Ángeles Castillo

Barbate, en la comarca gaditana de La Janda, está unido indisolublemente al mar y la pesca, así que el puerto pesquero viene a ser su catedral. No es de ahora, cuando quien más y quien menos fantasea con pasearse, tumbarse o zambullirse en sus idílicas playas mientras degusta su atún, sino de la época de los fenicios. Ellos implantaron el sistema de la almadraba, que es religión. Los griegos situaron aquí las columnas de Hércules. Con los romanos, la villa se convirtió en un emporio de la pesca y el salazón. Y de los visigodos es la ermita de San Ambrosio, anclada en pleno Parque Natural de La Breña y Marismas de Barbate. Un paraíso con la virginidad de todos los paraísos. Aquí, como en Agua Amarga, nos podemos quitar las ganas de verano.

En este parque natural se puede ver, con gran asombro, cómo un pinar de más de 2.000 hectáreas llega hasta la misma orilla para abrazarse al mar; cómo los manantiales de agua potable se llenan de sal, o cómo acantilados sin vértigo, que superan los cien metros de altura, se dan de bruces con la arena. El más conocido es el que los barbateños llaman el Tajo, coronado con una torre almenara. Lo curioso es que este parque concentra tres ecosistemas: marino, marismeño y terrestre, con montes y dunas, en las que crecen azucenas marinas y alhelíes de mar.

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En Barbate, todo tiene la categoría de espectacular. Lo son las marismas, ese limbo edénico entre la tierra y el mar, que no solo están en el Guadalquivir. O El Palomar de la Breña, una hacienda del siglo XVIII localizada en San Ambrosio, que ha sido transformada en hotel, el único dentro del parque natural. Atesora en sus lindes uno de los tres palomares más grandes de Europa, con 7.770 nidos de paloma fabricados en terracota, ya en desuso. Está dividido en calles paralelas con altos y gruesos muros para dar confort a las aves, que podían beber y bañarse en un patio cubierto con lonas, a salvo de depredadores.

Las playas de Barbate

A la actividad tradicional de la pesca, que se pierde en la noche de los tiempos, hay que sumar la atracción que ejercen sus playas. La del Carmen está dentro del pueblo, junto al puerto, con un paseo marítimo colmado de restaurantes, que da paso a la playa de la Hierbabuena, bautizada como el Chorro, que, a su vez, se extiende hasta el acantilado de La Breña. A continuación, le toca el turno a la animada playa de Los Caños de Meca, que va hasta el cabo de Trafalgar, llevándose todos los honores con su franja de arena infinita y la transparencia de sus aguas, que juegan a esconderse en grutas naturales, por no hablar de terrazas y otros locales de ocio.


El faro de Trafalgar se alza en medio de un paisaje natural único.


CÁDIZ TURISMO


En el cabo de Trafalgar, donde se formó un doble tómbolo (lengua de tierra), el único de Andalucía, hay restos de un templo romano dedicado a la diosa Juno y una factoría de salazones. Completa esta emoción el imponente faro blanco, heredero directo de la torre vigía que en el siglo IX levantaron los árabes, aún visible. Aquí tuvo lugar en 1805 la famosa batalla que enfrentó a los aliados Francia y España con la Armada británica, al mando del vicealmirante Nelson, que resultó vencedor y vencido al mismo tiempo, al caer muerto de un disparo.

Las mejores puestas de sol

Tan deseada como Los Caños de Meca es su vecina Zahora, en el mismísimo tómbolo, con impresionantes dunas por esa parte, mientras que en la otra se concentran las casas y los chiringuitos, desde los que ver unas puestas de sol realmente memorables. En ocasiones, estos atardeceres arrancan hasta aplausos, como pasa en la mítica Oia de Santorini, en pleno mar Egeo. Todo ello en dirección Conil, porque en la otra tenemos la playa de Cañillo, llamada también del Botero. Y luego la de Zahara de los Atunes, una entidad local autónoma con gran pasado almadrabero. Hoy es un centro turístico cuya playa se alarga hasta Tarifa, ya con el nombre de Atlanterra.


El Palomar de la Breña es una hacienda del siglo XVIII con un palomar histórico.


CORTESÍA


Barbate es un paraíso fuera de temporada, cuando sus playas se vuelven solitarias y su solemnidad natural se acentúa. Pero también lo es cuando llega el buen tiempo y nos seduce con promesas de baño, pareo y melena al viento. Imperdonable sería olvidarse de sus rutas de senderismo, de gran belleza paisajística y riqueza ecológica, y perfectamente señalizadas: la de la Torre del Tajo, la de los Acantilados o la de la Torre de Meca. Las torres almenaras, construidas para proteger estas costas de los ataques de los piratas berberiscos, marcan mucho el terreno porque se alzan en lugares privilegiados y estratégicos.

Qué ver en Barbate

Dentro del pueblo, la visita al puerto pesquero, testigo del auge y el declive de este sector, es obligada. En el muelle aún están amarrados algunos de los barcos que fueron el orgullo de la gran flota barbateña, así como los remendadores de redes metidos en faena, mientras las gaviotas campan a sus anchas y en la lonja se despachan sardinas, boquerones o jureles. Como no podía ser de otra manera, en Barbate es templo mayor la capilla de Nuestra Señora del Carmen, patrona de los marineros y de la propia villa.


El puerto deportivo de Barbate, entre el océano y el mar de pinos.


TURISMO BARBATE


No le falta a Barbate, entre los cerros de La Breña y las marismas del río, su casco antiguo de calles peatonales, con trazado urbano del siglo XIX. En la calle Nuestra Señora de la Oliva se conservan alguna viviendas típicas de pescadores, de principios del XX, con tejado a dos aguas y entramado de vigas de madera. Aunque los monumentos de esta localidad del Cádiz marítimo son naturales. Para colmo, tiene el aliciente de sus alrededores. Linda con Vejer de la Frontera por el norte y con Tarifa por el este. Porque, al sur y al oeste, todo es océano.

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