Ángeles Castillo

A Getaria se llega desde San Sebastián, por ejemplo, por un ruta apasionante que va revelando con rotundidad marítima la belleza de la costa vasca. Después de pasar Zarautz y antes de arribar a Zumaia, se halla el pueblo que vio nacer a Juan Sebastián Elcano (1486-1526), primer hombre en dar la vuelta al mundo, y al diseñador entre los diseñadores, Cristóbal Balenciaga (1895-1972). Si a este último se le rinde homenaje con el Museo Balenciaga, un hito en el mundo de la moda, al navegante se le honra con dos estatuas, una de mármol y otra de bronce, además de con un monumento que se alza sobre uno de los bastiones de la antigua muralla.

Getaria es un pueblo de pescadores en toda regla, pero también una villa medieval, una de las más antiguas de la provincia, fundada por Sancho VI de Navarra a finales del siglo XII. Concentra todo el encanto marinero del Cantábrico, erigida como está sobre la orilla como una gran atalaya. Las vistas son excepcionales desde los miradores que salpican el casco antiguo, pero también desde el legendario monte San Antón o cualquiera de sus cuatro barrios rurales, Askizu, San Prudencio, Eitzaga o Meaga, rodeados de los viñedos que dan el txakoli. Hay que abrir los ojos bien en esta zona del mapa.

TAMBIÉN TE INTERESA

Hemos dicho monte San Antón, como los getariarras, y no ratón de Getaria, como se le conoce fuera de sus fronteras por su forma y la manera en la que se adentra en el mar alargando su cola, en la que se aloja el muelle y va extendiéndose la villa. Un puesto de vigilancia que fue estratégico para avisar sobre la llegada de galernas o tormentas; avistar ballenas, actividad económica principal hasta final de la Edad Media; advertir la presencia de corsarios y controlar el tráfico naval de los puertos cercanos.

El mar de Getaria y sus playas

No es de extrañar porque desde San Antón se contempla el litoral vasco entero, desde el cabo Higuer, el más oriental, en el término de Hondarribia (Guipúzcoa), hasta Matxitxako, en Bermeo (Vizcaya). También es el balcón desde el que observar las laderas erosionadas por el fenómeno geológico del flysch, que resulta espectacular en el tramo entre Zumaia, escenario de Juego de Tronos, Deba y Mutriku, designado Geoparque Mundial por la Unesco.


El monte San Antón, conocido como el ratón de Getaria.


GETARIA TURISMO


En el ratón de Getaria está el faro, construido en 1862 sobre los restos de la antigua ermita de San Antón, que aún hace señales a los barcos. A su lado, puede verse la caseta de la atalaya, conocida como Katxapo. Como le pasa a San Juan de Gaztelugatxe, salvando las distancias, esto es un paraíso en verde en el que adentrarse a través de una pequeña ruta de senderismo que sale del puerto, a las faldas del propio monte, y llega a lo más alto. Abajo, esperan con paciencia veraniega sus playas de arena dorada: Malkorbe, de aguas tranquilas, y Gaztetape, de aguas bravas, un reclamo para surfistas.

Qué ver en Getaria

En resumidas cuentas, todo tiene sabor a mar en esta localidad guipuzcoana. Empezando por su puerto y su flota pesquera, que son palabras mayores, con una cohorte de restaurantes y asadores alrededor con las brasas preparadas para darle al pescado fresco su punto, rodaballo a poder ser, regado con un txakoli. Y terminando -por lo que tiene de fin de fiesta- con el desembarco de Elcano, que se escenifica desde 1922 y cada cuatro años el 6 de septiembre. Y este año toca, coincidiendo además con los 500 años de la muerte del célebre marino. Aviso a navegantes, Getaria tiene fama de ser donde mejor se come de toda España.


Getaria es una atalaya verde sobre el mar azul.


GETARIA TURISMO


Como cabe imaginar, Getaria cuenta con un centro histórico de altura, de trazado medieval y con las huellas de haber sido un recinto fortificado. Se ve claramente en el pasadizo de Katrapona, que atraviesa la iglesia de San Salvador y conecta la calle Mayor con el puerto. Hoy nos parece la mar de pintoresco, pero fue parte integrante del sistema defensivo.

Una iglesia fortaleza y casas torre

San Salvador tiene, asimismo, el porte de una fortaleza y está considerado una de las grandes joyas góticas del País Vasco. Entre sus muros se celebraron las primeras Juntas Generales de Guipúzcoa el año 1397. Aunque no toda ella es del siglo XIV porque fue ampliándose posteriormente y tuvo que ser reparada tras sufrir daños importantes durante las guerras carlistas.

Las casas-torre de piedra, que pertenecieron a la nobleza, evocan el esplendoroso pasado de esta villa centenaria e inundan todo Getaria. La primitiva torre de Zarautz Jauregia, del linaje de los Zarautz, es de la época en que se reorganizó lo que era la antigua aldea. Después pasó por distintas fases, incluido el abandono, hasta ser escabechería, cuartel militar o la oficina de turismo, sala polivalente y museo que es a día de hoy.


Getaria es un puerto pesquero de los más sobresalientes del Cantábrico.


MAEL BALLAND/PEXELS


Los palacios, casas nobiliarias y torres con mucho que contar son numerosas. La torre Aldamar, junto a las murallas, único vestigio del complejo palaciego de la familia; el palacio Indianokua, emblema del barroco y símbolo del poder económico de sus propietarios; el palacio de los Romero-Echave-Asu, sorprendentemente neoclásico y con escudo esquinero; la Antigua Casa Consistorial, asimismo neoclásica, junto al actual ayuntamiento, de estilo neovasco; o la residencia del Capitán Martín de Mirubia, casi de leyenda.

Tras las huellas de Balenciaga

Pero si hay una casa en Getaria que se lleva todas las miradas y los elogios es el palacio Aldamar, conocido como Bista Ona, por sus buenas vistas. Un elegante edificio de ladrillo esmaltado bicolor y con los aleros típicos de la arquitectura balnearia de finales del XIX que domina la parte vieja desde su posición privilegiada. El palacio, ampliado con una moderna estructura, es desde 2011 el Museo Balenciaga, dedicado a la figura del diseñador y a su impacto en el mundo de la moda.


El palacio Aldamar es la sede del Museo Balenciaga.


GETARIA TURISMO


Y no podía haber un sitio mejor pues, más allá de sus bondades geográficas y estéticas, esta fue la residencia veraniega de los marqueses de Casa Torres, abuelos de la reina Fabiola de Bélgica y mentores de Cristóbal Balenciaga en los inicios de su trayectoria profesional. Su madre, Martina Eizaguirre Enbil, trabajaba como modista para esta familia. Los Balenciaga, por su parte, vivían en la calle Aldamar, en una casa típica del barrio de pescadores, que el genio creativo abandonó para trasladarse a San Sebastián, donde aprendió el oficio de sastre antes de recalar, marinero a su manera, en París.

NO TE PIERDAS