Sentarse en loto parece el símbolo definitivo del yoga. Para muchas personas se convierte también en el origen de una lesión de rodilla que nadie esperaba. Mayte Zarzo, profesora de yoga en SHA Spain, lo advierte con claridad: «En yoga decimos que el loto debe florecer, no forzarse. Si hay dolor, ya no es yoga, es agresión«. Y sin embargo, cada año se producen lesiones evitables en rodillas, tobillos y caderas por intentar llegar a esta postura antes de que el cuerpo esté preparado para recibirla.
El error de partida es creer que el loto es un estiramiento de piernas. No lo es. «Requiere una rotación externa extrema de la cadera», explica Zarzo. Muscularmente, exige flexibilidad en los glúteos y los rotadores, y una gran movilidad en la articulación coxofemoral. Sin esa base, el cuerpo no puede llegar a la postura de forma segura, y lo que ocurre a continuación es predecible: busca el movimiento en la articulación más cercana disponible.
Esa articulación es la rodilla. Y ahí está el problema, y es bastante serio. «La rodilla es una articulación de bisagra, solo abre y cierra, no está diseñada para rotar», señala Zarzo. Cuando la cadera no abre lo suficiente y se fuerza el loto de todas formas, la rodilla asume una torsión para la que no tiene estructura. El daño puede ser casi inmediato: roturas de meniscos, distensiones de ligamentos, inflamación aguda. Son lesiones que en algunos casos tardan meses en resolverse y que pueden dejar secuelas.
Los tobillos también pagan el precio. Al forzar la postura, sufren una tensión excesiva en supinación que puede estirar de más los ligamentos laterales. Y en las caderas, si la estructura ósea del fémur choca con el acetábulo antes de que haya movilidad suficiente, pueden producirse pinzamientos que generan dolor crónico. Y al final, el problema no es solo uno: acaban sufriendo varias zonas a la vez.
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D.R.
A corto plazo, el cuerpo avisa con inflamación y dolor agudo. A largo plazo, las lesiones pueden volverse crónicas y limitar incluso el caminar. «No es un riesgo menor ni una molestia pasajera», advierte Zarzo. El tejido conectivo de rodillas y tobillos tiene una capacidad de regeneración limitada, y las lesiones acumuladas en estas zonas son de las más difíciles de revertir completamente. Básicamente, el cuerpo no olvida.
Cómo saber si estás preparada
Hay una prueba sencilla que Zarzo recomienda antes de intentar cualquier variante del loto. «Siéntate con las plantas de los pies juntas, en la postura de la mariposa«, explica. Si las rodillas quedan muy arriba, cerca de las axilas, las caderas aún no están listas. Si en cambio puedes bajar las rodillas al suelo con facilidad y mantener la espalda recta, puedes empezar a trabajar el medio loto. Esa diferencia entre una posición y otra es la diferencia entre un cuerpo preparado y uno que todavía necesita tiempo.
El camino hacia el loto no se recorre forzando sino abriendo. La apertura de cadera es un proceso lento que respeta la anatomía individual de cada persona, y esa anatomía varía enormemente: hay personas cuya estructura ósea nunca permitirá el loto completo, y eso no es un fracaso sino simplemente una realidad del cuerpo. Insistir en llegar a una postura para la que el cuerpo no está estructuralmente preparado no es perseverancia, es riesgo innecesario.
Lo que sí puede hacerse es trabajar las posturas preparatorias con paciencia. La mariposa, las aperturas de cadera en supino, las torsiones suaves y el medio loto son estaciones en ese camino que tienen valor en sí mismas, independientemente de si se llega al loto completo o no. Cada una de ellas mejora la movilidad de cadera, protege las rodillas y construye la base que la postura final requiere. Y ahí está la clave: el proceso ya es el objetivo, no hace falta llegar más lejos.
El loto es una de las posturas más reconocibles del yoga y también una de las más malentendidas. No es una medida del nivel ni un punto de llegada obligatorio. Es una postura que exige preparación, tiempo y honestidad con el propio cuerpo. Zarzo lo resume de una forma que no deja lugar a dudas: cuando el loto florece, no se siente esfuerzo. Si hay que forzarlo, el cuerpo todavía no ha llegado.












