Torrelaguna es famoso por muchos motivos. Para empezar, porque está en el valle medio del Jarama, al nordeste de la Comunidad de Madrid, rozando Guadalajara, en un entorno natural privilegiado, que le permitió ser la primera sede del Canal de Isabel II y, por tanto, rico en patrimonio hidráulico. Después, porque aquí nació el cardenal Cisneros en 1436, el hijo de hidalgos pobres procedentes de Cisneros (Palencia) que llegó a ser regente de Castilla y confesor de Isabel la Católica.
Y no solo es la patria de Cisneros. Aquí vino al mundo también, según algunas fuentes, María Toribia, que después sería Santa María de la Cabeza, esposa de San Isidro Labrador, quien se convirtió, por tanto, en habitante de la villa. Por si fuera poco, Torrelaguna tiene un casco histórico igualmente ilustre y digno de admiración. Por suerte, lo tenemos a algo menos de una hora de la capital, a un paso de Patones, el pueblo con más encanto de la región.
La plaza Mayor de Torrelaguna, a la que se accede atravesando los restos de la antigua muralla por el arco de San Bartolomé o la puerta del Sol, es un buen resumen de su excelencia, incluida la gastronómica, con el cordero y el lechazo asado como protagonistas. A ella se asoma el ayuntamiento, fundado por Cisneros como pósito o almacén de grano en 1514 para los tiempos de escasez, aunque luego sirvió como casa consistorial, cárcel, escuela, biblioteca y estación de telégrafos. De hechuras renacentistas con algún que otro elemento gótico, funciona actualmente como ayuntamiento.
Qué más ver en Torrelaguna
Este edificio civil comparte protagonismo con otro religioso, la iglesia de Santa María Magdalena, que no solo es uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica de la comunidad autónoma, sino que acoge los restos del poeta Juan de Mena, así como los de Alfonso Jiménez, el padre del cardenal. A destacar el llamado Cristo de Cisneros, donado por los Reyes Católicos. No faltan dos hornacinas con las imágenes de San Isidro y Santa María de la Cabeza.
El ayuntamiento, antiguo pósito, y la iglesia de Santa María Magdalena, en la plaza Mayor.
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A la plaza da también la abadía de Concepcionistas Franciscanas (1560), que patrocinaron Hernán Bernaldo de Quirós y su esposa, Guiomar de Berzosa. Fue bombardeada durante la guerra civil española y reconstruida en 1960 por el Patronato Nacional de Regiones Devastadas. Corona el conjunto, ya a la intemperie, la Cruz de Cisneros, colocada en 1802 sobre el lugar donde estuvo su casa natal. Es el homenaje de la villa a las contribuciones del que fuera arzobispo de Toledo, inquisidor general de Castilla, regente de España a la muerte de Fernando el Católico y gran mecenas.
Torrelaguna, escenario de cine
A Cisneros se debe su aportación a la construcción de la iglesia parroquial, la fundación de un hospital, la conducción del agua, el pósito, el convento franciscano de la Madre de Dios, que desarrolló una importante labor cultural e intelectual -solo está en pie su espadaña-, y diversos mecenazgos y obras benéficas. No hay que olvidar que es el fundador de la Universidad de Alcalá, la vieja Complutense, clave para entender el Siglo de Oro.
Antes de perdernos por las calles y rincones de Torrelaguna, cabe decir que fueron escenario de la película Orgullo y pasión (1957), dirigida por Stanley Kramer y con Sophia Loren, Frank Sinatra y Cary Grant como protagonistas. Aún se ven restos de la antigua muralla del siglo XV; la alhóndiga, de la misma época, con su entramado de madera; y un buen número de casonas y palacios que hablan a gritos de su esplendor.
La alhóndiga de Torrelaguna se convirtió con el tiempo en almacén de sal.
TURISMO TORRELAGUNA
Entre estos palacios, destaca el Palacio Arteaga o del Infantado, datado entre los siglos XVII y XVIII y perteneciente a esta distinguida familia. Fue adquirido por el Canal de Isabel II en subasta pública en 1853 y convertido en su sede administrativa hasta 1992. Sus dependencias alojaron nada menos que a Isabel II, el general Espartero y los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII.
La Casa de San Isidro
Algo más antiguo, del XVI, es el Palacio Salinas, aunque solo conserva de entonces su fachada, porque también fue arrasado durante la guerra civil. A la Casa Vargas se la conoce también como Casa de San Isidro, pues todo apunta a que fue propiedad de la familia para la que trabajó el santo. Por desgracia, no nos ha llegado nada de aquella época; sí una fachada, renacentista como la anterior.
En la plaza de la Montera se ven dos casas típicas castellanas.
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Hay dos casas solariegas en la plaza de la Montera que son buenos ejemplos del estilo castellano, en ladrillo y piedra y con cuevas-bodegas en su interior, algo habitual en todo el casco histórico. La calle Cava muestra algunos buenos ejemplares de casas o palacetes, lo mismo que la Cisneros, conocida como la calle de los Sastres.
No está de más dejarse caer por la ermita de Nuestra Señora de la Soledad o de la Vera Cruz, a la salida de la villa por la zona este, que fue construida en el siglo XV sobre un antiguo humilladero. O por el barrio del Arrabal, que conserva todo su encanto. Para ello, hay que abandonar el recinto amurallado por la puerta del Berrueco y cruzar el arroyo Matachivos por el puente medieval.
Dos rutas de senderismo
Como es primavera, los campos están en flor y todo se pone machadiano, lo suyo es enfilar alguna ruta de senderismo por los alrededores. Por ejemplo, la que discurre por el GR-10, entre Torrelaguna y Patones de Arriba. Un recorrido circular de 16 kilómetros, en el que se invierten unas cinco horas.
Otra opción es la que sale del Pontón de la Oliva, una impresionante obra de ingeniería hidráulica del Canal de Isabel II, hacia la presa de la Parra, que discurre en paralelo al último tramo del río Lozoya por unos paisajes realmente sorprendentes. Se trata del GR-88, un trayecto de 16 kilómetros también. Como todo tramo del GR, está perfectamente señalizado con marcas rojas y blancas.












