

Lionel Scaloni aclara rápido, casi sin dejar que termine la pregunta que le hace un periodista argentino en la conferencia de prensa post triunfo sobre Suiza. Intenta darle el contexto justo a lo que el destino dispuso para las semifinales del Mundial 2026. «Es un partido de fútbol, eh. El mensaje es que es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa. Y vamos a jugar un partido de fútbol contra una gran Selección que tiene un gran entrenador que lo aprecio y lo admiro mucho. Y es un partido de fútbol, punto, no hay más que eso«, dice el DT campeón del mundo. Sus palabras son lógicas, pero sin ánimo de polemizar, todos entienden que el Argentina vs Inglaterra remite a muchas cosas más. Incluso a los jugadores saltando por no ser ingleses en una simbiosis con los hinchas, todavía en el campo de juego del estadio de Kansas City; a las declaraciones de los futbolistas en la zona mixta; a la esperada primera vez de Lionel Messi contra los «Leones» para cerrar el círculo mágico con Diego Armando Maradona. Todos hablan del partido del miércoles en Atlanta.
Y sí, la aclaración es para el afuera. Para bajar tensiones. Existe una tendencia a intentar comparar -muchas veces estúpidamente- que pone a Messi bajo una presión de rendimiento de la que parecía haberse desprendido con el título en Qatar 2022. Es algo diferente a lo conocido para el capitán, que internamente también desea tildar ese ítem. No necesita hacer nada más para quedar en la historia. Pero es un rival que, para la mayoría, incluso está por encima de Brasil en el ranking de clásicos mundiales. Y que está omnipresente desde mucho antes que Julián Alvarez clavó ese derechazo en el ángulo en el suplementario en Kansas City contra Suiza.
Porque las frases se desparraman en las charlas entre amigos e inundan las redes sociales. «El fútbol es lo más importante de lo menos importante», inmortalizó alguna vez el campeón del mundo Jorge Valdano, parte fundamental aquella tarde calurosa del estadio Azteca. Cuarenta años y tres partidos después -dos de ellos mundialistas, más un amistoso- estarán de nuevo frente a frente. Pero el sentimiento de lo que puede generar un triunfo es el mismo. Es un partido cultural. Un hecho social.
Lo graficó a la perfección Pablo César Aimar, hoy asistente de Scaloni, en una charla con el periodista Roberto Parrottino en diciembre de 2024. «Entiendo todo, respeto todo. Ahora, cuando me senté en el desnivel de mi casa a ver el Mundial 86, con los vecinos, porque había una sola tele, y el loco (Maradona) hace uno de los goles, no sé si el de Inglaterra, claro, al ver la reacción de todos, con esa cabeza de seis años, dije: ‘Quiero ser esto’. No sé qué más pasó en ese nene. Habré dicho: si no puedo, seré médico, lo que sea, alguna de las cosas relacionadas al fútbol, pero cómo no voy a querer ser eso, cómo no voy a querer desarrollar eso en mi vida«, aseguró.
Hoy, en la mayoría de los rincones de Argentina, ya no hay un solo televisor. Hay miles de pantallas. En las casas, en los edificios, en las palmas de las manos de la gente que corre por la calle celebrando el gol de Lautaro Martínez que confirma la clasificación a semifinales por quinta vez en este ciclo inmaculado de la Scaloneta. Y ahí todo refiere a Inglaterra. Porque lo que pasó en las Islas Malvinas es una referencia cultural, igual que el fútbol.
No hay otra forma de explicárselo a esos nenes y nenas que patean una pelota o una botella en los recreos del colegio, quizás inocentemente, no entienden la literalidad de por qué hay que saltar para no ser un inglés. Por qué un pueblo se une en un reclamo que no cesa. Por qué cuando un grupo de combatientes desde Río Grande pide una camiseta firmada por esta Selección toda la Argentina se une para hacérselo llegar a los jugadores, que responden enseguida.
«Paren el mundo», escribe la AFA en su web oficial para anunciar el cruce que por sexta vez se dará en Mundiales. El sentimiento, hay que decirlo, se percibe más nuestro que de ellos. Un rápido repaso por los portales más importantes de Inglaterra ratifica esa afirmación. No existe una referencia por fuera de lo deportivo -y de Messi- que anticipe el cruce del miércoles. Es banal decir que una pelota puede determinar un estado de ánimo. En Argentina es algo común, no solo con la Selección, sino también con los clubes.
Serán unas semifinales de grandes estrellas y viejos conocidos. Para Argentina, no es el partido del morbo. Es el partido del pueblo. Y la Scaloneta, desde hace mucho tiempo, dejó en claro que es el reflejo de nuestra identidad.







