La Azohía es uno de los secretos mejor guardados no ya de Murcia, sino de toda la costa mediterránea. Está al abrigo del imponente cabo Tiñoso, que forma parte de un espacio natural al oeste de Cartagena integrado también por la sierra de la Muela y Roldán, en plena bahía de Mazarrón, muy cerca de Isla Plana. Estar escondido en la cordillera litoral cartagenera, entre montañas, sin grandes infraestructuras hoteleras, ha hecho que conserve su encanto marinero y su espíritu mediterráneo. Las cervecitas en cualquiera de sus chiringuitos a la orillita del mar, sus afamados arroces, las playas en calma y los conciertos por la noche a la luz de la luna lo han convertido en un auténtico paraíso veraniego.
Los murcianos saben bien que La Azohía, como le pasa a El Portús, son palabras mayores. Aquí se viene a dejarse seducir por la magia estival. El viento, además, sopla a favor porque es uno de los lugares de mayor importancia ecológica del sureste, muy querido por las aves, por lo que ha sido declarado ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves). Y, al tiempo, con unos fondos marinos que destacan por la diversidad de su flora y fauna, lo que le ha valido la consideración de reserva marina, al igual que la Reserva Marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas, su vecina, ambas referentes del submarinismo en España.
La Azohía tiene ante sí playas como la que lleva su nombre, la de San Ginés, la Chapineta o El Cuartel. Tras de sí, acantilados que se asoman al Mediterráneo desde gran altura, con senderos desde los que se obtienen unas vistas privilegiadas de toda la costa, colmada de acantilados. Las rutas que serpentean dibujando el perfil marítimo, fuera ya del núcleo urbano, permiten acceder a calas recónditas y paradisíacas, además de aventurarse por algunas de las baterías históricas de Cartagena, tales como Castillitos y la torre de Santa Elena.
Qué ver en La Azohía
Son baluartes a conquistar no solo para asombrarse con la arquitectura defensiva que sirvió para proteger el puerto cartagenero, en el caso de la primera, y toda la costa ante los ataques de los piratas berberiscos, en el de la segunda, sino para otear un horizonte inabarcable que nos pone frente a frente con el infinito. A Castillitos hay que ir porque es un escenario de película (¿de Disney?), cañones incluidos. Lo que es la batería, construida entre 1933 y 1936, está inspirada en los castillos medievales y es del gusto historicista.
La batería de Castillitos está en la punta de Cabo Tiñoso sobre La Azohía.
TURISMO CARTAGENA
Si decimos que los alrededores, desde sus 250 metros sobre el nivel del mar, coronando el cabo Tiñoso, son majestuosos, nos quedamos cortos. Una vez aquí se pueden tomar diferentes caminos que llevan a calas salvajes que parecen recién descubiertas. Una de ellas es Cala Cerrada, a la que hay que bajar por un sendero desde el que enseguida se ve el mar prometido, en un entorno que parece reservado a los barcos y que te brindará un baño que podríamos llamar caribeño, por idílico, y que será inolvidable.
Castillitos que son miradores
Desde Castillitos se llega a ver el Cabo de Gata, que siempre es una tentación, ya sea Agua Amarga, Las Negras o San José. La torre de Santa Elena, con forma hexagonal y dos plantas unidas por una escalera de caracol, es mucho más antigua, concretamente del siglo XVI, y se le debe a Felipe II y a su cruzada contra los piratas procedentes de Argel y Turquía. La tenemos a 70 metros dominando la ensenada de La Azohía y llamándonos a gritos. Se puede subir cómodamente en una ruta de senderismo de apenas media hora. Para ello hay que dirigirse al puerto pesquero y tomar el camino que asciende entre casas y termina convirtiéndose en una pista de piedra.
La torre de Santa Elena está asomada a La Azohía.
TURISMO CARTAGENA
Lo mejor es que La Azohía sigue siendo, como siempre, un pueblo pesquero. Destaca, sobre todo, por la pesca con almadraba, que ya se practicaba en tiempos de los romanos. De hecho, su almadraba, activa entre marzo y junio, presume de ser la más antigua del Mediterráneo. Los frutos del mar, así como sus arroces, se pueden degustar en cualquiera de los restaurantes que animan su paseo marítimo y que hacen este rincón murciano aún más apetecible.
Dónde comer en La Azohía
En La Cangreja, abierto también en Cabo de Palos o La Manga, presumen de tener los pies en la arena; apuestan por la cocina urbana, y sirven, además de croquetas de zarangollo -murcianas a más no poder-, bravas japo pringonas -una oda al mestizaje- o hamburguesas en plan gourmet, arroces con toque de leña para chuparse los dedos. Puede ser abanda, negro, de verduras, o de costillejas, alcachofas y ajos tiernos.
El paseo marítimo de La Azohía con la torre de Santa Elena al fondo.
TURISMO REGIÓN MURCIA
No hemos mencionado todavía las bellas puestas de sol de La Azohía, que componen una asombrosa marina entre el perfil recortado de su costa y los barcos. Lo podrás ver también desde el restaurante Deskaro, cenando o tomando un cóctel, que puede ser un Sex on the Beach, muy propio; un daiquiri, que siempre viene bien, o un Deskaro Fresh, por hacerle un guiño local a base de ron añejo, falernum, ginger ale, lima y Cardenal Mendoza Angelus, casi una bendición. Apuestan por la tradición, la fusión y el aprovechamiento, lo que se traduce en cintas de calabacín, alcachofas a la parrilla, sepia al wok, pescado de la bahía, ceviche o pluma ibérica. El mestizaje está incluso en la torrija, con dulce de leche peruano y helado de turrón.












