Ángeles Castillo

Beceite es un pueblo de la comarca del Matarraña de Teruel, conocida como la Toscana española. Tal vez, esto debería bastar para saber que estamos ante uno de esos pueblos que conservan su fina estampa antigua, bendecidos por un paisaje que resulta a todas luces bucólico, muy de égloga de Virgilio. No es difícil imaginarse al pastor Títiro tocando su flauta y disfrutando de este «locus amoenus» (lugar ameno, literalmente). Incluso puede que, como en el poema, bajo la sombra de un haya, las más meridionales de la península. Y, sin duda, junto a una de las piscinas naturales que han situado a este rincón turolense en la cima de los paraísos fluviales. Para la historia y el anecdotario quedó aquello de «Teruel también existe».

No solo existe, sino que además nos pone a las puertas de un edén como La Pesquera, que suma nada menos que quince pozas de color turquesa, con pequeñas cascadas, formadas por el río Ulldemó, y rodeadas de bosque. O de una ruta de senderismo, la del Parrizal, que discurre por pasarelas que pasan por encima de pozas de aguas transparentes, siguiendo el curso del Matarraña, afluente del Ebro. La senda termina en Los Estrechos, donde el río se encañona entre paredes de vértigo en las que despuntan agujas de piedra. Y aún hay más: en dirección al Parrizal, se localiza otra piscina natural, L’Assut.

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Para colmo, en pleno casco histórico está la Font de la Rabosa, otra piscina fluvial con la que quitarse el calor veraniego. Sin olvidar el pantano de Pena. No es de extrañar entonces que Beceite sea presentado como el pulmón verde del Matarraña. En sus tierras nacen tres de los ríos más importantes de la comarca. Recapitulamos: el Matarraña, el Ulldemó y el Pena. Entre los tres generan un patrimonio natural y una biodiversidad de primera y, desde luego, muy a valorar a la hora de planear escapadas para disfrutar de la naturaleza en su estado virginal.

Beceite, un paraíso natural

Estos parajes pertenecen a los Puertos de Beceite, un macizo montañoso que separa el valle del Ebro del Mediterráneo y que se extiende entre las provincias de Teruel, Tarragona y Castellón. Aquí también se esconde el Salt de la Portellada, una cascada que se precipita desde veinte metros de altura, próxima a la localidad de su nombre, y las Rocas del Masmut, un roquedo rojizo que sobrepasa los 100 metros de altura, muy del gusto de los buitres, en los aledaños de Peñarroya de Tastavins.


L’Assut es una impresionante piscina natural al ladito de Beceite.


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De paso, hay que sumergirse también en el rico patrimonio cultural, que no son solo los monumentos a los que nos tienen acostumbrados los pueblos históricos -portales, ermitas, puentes centenarios y demás-, sino otros más inusuales, como es el caso de las antiguas fábricas papeleras, que suministraron papel a figuras como Goya, para sus grabados, o Heraclio Fournier, para sus cartas. Llegó a haber hasta nueve entre finales del XVIII y principios del XIX. Como testigo queda la Antigua Fábrica Noguera, convertida en centro cultural, y los molinos.

Qué ver en Beceite

Qué decir de los cinco portales. Son lo más llamativo del casco urbano, dando cuenta del perímetro medieval. El portal de Beceite, que los árabes llamaron Bassàit y Bezeyt los cristianos, es la entrada histórica, y conectaba con Valderrobles, con un puente para entrar al casco viejo. Fue reformado en la primera mitad del siglo XIV, como desvela su arco apuntado gótico. El portal de San Roque es, a su vez, capilla. El elemento diferenciador, y muy pintoresco, es el balcón, decorado con grandes puertas y una barandilla de madera. En el de Vilanova destaca su magnífico arco de medio punto y los restos de lo que fue un reloj de sol. Sobre el arco se levanta una vivienda de dos plantas.


El portal-capilla de San Roque está en uno de los rincones más bellos de Beceite.


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La Lonja, en los bajos de la Casa Consistorial (XVI), nos remite al Renacimiento con sus cinco arcos apuntados, más uno conopial del edificio anterior, animando arquitectónicamente la plaza Mayor, el corazón de Beceite. Junto a la Lonja está la Presoneta, que funcionaba como torre defensiva para defender la entrada al portal. Durante los siglos XVII y XIX se transformó en cárcel, con episodios trágicos durante la primera guerra carlista. Después fue peña de fiestas y actualmente es el Centro de Visitantes.

Una ruta monumental

Renacentista, pero con elementos góticos, es igualmente la ermita de Santa Ana, emplazada en el arrabal del puente, fuera de las murallas. Se construyó entre los siglos XV y XVI, aunque fue modificada y ampliada posteriormente; por ejemplo, con el pórtico exterior, que data de 1699. La iglesia parroquial de San Bartolomé, frente al ayuntamiento e imponiendo la rotundidad de sus columnas salomónicas profusamente decoradas, es ya barroca. Se erigió entre los siglos XVII y XVIII, aunque conserva una capilla del siglo XII, de cuando era iglesia de los templarios, y preside, como suele ser habitual, la plaza Mayor.


El portal de Villanueva con su gran arco de medio punto en el casco antiguo de Beceite.


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El puente de piedra, levantado entre los siglos XV y XVI con un soberbio arco y una altura de unos quince metros, marcó un hito en la historia de Beceite como primer cruce del río Matarraña, el auténtico motor del pueblo, desde su cabecera. No solo permitió el tránsito, sino que impidió que la población se quedara aislada en época de riadas, más en un momento de expansión urbana, con el nacimiento de los barrios de Vilanova, el Pilar y Sant Roc.

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