
Con el otoño, muchas mujeres vuelven a organizar su semana de ejercicio y se preguntan si elegir entre pilates o pesas. Teresa Vázquez de Castro, product manager de Club Pilates España, lo tiene claro: no hace falta elegir. Cada disciplina aporta algo distinto. El pilates, explica, ayuda a controlar mejor el cuerpo, a moverse con más soltura y a ganar estabilidad y coordinación. También trabaja la musculatura profunda y algo que ella llama «la conciencia del movimiento».
La fuerza cubre otra parte. «El entrenamiento de fuerza permite desarrollar masa muscular, fortalecer los huesos y mejorar la capacidad funcional», señala Vázquez de Castro. Por eso tiene sentido juntarlas. «Combinar ambas disciplinas ayuda a trabajar tanto la calidad del movimiento como la capacidad de generar fuerza», añade. Dicho de forma sencilla, una enseña a moverse bien y la otra da la potencia para hacerlo.
Para la experta, la mezcla resulta especialmente interesante en las mujeres. «Permite trabajar de manera complementaria la masa muscular, la movilidad, el equilibrio y el control corporal», explica. Son justo las capacidades que más se resienten si se entrena solo una cosa. Quien hace únicamente pesas puede perder movilidad. Y quien solo hace pilates puede quedarse corta de carga para ganar músculo.
¿Y qué cambia cuando se combinan con constancia? Vázquez de Castro lo ve en sus alumnas. «Cuando las alumnas incorporan ambas disciplinas a su rutina y mantienen una práctica constante, pueden experimentar mejoras en su fuerza, postura, coordinación y confianza al moverse», asegura. Eso sí, insiste en que los resultados dependen también de la regularidad, del descanso y de que el entrenamiento se adapte a cada mujer.
Cómo organizar la semana
La pauta que propone es sencilla. «Una buena opción es realizar entre dos y tres sesiones semanales de entrenamiento de fuerza y otras dos o tres de pilates», explica. Siempre, matiza, ajustando la frecuencia al nivel, los objetivos y el tiempo de cada persona. No hace falta llegar a seis sesiones desde la primera semana. Se puede empezar por dos de cada y subir poco a poco.
Las dos disciplinas pueden ir en días distintos o compartir jornada. Si se juntan, la experta aconseja dar prioridad a la sesión que responda al objetivo principal y dejar tiempo suficiente para recuperarse. Quien busca ganar músculo, por ejemplo, haría primero la fuerza. «Lo importante es encontrar una distribución sostenible que permita progresar sin acumular una fatiga excesiva», resume.
¿Esterilla o reformer? Para Vázquez de Castro, cualquier modalidad de pilates puede complementar un programa de fuerza. La esterilla trabaja el control y la estabilidad con el propio peso, el reformer añade resistencias ajustables y los accesorios dan variedad y retos concretos. «No existe una modalidad universalmente mejor», señala. La elección depende de los objetivos, la experiencia previa y lo que necesite cada persona.
Los errores más comunes
El primer error es creer que más es mejor. Mucha gente piensa que cuantas más sesiones haga, más resultados verá, y no funciona así. Si se entrena de más, no se respetan los descansos o se sube la intensidad muy deprisa, llega un cansancio que no hace falta y cuesta más recuperarse, advierte Vázquez de Castro. Al final, se avanza menos que con una semana bien repartida.
Tampoco ayuda pensar que todas las sesiones tienen que ser duras para servir de algo, descuidar la técnica o no adaptar los ejercicios a cada cuerpo. Vázquez de Castro lo resume en una idea: «La clave está en progresar de manera gradual, escuchar al cuerpo y entender que el descanso también forma parte del entrenamiento». Un día de pilates suave o de descanso total también suma.
La fórmula, en definitiva, no tiene secretos. Dos o tres días de fuerza, dos o tres de pilates y descanso entre medias, todo ajustado al nivel de cada una. Lo que marca la diferencia, según la experta, es mantenerlo en el tiempo, progresar con calma y adaptar el plan a cada mujer. El otoño, con la rutina ya asentada, es buen momento para empezar.












