La microbiota intestinal no tiene una versión de primavera. No existe un ecosistema bacteriano estacional que se active con el cambio de estación como si fuera un interruptor. Pero sí cambia, y la razón es más sencilla de lo que parece. La Dra. Mariel Silva, especialista en longevidad saludable y directora médica de SHA Spain@dramarielsilva en Instagram, lo explica con precisión: «La microbiota es extremadamente sensible a nuestro estilo de vida. Cuando cambian la alimentación, la exposición a la luz o los niveles de actividad física, las bacterias intestinales también se adaptan». No es que la primavera cambie la microbiota. Es que la primavera modifica los hábitos, y esos cambios terminan influyendo en el intestino.
Con la llegada del buen tiempo, varios factores se modifican a la vez: aumentan las horas de luz, cambian los patrones de actividad física, se pasa más tiempo al aire libre y varía la disponibilidad —y el consumo— de determinados alimentos. Todos esos factores influyen sobre la microbiota y se relacionan entre sí. «Cuando hablamos de microbiota solemos pensar en alimentación, pero el sueño, el ejercicio o la exposición a la luz natural también forman parte de la ecuación», señala la Dra. Silva.
Pad Thai vegano de SHA.
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La dieta sigue siendo el factor más determinante. Durante la primavera, muchas personas incorporan más frutas, verduras y alimentos frescos, lo que se traduce en una mayor ingesta de fibra y compuestos vegetales beneficiosos para las bacterias intestinales. Espárragos, alcachofas, puerros, cebollas tiernas, guisantes, habas, fresas y verduras de hoja verde son algunos de los alimentos más interesantes de esta época. «Muchos contienen fibra fermentable y compuestos bioactivos que sirven de sustrato para las bacterias intestinales beneficiosas», explica la Dra. Silva.
La exposición a la luz solar también juega un papel, aunque más indirecto. La regulación de los ritmos circadianos, el sueño y los niveles de vitamina D influye en el sistema inmunitario y, a través de él, en la microbiota intestinal. Y el aumento de actividad física que suele acompañar al buen tiempo también se ha asociado con una mayor diversidad microbiana, uno de los marcadores más vinculados a una buena salud intestinal.
Hamburguesa de Lubina con brotes de SHA.
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Por qué la variedad estacional importa más que los superalimentos
Más que buscar un alimento milagroso, lo importante es aprovechar la variedad que ofrece la temporada. «La microbiota no necesita superalimentos. Necesita variedad. Y las frutas y verduras de temporada son una forma sencilla de ofrecer esa diversidad que las bacterias intestinales agradecen», señala la Dra. Silva. Consumir alimentos de temporada facilita incorporar distintos vegetales a lo largo del año y ampliar la variedad de nutrientes que llegan al intestino. Ahí está el verdadero vínculo entre primavera y microbiota.
¿Tiene la microbiota algo que ver con el cansancio primaveral?
Sobre la relación entre los cambios en la microbiota y síntomas como el cansancio primaveral, las alergias o los cambios de humor, la Dra. Silva pide prudencia. «Atribuir directamente esos síntomas a cambios en la microbiota sería simplificar demasiado una realidad mucho más compleja», explica. En esos síntomas intervienen variaciones hormonales, adaptación a los cambios de luz, calidad del sueño, exposición a pólenes, estrés y actividad física, entre otros factores. Lo que sí parece probable es que una microbiota equilibrada contribuya a una mejor regulación inmunitaria y metabólica, ayudando al organismo a adaptarse mejor a los cambios estacionales.
La primavera no es una estación crítica para la microbiota, pero sí una buena oportunidad. «Es un excelente momento para incorporar más variedad vegetal y recuperar hábitos que benefician a todo el organismo», señala la Dra. Silva. Aumentar el consumo de alimentos vegetales ricos en fibra, mantener una buena hidratación, realizar actividad física regular, dormir adecuadamente y reducir el consumo de ultraprocesados son las medidas con más respaldo. No hay nada nuevo ni específico de la estación: son los mismos pilares que benefician tanto al intestino como a la salud general.
Incrementar la variedad de frutas, verduras, legumbres y frutos secos es, según la Dra. Silva, una de las estrategias más consistentes para mejorar la diversidad microbiana. Y la primavera, con su oferta estacional, facilita ese objetivo de forma natural. No hace falta un plan especial ni suplementos concretos: basta con aprovechar lo que la temporada ofrece y convertir esa variedad en un hábito que se mantenga más allá de los meses de calor.
«Cuidar la microbiota en primavera no consiste en tomar suplementos específicos. Consiste en aprovechar la estación para comer más variedad vegetal, moverse más y recuperar hábitos que benefician a todo el organismo, incluido el intestino», resume la Dra. Silva. Son hábitos que funcionan durante todo el año, pero que en primavera encuentran más aliados naturales que en otras épocas.












