Sandra Hernández

Sentirse hinchada es algo que nos pasa a muchas más veces de las que nos gustaría reconocer. A veces aparece al final del día, otras justo después de comer, y no siempre está claro por qué. Aunque solemos pensar que es algo puntual, en realidad suele tener bastante que ver con cómo comemos y con ciertos hábitos que repetimos casi sin darnos cuenta.

Desde el Equipo de Nutrición de ZEM Wellness Clinic Altea explican que detrás de esa sensación suelen estar la acumulación de gases o la retención de líquidos, dos factores muy comunes pero que no siempre identificamos.

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También influye —y bastante— el ritmo al que comemos. Comer deprisa, masticar poco o incluso hablar mientras estamos comiendo puede hacer que traguemos aire, lo que luego se traduce en más hinchazón. A esto se suman otros factores, como una digestión algo más lenta de lo habitual o pequeños desequilibrios intestinales. «En consulta vemos que rara vez hay una sola causa», explican desde el equipo, «sino una combinación de hábitos que, poco a poco, terminan pasando factura».

Los mejores alimentos para deshincharte

La buena noticia es que hay alimentos antiinflamatorios que pueden ayudar a que todo funcione un poco mejor, pero tampoco son milagrosos. No se trata de hacer grandes cambios de un día para otro, sino de ir incorporando pequeños gestos. El jengibre, por ejemplo, estimula la digestión. El pepino, por su parte, ayuda a mantener una buena hidratación y resulta especialmente ligero.

Algo parecido ocurre con los alimentos fermentados, como el yogur natural o el kéfir, siempre que nos sienten bien. Contribuyen a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal, que tiene mucho que ver con cómo digerimos. La piña también puede ser útil gracias a la bromelina, y verduras como la espinaca o la rúcula —con ese punto ligeramente amargo— suelen favorecer digestiones más cómodas, tal y como señalan desde ZEM Wellness Clinic Altea.


ZEM Wellness Clinic Altea.


D.R.


Más allá de los alimentos concretos, hay un aspecto que muchas veces pasamos por alto: cómo comemos. Dedicar un poco más de tiempo a las comidas, evitar platos excesivamente pesados o no mezclar demasiadas cosas a la vez puede ayudar más de lo que parece. «El contexto influye tanto como la elección de alimentos», recuerdan desde el equipo de nutrición.

Y luego están esos pequeños hábitos que parecen inofensivos, pero no lo son tanto. Beber refrescos con gas con frecuencia, mascar chicle o no hidratarse lo suficiente puede favorecer esa sensación de hinchazón. También el exceso de productos ultraprocesados, especialmente los ricos en sal, influye más de lo que pensamos. Son detalles fáciles de ajustar que, con el tiempo, se notan.

Como idea práctica, porque muchas veces no sabemos cómo aterrizar toda la teoría, un día tipo podría empezar con algo sencillo, como un yogur con frutos rojos y un poco de jengibre.

A mediodía, una ensalada ligera con hojas verdes, pepino y alguna proteína fácil de digerir. Por la tarde, una infusión, y por la noche, pescado con verduras. Sin complicaciones. Al final, más que seguir normas estrictas, se trata de encontrar un equilibrio que te haga sentir bien de verdad.

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