Sandra Hernández

Durante los primeros años tras la menopausia, una mujer puede perder hasta un 30% del colágeno cutáneo. No es una cifra alarmista: es la estimación que maneja la dermatología para explicar por qué tantas mujeres notan cambios tan rápidos en su piel en esa década. La Dra. Cristina de Hoyos, dermatóloga médico-quirúrgica especializada en dermatología estética, señala al gran responsable: «La caída progresiva de los estrógenos tiene un papel directo en la síntesis de colágeno, la hidratación y el grosor de la piel». Cuando disminuyen, los fibroblastos, que son las células que producen colágeno, funcionan peor y más lentamente.

La transición perimenopáusica empieza mucho antes de lo que la mayoría cree. A partir de los 40, muchas mujeres ya están en ese proceso, con niveles de estrógenos que fluctúan y descienden gradualmente. El resultado se ve en la piel: más fina, menos elástica, con mayor tendencia a arrugas y flacidez. Pero los estrógenos no son el único factor. Con la edad también aumenta el estrés oxidativo y la glicación, un proceso en el que el exceso de azúcares deteriora y vuelve más rígidas las fibras de colágeno y elastina.

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Hay hábitos cotidianos que destruyen el colágeno de forma silenciosa y que pocas mujeres asocian con el envejecimiento de la piel. «Muchas veces las pacientes piensan solo en lo que pueden conseguir con una crema, pero el colágeno también depende muchísimo del contexto metabólico y hormonal», explica la Dra. de Hoyos. El exceso de azúcar y ultraprocesados favorece la glicación. Dormir mal eleva el cortisol, una hormona que acelera la inflamación y el envejecimiento cutáneo. Y el estrés crónico afecta directamente a la capacidad de reparación de la piel y aumenta los radicales libres que dañan el ADN celular.

La lista de factores infravalorados continúa. El sedentarismo reduce la oxigenación y la circulación, mientras que el ejercicio moderado tiene un efecto protector documentado. Las dietas muy restrictivas o pobres en proteína privan al organismo de la materia prima necesaria para sintetizar colágeno. El alcohol en exceso favorece la deshidratación y la inflamación. E incluso la contaminación ambiental y la exposición continuada a pantallas y luz azul pueden aumentar los radicales libres que degradan el colágeno. Son factores que raramente aparecen en los artículos sobre cuidado de la piel pero que tienen un impacto real y observable.

Qué ingredientes tienen más evidencia científica

En cosmética tópica, los ingredientes con mejor evidencia para estimular la síntesis de colágeno son los retinoides —retinol, retinal y ácido retinoico—, considerados los más eficaces porque estimulan directamente la renovación celular. La vitamina C bien formulada participa activamente en la formación de colágeno además de ser antioxidante. Los alfa hidroxiácidos como el glicólico mejoran la textura y estimulan la remodelación dérmica. Y algunos péptidos biomiméticos tienen evidencia interesante, aunque más limitada que los retinoides.

En cambio, muchas cremas con colágeno generan expectativas que no pueden cumplir. «El colágeno tópico tiene moléculas demasiado grandes para penetrar profundamente; puede hidratar y mejorar la apariencia temporalmente, pero no sustituye el colágeno perdido», explica la Dra. de Hoyos. Hay también muchísimo marketing alrededor de ingredientes con estudios pequeños y sin gran evidencia científica. La niacinamida y el ácido azelaico ayudan sobre todo reduciendo inflamación y mejorando la función barrera, lo que indirectamente favorece una piel más sana, pero no estimulan la síntesis de colágeno de forma directa.

Lo que recomienda la dermatóloga a sus pacientes de 40

La alimentación y el estilo de vida influyen más de lo que se suele reconocer. «La piel es un reflejo del estado inflamatorio y metabólico del organismo», señala la Dra. de Hoyos. Sus recomendaciones concretas para pacientes de 40 incluyen priorizar proteína suficiente y de calidad, aumentar antioxidantes naturales como frutas rojas, verduras, aceite de oliva y frutos secos, reducir los picos de azúcar y ultraprocesados, mantener ejercicio regular especialmente de fuerza, dormir bien y ser constantes con la fotoprotección diaria. «El sueño es uno de los grandes tratamientos antiedad gratuitos», apunta.

El envejecimiento es inevitable, pero el ritmo al que envejece la piel sí puede modificarse. «No podemos detener completamente la pérdida de colágeno porque forma parte del envejecimiento biológico y hormonal, pero sí podemos ralentizarla de manera visible», explica la Dra. de Hoyos. La combinación de fotoprotección, retinoides, hábitos saludables y, en algunos casos, procedimientos dermatológicos como láser, radiofrecuencia o estimuladores de colágeno, puede mejorar densidad, textura y firmeza cutánea de forma objetiva.

La dermatología actual no busca parar el tiempo sino conseguir que la piel envejezca mejor y más lentamente. «No se trata de perseguir una piel de 20 años, sino de mantener una piel funcional, fuerte y saludable durante más tiempo», resume la Dra. de Hoyos. Y cuanto antes se empiece con hábitos consistentes, mayor es el beneficio acumulativo. No se trata de detener el envejecimiento, sino de llegar mejor a cada etapa.

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