

El arco de Boca mide igual que todos (7.32×244 metros) pero pararse bajo sus tres palos tiene una dimensión más grande. Entonces, hay que tener personalidad, más allá de los reflejos y la agilidad que amerita el puesto. Por eso Juan Román Riquelme apuntó a Álvaro Montero, el número uno de la Selección de Colombia que fue suplente de Camilo Vargas en el Mundial. Llegará este martes a Buenos Aires, se hará la revisión médica y estará disponible para viajar a Rosario, donde el jueves el equipo de Rodolfo Arruabarrena jugará ante Sarmiento por la Copa Argentina.
Será el tercer refuerzo xeneize. Montero arribará un día después que su compatriota Sebastián Villa que, tal como adelantó Clarín, volverá al club tras una salida tumultuosa en 2023. El delantero se hará la revisión médica este lunes por la mañana. Además, ya estaba Leandro Lozano, ex lateral de Argentinos Juniors.
El portero -como dicen en su país- llega procedente de Vélez, donde atajó 17 partidos de la Liga Profesional. Recibió 13 goles y mantuvo 7 vallas invictas. Su buena temporada en Liniers, sumada a su experiencia internacional y su perfil de arquero moderno (2,01 metros de altura, excelente juego con los pies y dominio aéreo), convencieron a la dirigencia azul y oro, que pagó 4 millones de dólares por su ficha.
Montero no es el primer colombiano que se pone los guantes de Boca. En la rica historia del club, dos arqueros cafeteros dejaron una huella imborrable, especialmente Óscar Córdoba, el más exitoso y querido de todos. Nacido en Cali en 1970, defendió el arco xeneize entre 1997 y 2001. En 118 partidos oficiales se convirtió en uno de los ídolos de la era Bianchi. Ganó tres títulos de liga (Apertura 1998, Clausura 1999 y Apertura 2000), dos Copas Libertadores (2000 y 2001) y la Copa Intercontinental 2000. Sus reflejos felinos, seguridad bajo los palos y liderazgo en los momentos decisivos lo corporizaron en una pieza fundamental del inolvidable equipo del Virrey.
“Montero es un arquero de 8 o 9 puntos”, describió Córdoba antes del Mundial. “Tiene la talla, es joven y varios partidos internacionales. Seguramente le va a dar muchas satisfacciones”, agregó. Fue el propio ex arquero de Boca y América de Cali, entre otros, el que recomendó a Montero en el inicio de la gestión de Riquelme.
Otro colombiano que se destacó en bajo los tres palos de la Bombonera fue Carlos Fernando Navarro Montoya. El Mono nació en Medellín, pero desde muy pequeño se radicó en Argentina. Al igual Montero, tuvo un pasado en Vélez. De hecho, debutó en Primera División en el estadio Amalfitani. Fue en 1984, de la mano de Alfio Basile y, casualmente, con Bianchi como compañero. Aquella tarde, su equipo le ganó a Temperley con un gol del Virrey.
El Mono llegó a Boca en 1988, jubiló a Hugo Orlando Gatti tras un partido muy flojo del Loco con Deportivo Armenio, y no salió más. Disputó más de 479 partidos con la camiseta azul y oro y ganó cinco títulos: Supercopa 1989, Recopa 1990, Copa Máster 1992, Torneo Apertura 1992 y Copa de Oro Sudamericana 1993. Aunque su trayectoria fue más larga y consolidada en el fútbol argentino, nunca alcanzó el brillo internacional ni el estatus de Córdoba.
En 2022, con Millonarios, Montero fue uno de los arqueros con más vallas invictas del mundo en una temporada. Su paso por el Mundial 2026 le sumó madurez internacional. Aunque es difícil igualar a Córdoba o Navarro Montoya, llega en un momento en el que Boca necesita estabilidad en el arco. Sobre todo, a partir de la rotura de ligamentos en la rodilla derecha que sufrió Agustín Marchesín el 14 de abril ante Barcelona de Ecuador por la Libertadores.
Leandro Brey lo reemplazó, pero no ofreció garantías. ¿Qué hará Arruabarrena? En principio, el arquero oriundo de Lomas de Zamora atajaría el jueves en Rosario. ¿Y después? Boca tiene por delante un mata-mata que lo interpela después del fracaso deportivo en la Libertadores: el 23 y el 30 de julio deberá jugar los 16avos de final de la Sudamericana ante O’Higgins, primero en la Bombonera y luego en Rancagua. En esos partidos calientes, Montero sería el titular.







