunta que más repiten los pacientes en verano

¿Puede la alimentación sustituir al protector solar? Sainz responde con una analogía muy clara: «Podemos compararlo con construir una casa: la nutrición fortalece los cimientos aumentando la capacidad de la piel para defenderse del estrés oxidativo, mientras que el fotoprotector actúa como el tejado que evita que ese daño llegue a producirse». La respuesta es no. Y la analogía lo explica mejor que cualquier dato.

La combinación de ambas estrategias es lo que produce una protección real. «Una alimentación rica en antioxidantes durante todo el verano, combinada con correcta hidratación, protección solar adecuada, ropa, gafas y sombrero, y evitar la exposición en las horas centrales del día, es la suma de todas estas medidas la que ofrece una protección realmente eficaz«, señala Sainz. Aplicar una sola de esas medidas y prescindir del resto es una estrategia incompleta.

La piel es el órgano más visible del cuerpo y también uno de los más sensibles a lo que se come. Lo que se pone en el plato durante semanas antes del verano determina en parte cómo responde la piel al sol, cómo se recupera después y a qué velocidad envejece. La alimentación no protege sola. Pero sin ella, la fotoprotección tiene menos donde apoyarse.

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