Hay figuras históricas sobre las cuales la memoria colectiva parece haberlo dicho todo. Sin embargo, el teatro siempre encuentra una hendija para proponer nuevas lecturas. Ese es el espíritu de Expediente 1492. La última confesión de Colón, la pieza teatral escrita por Santiago Ferrigno y Mariano Cossa (quien también asume la dirección) que se presenta todos los sábados a las 21 en la Sala de la Cooperación del Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, CABA).
Protagonizada por Sandra Antman, Norberto Gonzalo y Alfredo Noberasco, la obra toma como punto de partida fragmentos de la célebre novela El arpa y la sombra de Alejo Carpentier para reconstruir un hecho real tan verídico como insólito: el intento por parte del Vaticano, a finales del siglo XIX, de canonizar al Almirante Cristóbal Colón. En la ficción, este proceso se despliega bajo el formato de un juicio oral, donde los fantasmas de la Reina Isabel, del marinero Rodrigo de Triana y del propio Colón se presentan a testificar, dejando la sentencia final en manos de un jurado muy especial: el público.

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A un mes y medio de su exitoso estreno en la emblemática avenida Corrientes, Ferrigno dialogó con Vivo Perfil sobre el atractivo de humanizar al navegante y el fenómeno participativo que se genera durante la representación en la sala: «Estas figuras mundialmente conocidas siempre tienen un atractivo porque siempre habilitan nuevas miradas y un campo para seguir investigando», señala al explicar qué lo llevó a sumergirse en este proyecto. Su propio idilio con el texto comenzó hace cuatro décadas: «Leí la novela de Carpentier en el año ’84 u ’85, y me llamó muchísimo la atención porque me dio una perspectiva de Colón que no tenía. Yo arrastraba la mirada de la escuela: el descubridor, el navegante». Aquí la entrevista completa:

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«La novela, en cambio, mostraba a este hombre como un aventurero, un buscavidas, un ‘vivillo’ que no sabía muy bien qué hacer y que vio en el mar la posibilidad de riqueza y poder en la Europa del siglo XV. Pero lo que más me cautivó fue el humor fino, inteligente y de doble sentido con el que Carpentier retrata sus relaciones con los marineros y con la Reina Isabel. Eso despertó mi inquietud de llevarlo al teatro«, recuerda el autor.
El camino hacia la versión definitiva no fue sencillo. Ferrigno realizó una primera adaptación a mediados de los noventa que, con el tiempo, consideró «demasiado literaria y poco teatral». El quiebre definitivo se dio entre fines de 2023 y principios de 2024, cuando le entregó el texto a su colega y amigo Mariano Cossa para reescribirlo a cuatro manos. «Fue un trabajo hermoso donde consensuamos dos ideas que fueron un gran acierto de Mariano: circunscribir toda la acción en el tiempo del juicio de canonización -donde debaten un postulador y la abogada del diablo- y que el jurado fuera el público», detalla.

La platea toma la palabra

Uno de los mayores desafíos del equipo era predecir cómo reaccionaría el espectador ante la propuesta interactiva de emitir un sufragio. «Teníamos muchas dudas. Pensábamos que algunos no iban a tener ganas de votar», confiesa Santiago. Sin embargo, la realidad de las funciones superó ampliamente las expectativas de la producción.
«Nos llamó la atención cómo la gente, al final, tiene muchísimas ganas de votar. Todos quieren expresarse. Tuvimos que adaptar la última escena, que originalmente estaba pensada para recoger 20 o 30 votos, para poder procesar los 60 o 70 sufragios que tenemos según la función. Es un momento grato y muy vivo. Aunque, claro, después de la votación del público entran a jugar los intereses del Vaticano, encarnados en un Monje que cuenta los votos y determina el destino del alma del Almirante según designios que solo él conoce», adelanta con misterio.

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En el aspecto visual, la puesta elude la reconstrucción histórica literal en favor de la funcionalidad dramática. Con escenografía y vestuario diseñados por Mariela Daga, el escenario muta con fluidez entre el salón del juicio papal, la corte real y la cubierta de la carabela en el mismísimo instante del avistaje de tierra. Una puesta dinámica que se permite jugar con los mitos históricos. «Todos sabemos que Isabel le dio las carabelas a Colón, pero no los verdaderos motivos. En la obra se descubre por qué… pero no lo puedo contar, hay que ir a verla», concluye el autor, invitando a los espectadores a convertirse en jueces por una noche. Encontrá acá más info sobre las entradas.