«La literatura como refugio, sí, siempre, pero también como faro alumbrador de realidades». La escritora y periodista Inés Martín Rodrigo tiene bastante claro que la literatura con romance entre hombres es una forma de libertad, pero también un refugio de evasión que permite hacer soñar. Durante años, el romance entre parejas homosexuales ha ocupado un espacio mínimo dentro del mercado editorial. Sin embargo, ahora parece ser todo lo contrario, como si de un triunfo se tratara.
Podríamos decir que este tipo de novelas se ha tratado como un género para una minoría, pero en estos últimos años ocurre todo lo contrario: tiene un público mucho más amplio, casi convertido en un fenómeno social. Esto también ha logrado que este tipo de historias no forme parte de un género marginal, sino que el romance queer está más fuerte que nunca. Entonces, ¿por qué estas historias conectan tan bien con este tipo de lectores?
Dentro del género, el amor sigue siendo uno de los pilares fundamentales a la hora de narrar estas historias, independientemente de la orientación sexual de sus protagonistas. De hecho, las novelas queer mantienen algunos de los tropos clásicos del género romántico: enemigos que se enamoran, friends to lovers, relaciones imposibles, segundas oportunidades, entre otros. Esto hace que el lector se pueda sentir identificado, aunque no tiene por qué ser por las experiencias que rodean a los personajes, sino porque puede encontrar algunas similitudes.
También hay que tener en cuenta que el paradigma ha cambiado: ya no solo se muestran personajes masculinos queer que tienen un conflicto desde el sufrimiento y la discriminación, sino que las historias hablan de deseo, humor, sexo y felicidad. Aunque hay novelas como Tan poca vida, de Hanya Yanagihara, que muestran ese pesimismo constante dentro de la sociedad, ambas son diferentes formas de construir un universo lleno de enganche.
Las novelas que explican el romance queer actual
Rojo, blanco y sangre azul, de Casey McQuiston, es quizás uno de los fenómenos culturales más interesantes de la novela queer, sobre todo porque explora el romance entre el hijo de la presidenta estadounidense y un príncipe heredero británico. Una novela que también se llevó a la pantalla y fue considerada un éxito por Amazon Prime Video. Al igual que Se busca novio, de Alexis Hall, donde el recurso del novio fingido se lleva a una comedia romántica gay.
Rojo, blanco y sangre azul, de Casey McQuiston.
MOLINO
En realidad, todos estos códigos consiguen trasladar la comedia romántica clásica a protagonistas gais que logran atrapar al lector con una nueva perspectiva. Aunque también están los tópicos de las primeras veces en el instituto y ese primer amor, como es el caso de Heartstopper, de Alice Oseman. Aquí se exploran la ternura, la amistad y el autodescubrimiento, donde la importancia reside en la felicidad, pero también en lo cotidiano y la esperanza.
Heartstopper, de Alice Oseman.
Crossbooks
Más que rivales, de Rachel Reid, ha sido otro de los grandes fenómenos a nivel internacional que ha triunfado gracias a su serie canadiense, donde el sport romance cobra sentido gracias al hockey y al emparejar a dos contrincantes de este deporte minoritario. Y sí, vemos un enemies to lovers en toda regla, al igual que ocurre en la novela Por los fans, de Nyla K., donde dos hermanastros deben hacer todo lo posible para salir de un apuro económico. ¿Se sobreentiende?
Más que rivales, de Rachel Reid.
MONTENA
De hecho, este género también traslada estas historias a nuevos universos, como la mitología y la ficción histórica, algo que ocurre en La canción de Aquiles, de Madeline Miller, donde se desarrolla la relación entre Aquiles y Patroclo con una perspectiva diferente, pero llena de deseo e imposibilidad por un desdichado final. El romance gay no responde a una única fórmula, sino que se adapta a cualquier forma narrativa posible. Esa es la clave de ese éxito tan rotundo.
El lujo de poder contar cualquier historia
El gran cambio está en que las historias con personas queer y homosexuales ya no necesitan justificarse por el hecho de que haya una relación entre dos hombres, sino que el conflicto puede estar en la personalidad y en las circunstancias, no en la propia orientación sexual como tal. El género romántico es un espacio para fantasear, pero también de deseo y evasión, como cualquier otro tipo de narrativa. La importancia de todo esto es que cada vez más lectores quieren formar parte de esas historias.
Y no, el romance queer no ha conquistado lectores por representar una realidad diferente, sino más bien por tener ingredientes irresistibles que hacen grande cualquier historia romántica. Por ese motivo, la evolución de ser novelas de nicho a convertirse en un fenómeno editorial ha sido capaz de generar conversaciones culturales, ventas y comunidades. Entonces, debemos preguntarnos: ¿estamos ante el triunfo definitivo del romance queer o ante una nueva forma de entender qué historias pueden ocupar el centro de la literatura romántica?











