
Mi edad, 45 años, me permite tener un elogioso recuerdo sobre la adaptación que, en 1995, Ang Lee hizo de la primera novela de Jane Austen. Sentido y sensibilidad fue también mi primera incursión en el universo de la escritora británica y todo me fascinó: el vestuario, esa elegante forma de hablar, los palacios en los que vivían, las frivolidades (y no tanto) que les preocupaban, la campiña inglesa, el triunfo del amor y un Hugh Grant tan gracioso como en Cuatro bodas y un funeral pero con el cuello de camisa almidonado. Si además sirvió para que Emma Thompson se convirtiese en la única actriz en tener un Oscar a la mejor interpretación y al Mejor guion adaptado y diese un discurso fantástico, no se puede pedir más.
Con todo esto, no era yo de las que estaba muy emocionada con la nueva adaptación que llega hoy a los cines, una historia que, de una forma u otra, se ha llevado a la pantalla una decena de veces en el último medio siglo. Cuando salí del pase de prensa comprendí que, quizá, cada generación necesite una revisión de este clásico inmortal, adaptada (de una u otra forma) a sus códigos, no a su lenguaje (afortunadamente) pero sí a cierta forma de ver la vida y las relaciones familiares y sociales, que no son las mismas que las de hace tres décadas.
El Sentido y sensibilidad de Georgia Oakley, que ha adaptado junto a Diana Reid, es una película visualmente impecable, con dos protagonistas unidas por una química preciosa y una historia en la que lo importante (lo más importante) no es ceremonia de la confusión sentimental entre las Dashwood y los hombres que se cruzan en sus vidas, sino la dicha de tener a tu lado a una persona que siempre está, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, y que a esa persona te una un vínculo biológico y emocional tan indestructible como conmovedor.
Las fuerzas de la naturaleza
Con Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles como Elinor y Marianne Dashwood respectivamente, la nueva adaptación de Sentido y sensibilidad cuenta con caras conocidas como George McKay en el papel de Edward Ferrars, Caitriona Balfe interpretando a la señora Dashwood y Fiona Shaw como la señora Jennings, entre otros. Un reparto al que se le podría poner alguna pega, tal vez McKay no sea tan carismático como aquel Hugh Grant, quizá Balfe resulte demasiado joven para un papel que siempre han interpretado actrices más mayores (lo cual podría haber sido históricamente erróneo), y al que sin embargo resulta imposible ponerle una pega tras ver la película.
Bodhi Rae Breatnach como Margaret Dashwood y Caitriona Balfe como la señora Dashwood en una imagen de Sentido y Sensibilidad.
(Universal Pictures)
La adaptación de Sentido y sensibilidad de Oakley demuestra que las historias de Jane Austen no pierden vigencia con el paso de los años y, al igual que sus libros siguen vendiéndose en las librerías, las ocasiones en las que se transforman en un producto audiovisual pueden ser certeras e interesantes. La fotografía de esta nueva versión gana protagonismo sobre las anteriores y al igual que Bodhi Rae Breatnatch, la pequeña de las Dashwood, se presenta como un verso libre alejado de las preocupaciones de sus hermanas, el entorno que las rodea es un elemento fundamental a la hora de construir el largometraje menos refinado que su predecesora y más acertado tal vez en la construcción decimonónica.
Elinor y Marianne son dos mujeres diferentes y complementarias, que deben afrontar una existencia que nada tiene que ver con su pasado cuando su padre fallece y la casa en la que viven pasa a manos de su medio hermano, John. Es entonces cuando su hogar se llena de gente extraña dispuesta a hacerles la vida imposible, como la mujer del heredero, a robarles el corazón, como el hermano de ésta, o a acercarles a esa vida que ya no les parece suya y llevarles a Londres para que encuentren una tabla de salvación en forma de marido, como es el caso de la señora Jennings.
Esmé Creed-Miles como Marianne Dashwood en una imagen de Sentido y Sensibilidad.
(Universal Pictures)
Pero antes, tendrán que abandonar su querida mansión para establecerse en una casa de campo, más bien una cabaña, en la que los lujos escasean tanto como el espacio. Las cuatro Dashwood afrontarán con toda la entereza posible su destino, Elinor añorando noticias sobre el joven con el que tanto parecía tener en común pero sin demostrarlo, Marianne tratando de encontrar a quien le conquiste con la pasión y el desenfreno con el que vive su propia vida. Un contraste que dará lugar a desencuentros pero que no será capaz de destruir el hermoso vínculo que las une.
Divertida y romántica, Sentido y sensibilidad es una película que, a través de un diseño de producción tan personal como interesante, apela a la juventud de las Dashwood, y a la rebeldía de Marianne, para crear una historia que recupera el espíritu de su autora y que, más de dos siglos después de su publicación, continúa resultando interesante. Una obra en la que el gancho son los anhelos sentimentales pero su verdadera razón de ser es la relación entre sus protagonistas.
Y conozcas Sentido y sensibilidad por la película de Ang Lee, la hayas leído o hayas visto alguna de sus adaptaciones televisivas, tiene el poder de resultar novedosa y emocionante. Y si no lo has hecho, porque eres demasiado joven o te resistías a ello, es la puerta de entrada a un universo tan maravilloso como inagotable.












