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Este deporte de pala nació en 1965 en Estados Unidos, pero es ahora cuando no sólo se ha exportado sino que está causando furor. Se disputa en una pista rectangular, al aire libre o en interiores, que tiene exactamente las mismas dimensiones que las de bádminton. Se juega con una pelota de plástico ligera y perforada, parecida a la del wiffle ball (una variante del béisbol), y la red se baja hasta el suelo. Admite todas las modalidades: individual, dobles hombres, dobles mujeres y dobles mixto, que es la prueba reina. De hecho, su atractivo, según sus entusiastas, es su condición inclusiva.

Los jugadores de tenis miran el pickleball por encima del hombro. Aleksandar Kovacevic, que ocupa la posición número 68 en la clasificación mundial de la ATP, asegura que lo odia y que su abuelo aprendería a jugar en un cuarto de hora, cualidad que sus defensores ensalzan. «Es divertido y favorece la relación entre la gente. No necesita de grandes dotes deportivas, técnicas ni físicas. Es barato, no es frustrante ni lesivo. La curva de aprendizaje es menor que en otros deportes, así que en 20 minutos ya puedes jugar con tu vecina o con una persona en silla ruedas. Por eso, ahora mismo, hay millones de personas entusiasmadas. Y no exagero», asegura el vicepresidente de la Asociación Española de Pickleball, Marc Declercq, que también ejerce de secretario general de la Federación Europea, donde ya hay 40 países inscritos.

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Según relata, el pickleball lo inventó un grupo de amigos de la ciudad de Bainbridge Island, en Washington que, para entretener en verano a sus hijos, idearon un juego con palas de ping-pong y reglas de otros deportes. Sobre la procedencia del nombre hay varias teorías. Unos lo vinculan al perro de la familia, Pickles, a quien llamaban constantemente para recoger las bolas perdidas: «¡Pickles, ball!». Otros lo asocian al pickle boat, una embarcación de remo improvisada que se compone de las reservas de varios equipos.


Polo verde con rayas, de FURSAC (278 euros).

Imagen - Polo verde con rayas, de FURSAC (278 euros).

En Estados Unidos, juegan de manera regular entre 40 y 50 millones de personas. En Asia es un fenómeno imparable. Sólo en la ciudad china de Hebi ya ha seducido a un millón de residentes, y las autoridades lo han arraigado en departamentos gubernamentales, aldeas, comités vecinales, escuelas, empresas, zonas comerciales y lugares turísticos. En España es más difícil de cuantificar porque muchos clubes se crean sin darse de alta oficialmente y hay quedadas informales a través de redes sociales. Declercq, no obstante, cifra de forma no oficial en unas 60.000 las personas que lo han tanteado, calcula que son unas 25.000 las que lo practican habitualmente y, ya a nivel de competición, en torno a las 3.000.


Set de pickleball de Varley (82 euros)

Imagen - Set de pickleball de Varley (82 euros)


Falda Clarendon, de Varley

Imagen - Falda Clarendon, de Varley

Romanticismo en la cancha

Cada día de la actriz y cantante de country Mary Steenburgen (Newport, Arkansas, Estados Unidos, 1953) es motivo de mofa en Instagram por parte de su hijo, Charlie McDowell. El guionista y director de cine escribe enternecedores posts dedicados a su progenitora pero con fotos de otra actriz, Andie MacDowell, con la que no comparte más que el apellido, pero que ha terminado sumándose a la chanza e interactúa con las publicaciones.

Charlie McDowell es responsable también de algo que les da mucho juego: la relación de su madre con el pickleball. «Me compró una pala y me dijo: «Te va a encantar». Así que fue mi primer profesor», cuenta la actriz. Para cuando le ofrecieron el papel protagonista en The Dink (Apple TV) Steenburgen ya se había «enamorado» de este deporte. Ahora, admite, está «obsesionada» y cada vez que juega se descubre «con una sonrisa tontorrona en la cara».

La trama de la película se burla abiertamente del esnobismo que los puristas del tenis proyectan sobre los practicantes del pickleball. «Son deportes muy diferentes. En el tenis todo el mundo viste de blanco y la pista está en silencio, mientras que en el pickleball la pista es ruidosa, alegre, hay música y color por todas partes —agradece la oscarizada intérprete—. Así que creo que hay espacio para ambos, pero la gente del tenis, a veces, intenta borrarlo de la faz de la Tierra de forma agresiva y eso está en cierto modo en el corazón de esta película».

De hecho, The Dink cuenta con cameos del otrora enfant terrible del tenis John McEnroe, como aficionado, y de Andy Roddick como villano, aunque en la vida real, el tenista, segundo servicio más rápido de la historia, estuvo peloteando y dándole consejos técnicos a Steenburgen.

La cinta se sirve de este conflicto de fondo para poner de manifiesto la mirada de la sociedad en general y de Hollywood en particular, sobre las mujeres en la tercera edad, planteando un flirteo de la actriz con el protagonista masculino, 30 años más joven que ella. Hay diversión y atractivo sexual más allá de los 70.