Con motivo del Día Mundial de la Menopausia, merece la pena mirar esta etapa más allá de los temas de siempre. Aquí lo hacen cinco especialistas, cada uno desde su terreno. Empezamos por los músculos, a los que no siempre se presta atención. El doctor Óscar Ares es traumatólogo en el Hospital El Pilar de Barcelona y lo explica claro: cuando bajan los estrógenos se pierde hueso más deprisa, pero también músculo y fuerza. «Una musculatura fuerte es fundamental para mantener la estabilidad, la movilidad y la autonomía a medida que envejecemos», dice.
Su receta es entrenar fuerza. Mejor desde los 40, o incluso antes, dos o tres días a la semana y a la medida de cada una. «Siempre insisto en que el músculo es uno de nuestros mejores seguros de salud para el futuro», señala. Recomienda además cuidar el aporte de proteínas, calcio y vitamina D, y evitar el tabaco. «No debemos esperar a perder movilidad para empezar a cuidarla», advierte. La meta es llegar a los 70 u 80 pudiendo caminar, viajar o jugar con los nietos.
La piel también lo nota. La doctora Ana Huertas (@dra_anahuertas), que se dedica a la medicina estética regenerativa, lo resume así: con menos estrógenos se fabrica menos colágeno y la piel se hidrata peor. Se vuelve más fina, más seca y más sensible, y pierde firmeza. Pasa sobre todo en los primeros años después de la menopausia. Para Huertas, la meta es que la piel llegue a cada etapa en las mejores condiciones posibles, sin obsesionarse con aparentar 35 años a los 55.
Uno de los errores más habituales, según Huertas, es intentar compensarlo todo con más y más cosméticos antiedad. Una piel más seca y sensible puede reaccionar mal ante rutinas agresivas, sobre todo si se abusa de exfoliantes o ingredientes irritantes. Su consejo es simplificar, con limpieza suave, buena hidratación, protección solar diaria y activos adaptados a cada piel, como los retinoides. «La piel durante la menopausia no necesita necesariamente más productos; necesita que comprendamos mejor lo que le está ocurriendo», resume.
El suelo pélvico, lo que no hay que normalizar
Y luego está el suelo pélvico. Con menos estrógenos, la mucosa vaginal se vuelve más fina y menos lubricada, y pueden aparecer molestias al orinar. El doctor Francisco Martínez Pérez es neurofisiólogo clínico y experto en dolor pélvico. Recuerda que en esta zona hay músculos, pero también ligamentos y nervios. ¿Qué debería ponernos en alerta? Perder orina, tener que ir al baño con urgencia, notar peso en la vagina o sentir molestias en las relaciones sexuales.
El especialista advierte de que no todos los problemas se deben a falta de fuerza. En algunas mujeres los músculos del suelo pélvico están demasiado tensos o cuesta relajarlos, así que conviene conocer el origen antes de recomendar ejercicios. Existen tratamientos eficaces, desde terapias locales hasta fisioterapia especializada. Eso sí, cualquier sangrado después de la menopausia debe estudiarse. «Ninguna mujer debería resignarse a convivir con dolor, pérdidas de orina o dificultades en su vida sexual simplemente por haber llegado a la menopausia», insiste.
La forma en que nos hablamos
Para el psicólogo Andrés Montero Conde, director de Ethos Psicólogos, importan los síntomas, pero también cómo los interpreta cada mujer. Pensamientos como «ya no soy tan atractiva como antes» o «las mujeres mayores se vuelven invisibles» pueden alimentar la inseguridad, la ansiedad y el rechazo al propio cuerpo. No todas viven esta etapa igual, explica, porque la autoestima previa, el apoyo social o la actitud de la pareja marcan diferencias. Por eso, comprender y acompañar ayuda mucho más que quitarle importancia a lo que siente cada mujer.
Su propuesta es sencilla. Cuando aparezca un pensamiento negativo, preguntarse «¿esto se lo diría a mi mejor amiga?» y, si la respuesta es no, cambiarlo por lo que le diríamos a ella. También recomienda llevar un pequeño diario emocional, en el que anotar qué hemos sentido y qué estaba pasando en ese momento. Ayuda a ver que no todo viene de la menopausia: la irritabilidad, por ejemplo, puede tener que ver con un problema en el trabajo o en casa. Pedir lo que necesitamos en voz alta y cuidar el descanso completan su lista.
Cuándo pedir ayuda
La psiquiatra Ana Isabel Sanz García, del Instituto IPSIAS, explica que los cambios de humor tienen una base biológica. Los estrógenos y la progesterona participan en procesos relacionados con sustancias del cerebro que regulan el ánimo, como la serotonina o la dopamina, y sus altibajos pueden traer irritabilidad, ansiedad, apatía o facilidad para llorar. En algunos casos aumenta incluso el riesgo de depresión en mujeres sin antecedentes. «Hablar de cambios anímicos durante la menopausia no es un tópico ni un cliché, sino una realidad científica reconocida», señala.
El sueño pesa mucho en todo esto. Los sofocos provocan despertares, y dormir mal hace que todo nos afecte más. Sanz recomienda pedir ayuda cuando la ansiedad interfiere en el día a día, la tristeza dura semanas o se pierde la capacidad de disfrutar, y el médico de atención primaria puede ser el primer paso. «La menopausia es un ciclo vital biopsicosocial comprensible, no una enfermedad en sí misma, pero sus manifestaciones pueden ser anómalas y no deben considerarse como algo que sufrir porque toca», advierte.












