
Aunque pueda parecer ciencia ficción, los diamantes creados en laboratorio existen. De hecho, están presentes en el mundo de la joyería desde 1954, cuando el químico estadounidense Tracy Hall y su equipo de General Electric en Nueva York diseñaron el primer diamante sintético reproducible. Y aunque muchos puedan considerarlos una imitación, la realidad es que no lo son: comparten la misma composición química, estructura cristalina, dureza y propiedades ópticas que su versión extraída de la naturaleza. La única diferencia es que no tienen el mismo origen ni antigüedad.
Mientras los naturales se extraen de las minas, los otros se crean y tallan en un laboratorio mediante un proceso que reproduce las condiciones de su formación natural. Firmas como Swarovski han querido apostar por esta tecnología para ampliar su universo joyero y acercar estas piedras preciosas a un público más amplio.
La firma joyera austríaca lleva desde 1895 haciendo del brillo de sus cristales su seña de identidad y abrazando los avances que llegan al sector joyero. Fue en 2018 cuando sus maestros empezaron a incorporar esta innovación a sus creaciones, pero hasta ahora las joyas con esta tecnología no habían aterrizado en España. Swarovski Created Diamonds, compuesta por tres líneas de inspiración diferente, Eternity, Galaxy y Octagon, hace de estos diamantes de laboratorio su material central.
Los diamantes que protagonizan cada una de las joyas de Swarovski Created Diamonds están concebidos en un laboratorio que reproduce las condiciones de la naturaleza en las que pueden generar estas piedras. Si bien un diamante puede tardar en formarse entre 1.000 y 3.300 millones de años en la naturaleza (de ahí su rarezas), en un laboratorio este proceso se agiliza con creces. Para un diamante de un quilate el tiempo estimado es de dos semanas.
Swarovski, en cuanto a diamantes se refiere, hoy solo trabaja con aquellos que son creados en laboratorios utilizando energía 100% renovable. Una vez creados a partir de una pequeña semilla de carbono, la firma talla y pule cada una de estas piedras con precisión para potenciar al máximo su brillo y luminosidad.
Diamantes con certificación
Además, para autentificar la procedencia artificial de estas piedras, cada uno de los diamantes se somete a la evaluación del Instituto Gemológico Internacional (IGI), uno de los laboratorios gemológicos más grandes del mundo. Los parámetros que utilizan son los mismos que determinan la pureza de un diamante de procedencia natural: las 4C, es decir, la talla (cut), el color (color), la pureza (clarity) y el peso en quilates (carat weight). Según las imperfecciones que presenten estos diamantes, muchas veces perceptibles solo a través de un microscopio, serán considerados más o menos puros.
El color, la segunda de las 4C, es uno de los factores más importantes en la determinación de su pureza y valor. Cuanto mayor sea la ausencia de color, mayor será también su calidad. En los diamantes de laboratorio que utiliza Swarovski tan solo son escogen aquellas piedras que catalogan como incoloras, es decir, con la menor presencia de color posible. Un factor esencial que demuestra la calidad de las piedras que utiliza la firma austríaca.
(Swarovski)
Swarovski Created Diamonds representa la evolución natural de una firma que desde 1895 combina innovación, savoir-faire y artesanía. Esta vez, acercando los diamantes a una nueva generación de consumidores de lujo que podrá escoger libremente si prefiere optar por adquirir un diamante de procedencia natural o uno creado mediante un proceso controlado de laboratorio, como los de la firma austríaca. La diferencia a simple vista es imperceptible.
«A nuestro fundador, Daniel Swarovski, le apasionaba la idea de hacer del lujo un mercado accesible para todos los bolsillos», aseguran desde la propia marca. La incorporación de estos diamantes es un avance más hacia el propósito que deseaba su fundador.









