Sandra Hernández

La cara interna del muslo es una de las zonas que más preocupan estéticamente a muchas mujeres a partir de los 45 y también una de las más difíciles de trabajar. Las sentadillas convencionales la activan poco. Los ejercicios de aducción en máquina aíslan demasiado el movimiento, pero no siempre mejoran cómo se mueve el cuerpo en el día a día. Y muchas variantes generan una presión en la rodilla que, a esta edad, no siempre se tolera bien. José Ruiz y Patricia Vera, expertos en entrenamiento personal del canal Malagaentrena, señalan la sentadilla sumo como una de las soluciones más completas: «Bien ejecutada puede ser una herramienta muy útil para mejorar fuerza, estabilidad de cadera, control del core y sensación de firmeza en la parte interna del muslo».

La diferencia entre la sentadilla sumo y la convencional está en la posición de los pies y de la cadera. En la sumo, la separación de los pies es mayor y las puntas miran más hacia fuera. «Esa apertura cambia el ángulo de trabajo de la cadera y obliga a los aductores, que son los músculos de la cara interna del muslo, a participar más en el movimiento», explican. Estos músculos no solo sirven para cerrar las piernas: también ayudan a estabilizar la pelvis y controlar la cadera durante la bajada y la subida. El resultado es un ejercicio que sigue trabajando glúteos, cuádriceps e isquiotibiales, pero con un estímulo mucho más marcado sobre el interior del muslo.

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La posición abierta también modifica el reparto de carga sobre la rodilla. «Al tener los pies más separados y las puntas hacia fuera, muchas mujeres pueden bajar manteniendo mejor la alineación entre cadera, rodilla y pie», señalan Ruiz y Vera. La clave es que la rodilla acompañe la dirección de la punta del pie sin colapsar hacia dentro. Cuando eso ocurre, el esfuerzo se reparte mejor entre cadera, glúteos y aductores, y la articulación de la rodilla recibe menos carga que en otras variantes mal adaptadas a la movilidad de cada persona.

A partir de los 45, la sentadilla sumo tiene además un valor funcional que va más allá de la estética. «No buscamos solo endurecer el muslo. Buscamos mejorar la función: que la cadera sea más fuerte, que la pelvis sea más estable, que el abdomen acompañe el movimiento y que la persona gane seguridad en acciones diarias como levantarse, subir escaleras, agacharse o cargar peso«, explican. Para hacerla bien hay que controlar el abdomen, mantener la espalda estable, abrir la cadera sin perder alineación y empujar el suelo con los pies de forma equilibrada. Ese trabajo conjunto activa glúteos, aductores, abdomen profundo y musculatura estabilizadora de la pelvis.

Los errores que más comprometen la rodilla y la espalda

El error más frecuente es abrir demasiado los pies sin tener suficiente movilidad de cadera. Cuando ocurre, el cuerpo compensa con la espalda o con las rodillas. «La clave no es abrir más, sino encontrar una posición estable y cómoda para cada persona», advierten Ruiz y Vera. Dejar que las rodillas se vayan hacia dentro durante la bajada es otro error habitual: genera molestias en la articulación y reduce la activación correcta de glúteos y aductores. La referencia básica es que las rodillas sigan siempre la dirección de las puntas de los pies.

Inclinar demasiado el tronco hacia delante o redondear la zona lumbar también son fallos frecuentes que aumentan la tensión en la espalda baja y hacen que el ejercicio pierda eficacia. La columna debe mantenerse estable, con el abdomen activo y el pecho abierto. Y bajar más de lo que la movilidad permite es otro error que conviene evitar: en muchas mujeres, al principio es mejor trabajar un rango más corto, controlado y sin dolor. La sentadilla sumo puede hacerse primero solo con el peso corporal, después con una mancuerna o kettlebell, y más adelante con más carga si la técnica es buena.

Los resultados que se observan cuando se hace bien

Los cambios que Ruiz y Vera observan cuando la técnica es buena son concretos: mayor sensación de fuerza en piernas, más estabilidad al moverse, mejor control de la cadera y una mejora progresiva en la zona interna del muslo. Pero aclaran algo importante: no existe un ejercicio que elimine grasa localizada. «Para mejorar la composición corporal hace falta combinar fuerza, alimentación adecuada, actividad diaria y constancia. La sentadilla sumo ayuda a construir músculo y mejorar el tono, pero el cambio visible llega cuando se acompaña de un programa completo».

La sentadilla sumo es útil precisamente porque combina fuerza, estabilidad, movilidad de cadera y trabajo del interior del muslo en un solo movimiento, pero lo ideal es integrarla dentro de una rutina completa de piernas y glúteos. No debería ser el único ejercicio para trabajar el interior del muslo, sino una pieza dentro de un programa bien diseñado. Para una mujer de 45 años, lo más valioso no es hacer ejercicios extremos sino elegir movimientos seguros, efectivos y sostenibles.

La sentadilla sumo reúne esas tres condiciones. Permite trabajar una zona que preocupa a nivel estético desde un enfoque funcional y saludable, sin comprometer articulaciones que a esta edad requieren más cuidado. A partir de los 45, suele dar mejores resultados elegir ejercicios seguros y sostenibles que perseguir rutinas agresivas o difíciles de mantener en el tiempo.

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