Quien haya ido al Alentejo, más allá del Tajo, lo sabe. En esta región que va a desembocar al Algarve se encuentra lo más auténtico de Portugal. El Alentejo también es marítimo, pero parece mirar siempre hacia tierra adentro, a sus castillos, como toda tierra fronteriza. Ensimismado en la rotunda belleza de sus ciudades y pueblos. Hasta aquí se llega en busca de lo antiguo y lo inalterado. Y se encuentra lo tradicional, lo artesano. Hay artesanía por todas partes. En Redondo y Ferreira do Alentejo, muebles pintados. En Sâo Pedro do Corval y Nisa, alfarería. En Monsaraz o Mértola, textiles. Y en Estremoz, sus figuras de barro, los famosos bonecos, con más de cien modelos inventariados que representan la vida rural y urbana de estos pagos.
En la barroca y palaciega ciudad de Portalegre, a solo 32 kilómetros de Valencia de Alcántara (Cáceres), se tejen tapices desde los años 40 y hasta hoy. Todo empezó cuando a Manuel do Carmo Peixeiro se le ocurrió un nuevo punto de nudo, que había perfeccionado tras estudiar esta técnica en Francia. Junto a Guy Fino se lanzaron a la aventura de recuperar la industria de alfombras que había alcanzado gran éxito durante los años veinte.
De ahí surgió en 1946 la Manufactura de Tapeçarias, que ocupa el antiguo convento jesuita de San Sebastiâo y goza de renombre internacional. En 2021 se abrió el Museu da Tapeçaria Guy Fino, ubicado en el Palacio Castel-Branco, donde se pueden seguir la historia y los procesos técnicos de este oficio, además de admirar reproducciones de obras de reconocidos artistas. Desde aquí, los pies se van solos a Marvâo y Castelo de Vide, dos pueblos alentejanos irresistibles.
De Arraiolos a Mértola
Si se trata de alfombras o tapetes, hay que ir a Arraiolos, un pueblo en blanco y azul de cuento con castillo, donde incluso se puede ser testigo de cómo se elaboran estas piezas, que ya se mencionan en documentos del siglo XVI. En una primera etapa, recibieron la influencia de los tapices persas, los más reconocidos. Después se llenaron de dibujos de inspiración popular, para terminar abrazando una ornamentación menos recargada y más estilizada. Se bordan a mano con lana sobre tela de yute o algodón. Todo se cuenta en el Centro Interpretativo do Tapete de Arraiolos, en la plaza del Ayuntamiento.
Así son las mantas de Mértola, fabricadas en talleres artesanales.
MUSEU DE MÉRTOLA
A vueltas con el textil, en Mértola, que fue ciudad romana, capital de reino árabe y primera sede de la Orden de Santiago, presumen de fortaleza, de vistas al Guadiana y de mantas hechas como manda la tradición, con lana y según patrones geométricos de herencia islámica y bereber. Se venden en el taller artesanal que forma parte del Museu de Mértola, en pleno centro histórico. En este museo está el Taller de Tejido, que mantiene viva la tradición gracias a las tejedoras, a las manos maestras de Helena Rosa y Fátima Maestre, y al trabajo de cardado e hilado de Doña Vitorina. Asimismo, organizan residencias artísticas dentro del proyecto Hypertextile.
A los amantes de la alfarería les encantará Sâo Pedro do Corval, donde se cuentan hasta dos docenas de olarias, como se llaman en portugués, en funcionamiento. Aníbal Rosado, Beijinho, Egídio Santos o Rui Patalim. Se confirma así como el mayor centro alfarero del país y uno de los más importantes de la Península ibérica. Su historia se remonta a mucho tiempo atrás, cuando la arcilla se moldeaba para satisfacer las necesidades de la casa y el campo. Un gusto ver a los alfareros moldear la arcilla en el torno, que luego pasa al horno de leña para después ser acicalada. De paso, una visita el jardín de D. Maria Graça Villaret Ratinho, el menhir de Santa Margarida o el santuario de Nuestra Señora del Rosario.
En Redondo, un pueblo típicamente alentejano, se decora la madera con motivos florales.
ARTESANATO ZÉZINHA
Este mobiliario decorado primaveralmente lo verás en todo Portugal, pero procede de Ferreira do Alentejo o de Redondo, donde tienen la costumbre de adornarlo con flores pintadas a mano en vivos colores. Puede ser una silla con asiento de enea, una cama, un armario, una cómoda, un marco o un joyero. En Ferreira lo hace, por ejemplo, Vitor Caço, impulsor del taller C30 Handmade, que combina carpintería, pintura y cestería. En Redondo, Artesanato Zézinha, José M. Rosado Vicente y Joaquim José Boavida.
Nisa, bordados y alfarería
Aún falta por nombrar a Nisa, capital de la alfarería y de los bordados, entre restos de murallas medievales, de las que aún quedan en pie la Porta da Vila y la Porta de Montalvâo, que evocan la presencia de los templarios y los caballeros de la Orden de Malta. Aquí el barro se salpica de pequeñas piedras blancas de cuarzo que van formando motivos florales, la conocida como olaria pedrada. Mientras, los bordados siguen distintas técnicas, encaje de bolillos incluido, como en nuestro Almagro. A destacar las aplicaciones de fieltro, una de las creaciones más antiguas, que suelen formar flores, hojas, vides o racimos de uvas.
Nisa es la capital de la cerámica pedrada y los bordados.
TEUNESCO
Si Mértola estaba asomado al Guadiana, este otro pueblo lo está al Tajo. En el casco antiguo no falta el Museu do Bordado e do Barro, dedicado a estos dos tesoros etnográficos. Muy didáctico y con exposición permanente de las piezas de mayor valor histórico y artístico. La idea, como en todo el Alentejo y en todas partes, es velar por la conservación, investigación y difusión de este patrimonio, con la mirada puesta en el aprendizaje, el intercambio de experiencias y el reconocimiento de los artesanos. Para que no se pierda tanta belleza.











