Jorge C. Parcero

En un mes de octubre cargado de grandes estrenos en televisión, como las nuevas versiones de Al este del Edén, el clásico de Steinbeck, o Carrie, la primera novela del maestro del terror Stephen King, se cuela también Aquel: el esperado biopic de Raphael. A lo largo de ocho episodios nos adentraremos en la vida y la obra de Miguel Rafael Martos Sánchez (Linares, 1943), desde sus humildes orígenes en la España de posguerra hasta la conquista de los grandes escenarios internacionales.

Javier Morgade y Carlos Santos encarnan a Raphael en dos etapas de su vida: la juventud y la madurez, respectivamente, en una historia que recorre las luces y sombras del artista y se estrena este 9 de octubre en Netflix, con su hijo, Jacobo Martos, ejerciendo de productor asociado. En declaraciones a la plataforma de streaming, el cantante afirma haber contado su vida «sin filtros», interpretada luego «con total libertad» por los guionistas para trazar «un retrato honesto, sin adornos, que no rehúye ningún aspecto, por complicado que haya sido».

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La serie retrata el ascenso imparable de un artista irrepetible y que sigue en plena forma a sus 83 años: sus pasiones más íntimas, sus grandes éxitos, sus conflictos personales y los fantasmas que le han acompañado a lo largo de toda su vida. Están presentes su rivalidad con Julio Iglesias, sus problemas con el alcohol o su historia de amor con la aristócrata y periodista Natalia Figueroa.

Con escenarios que van de Madrid a Las Vegas, pasando por París, Acapulco o Moscú más allá del telón de acero, Aquel es un viaje emocional a través de seis décadas llenas de luces y sombras. Una historia conmovedora que revela al hombre detrás del mito. «Este biopic no solo cuenta mi historia, también refleja una historia compartida: una carrera marcada por momentos inolvidables, unos muy conocidos, otros más íntimos; algunos luminosos, otros más duros», añadió el intérprete de Mi gran noche.

Aquel: los fantasmas de Raphael

«Tú has nacido para ser artista», escuchamos que le dicen a Raphael en una de las primeras escenas de su biopic. Una larga y fructífera carrera que arrancó en Madrid, donde se había mudado procedente de Linares cuando el cantante apenas era un bebé de nueve meses. Apasionado del teatro desde los 10 años, tras una escapada nocturna llegó a casa de madrugada y su madre, Rafaela, lo recibió con un sonoro bofetón. Lejos de amedrentarlo, el castigo sirvió para reafirmar su vocación: «¿Y esto va a ser así todos los días? Porque yo voy a llegar a esta hora siempre; yo quiero ser artista».


El joven Raphael en el biopic Aquel.


NETFLIX


Las 100.000 pesetas que consiguió por ganar en el Festival de Benidorm fueron su primer gran éxito en la música. Luego llegarían las primeras actuaciones en salas de fiestas; el día que rompió esquemas en la música popular española al ofrecer un recital en solitario en el Teatro de la Zarzuela de Madrid con un éxito rotundo; su doble participación en Eurovisión y el salto a la escena internacional que le llevó desde Estados Unidos a la Unión Soviética.

No esconde el biopic sus momentos más difíciles. Aquel explora la cara amarga de la fama y la inmensa presión psicológica de mantener el estatus de mito viviente durante seis décadas. Y aborda de forma honesta el período más oscuro de su vida: su crisis de salud a causa de una hepatitis. La serie expone sin adornos los dramáticos meses a principios de los años 2000 cuando su salud colapsó rápidamente, culminando en la angustiosa espera y la operación de trasplante de hígado en 2003 que le salvó la vida.

Natalia Figueroa: su apoyo incondicional

En paralelo a la meteórica carrera de Raphael, el papel de Natalia Figueroa ocupa un lugar central como su compañera de vida durante más de cinco décadas. Raphael y Natalia se conocieron a finales de los años 60 en una entrega de premios auspiciada por la poderosa locutora de radio Encarna Sánchez. Él era la última sensación de la canción y ella, una nueva estrella del periodismo y la literatura. El cantante, triunfador del Festival de Benidorm y Eurovisión, cayó rendido ante la periodista de la alta sociedad.


Raphael y Natalia Figueroa, el día de su boda en Venecia, en 1972.


GTRES


El romance fue casi un secreto de Estado. «Desmiento rumores de boda», decía Raphael en 1972, pocos meses antes de casarse con Natalia en Venecia. «Solo somos buenos amigos», había asegurado ella en la carta que remitió al diario Pueblo. Los novios lograron que sus respectivas familias acudieran al aeropuerto sin saber exactamente dónde volaban: la obsesión del cantante y su futura esposa por mantener alejada a la prensa fue en vano y los reporteros estuvieron presentes también en la iglesia de San Zacarías.

Quizá porque el inicio de su relación fue tan difícil, el matrimonio se probó absolutamente irrompible. Lo mismo que la carrera de Raphael, el artista español superventas por excelencia. Solo muchas décadas después supimos que el ya famosísimo cantante se había refugiado en el alcohol, un problema que comenzó debido a graves trastornos del sueño acumulados durante sus giras y que acabó en un trasplante. Tanto en la vida real como en el biopic de Netflix, Natalia Figueroa se muestra como el pilar absoluto que sostuvo a la familia y al cantante durante sus meses más críticos en el hospital.

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