Sandra Hernández

Practicar yoga cambia algo muy concreto en el cuerpo: el sistema nervioso que domina el momento. Becca Alonso, instructora de yoga y pilates reformer en Floor Studio(@floorstudioreformer), Getafe, explica el mecanismo: «En la práctica del yoga se busca el control mental y corporal a través de las asanas y el prana, lo que hacemos es activar el sistema parasimpático a través de una respiración consciente y un movimiento controlado, que nos ayuda a reducir el cortisol, que es la hormona del estrés». Bajar el cortisol tiene un efecto directo sobre cómo responde el organismo frente a las infecciones.

El inicio del otoño reúne varios factores que hacen más vulnerable al sistema inmune. «Hay dos momentos clave, uno son los cambios bruscos de temperatura, la llegada del frío y la bajada de defensas por culpa de la vuelta a la rutina, a la que añadimos estrés, lo que ayuda a que sea más fácil coger resfriados, gripes», señala Alonso. Frío y estrés llegan casi a la vez, justo cuando el cuerpo menos preparado está para asumirlos.

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Inversiones y torsiones son las posturas con más peso en esta época. «Serían las asanas más relevantes en este caso, son asanas que refuerzan la columna y el powerhouse, clave para el sistema nervioso, puesto que nuestra columna protege la médula espinal. Las inversiones invierten el flujo sanguíneo, activando y reforzando el sistema nervioso, parasimpático y linfático», detalla Alonso. El perro boca abajo y la media torsión son dos ejemplos concretos que recomienda, por su capacidad de activar columna, discos intervertebrales y órganos internos.

Kapalabhati, conocida como respiración de fuego, es la técnica que Alonso destaca por encima de las demás. «Es un tipo de prana con respiraciones rápidas y rítmicas con exhalaciones activas y cortas, contrayendo el abdomen y empujando el ombligo hacia adentro, nos ayuda a generar calor desde el interior», explica. No requiere ninguna sesión larga ni preparación especial, ni siquiera una esterilla: basta con un lugar cómodo donde sentarse con la espalda recta.

Las asas que más ayudan a despejar el cuerpo

«Se puede practicar recién levantada, sentada cómodamente en el suelo o en la cama, para empezar el día enérgicamente», señala Alonso. Ese momento nada más despertar es, según explica, el más eficaz para activar el cuerpo antes de que empiece la rutina diaria, cuando todavía no ha entrado en juego el estrés propio de las primeras horas laborales.

Colocar la cabeza por debajo de la línea del corazón activa el cuerpo de una forma muy concreta. Es el principio que comparten el perro boca abajo y la media torsión, dos posturas que Alonso recomienda especialmente para reforzar columna, discos y órganos al inicio del otoño. Ninguna exige gran experiencia previa en yoga para empezar a practicarlas, y ambas forman parte del repertorio más básico que suele enseñarse en las primeras clases de cualquier centro.

¿Existe evidencia real detrás de estos beneficios, o son demasiado indirectos para afirmarlos con rigor? «Desde la Universidad de Oslo, el Journal Medical of Science, Nature Scientific Reports y la plataforma PubMed se han desarrollado y publicado numerosos estudios que avalan su eficacia no solo a nivel inmunológico, sino también neurológico», afirma Alonso.

Reforzar defensas y bajar el estrés van de la mano. Uno alimenta al otro. La conexión entre sistema nervioso y sistema inmune tiene incluso nombre propio en ciencia: psiconeuroinmunología, el campo que estudia cómo el estado de ánimo afecta a la capacidad del cuerpo para defenderse.

Respiración de fuego al despertar, una postura invertida, una torsión suave. Nada de gimnasio ni material especial. En un momento del año en que el cuerpo recibe varios golpes a la vez, frío, rutina y estrés, esta combinación ofrece una forma accesible de sostenerlo desde dentro, sin necesidad de dedicarle más de diez o quince minutos cada mañana.

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