Diego Rueda

«La verdadera elegancia requiere un toque de descuido». Hubert de Givenchy tenía bastante claro que las mujeres que parecen vestir sin haber dedicado demasiado tiempo a elegir su estilismo despiertan una fascinación especial. Y sí, es una realidad: la estética effortless es un ideal recurrente dentro de la industria de la moda. Aunque la diferencia está en cómo se construye la imagen, entre un conjunto sencillo y otro que proyecta seguridad a través de la coherencia y la personalidad. Entonces, ¿por qué nos atrae tanto la idea de que la elegancia pueda surgir de forma natural?

Carolyn Bessette-Kennedy fue una de las mujeres que tradujo la sencillez a su propio lenguaje, sobre todo a través de su relación profesional con Calvin Klein y del minimalismo de los años noventa. Un concepto que comparte con Kate Moss y su característico heroin chic, donde las camisas blancas, los vaqueros rectos y los vestidos lenceros para la noche se convierten en su particular biblia de la moda. Quizá la repetición de determinados códigos formara parte de su imaginario, pero también lo hacía la dificultad de reproducir esa aparente naturalidad que las distinguía.

¿Y qué ocurre con las nuevas generaciones? Sofia Richie forma parte de esa nueva estética de elegancia discreta, especialmente por su vinculación con el llamado lujo silencioso, que parece estar más en auge que nunca. A través de siluetas depuradas, tonos neutros y conjuntos coordinados, se ha convertido en todo un referente en redes sociales de un concepto estilístico que está marcando una nueva era en la moda.

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    Diego Rueda

De hecho, las similitudes entre ambas generaciones responden a una misma fantasía, construida a través de las proporciones, el equilibrio y la ausencia de logotipos evidentes. Aunque también hay que comprender la diferencia entre la reserva de Bessette y la exposición digital de Richie. Décadas después, ambas representan una misma idea estética que sigue inspirando nuevas interpretaciones. Sin embargo, cuanto más deseamos que un estilo parezca espontáneo, más intentamos descifrar sus reglas.

El esfuerzo del lujo por parecer natural

Hay que subrayar que la sencillez exige una precisión milimétrica, sobre todo en lo que respecta al corte y las proporciones de un conjunto aparentemente básico. La clave reside en los materiales, las texturas y esos pequeños detalles que consiguen que todo encaje. No olvidemos que una camisa masculina, al más puro estilo de Carolina Herrera, o unos vaqueros pueden ser la fórmula perfecta para crear una imagen que parezca sencilla y, al mismo tiempo, derroche estilo.

La naturalidad también se construye porque, sí, hay un trabajo detrás de una imagen aparentemente espontánea: nada es casual. La elección de prendas que favorecen la silueta suele ser una de las claves del éxito, pero también lo es el beauty look que acompaña al conjunto. Sofia Richie, gran amante del clean look, es un ejemplo de cómo cada elemento contribuye a construir una imagen coherente. La paradoja reside en dedicar tiempo a conseguir que parezca que todo surge de manera casual, sin esfuerzo ni planificación.

Carolyn Bessette-Kennedy y John F. Kennedy Jr., en una imagen de archivo.

Carolyn Bessette-Kennedy y John F. Kennedy Jr., en una imagen de archivo.


(GTRES)

Tampoco deberíamos olvidar que el lujo no tiene que demostrar nada. Ahí reside el diálogo entre la discreción estética y el estatus social. La calidad y los materiales de las prendas sustituyen al logotipo como señal de distinción. De hecho, convendría preguntarse si esa aparente sencillez es realmente universal o si también constituye una forma de expresar que se pertenece a un escalafón de mayor privilegio.

Sofia Richie en la Gala Anual del Museo de la Academia de 2026.

Sofia Richie en la Gala Anual del Museo de la Academia de 2026.


(GTRES)

Sin embargo, el gran riesgo de este estilo es la viralidad y su conversión en una tendencia más, hasta terminar convertido en un uniforme aburrido e insulso que pierde parte de aquello que hacía especiales los armarios de las celebridades que lo popularizaron. La paradoja de la elegancia reside, precisamente, en escapar de las tendencias para acabar generando una nueva. Un riesgo de esa búsqueda de naturalidad que puede terminar convirtiéndose en una falsa fantasía.

La fantasía de lo espontáneo

Rosie Huntington-Whiteley, Hailey Bieber y Carlota Casiraghi son algunas de las referentes de una industria que cambia constantemente, pero que ellas observan desde una fidelidad a su estilo personal. La gracia de este código reside en construir una identidad estética sin depender de la novedad permanente, algo que, en ocasiones, puede resultar demasiado banal. Hay que entender la diferencia entre admirar una imagen y convertirla en una fórmula que pierde personalidad cuando todo el mundo la reproduce.

El estilo no depende exclusivamente de llevar prendas básicas o marcas discretas, sino de mantener una coherencia personal que se convierta en el elemento reconocible de una forma de vestir. Sin duda, un bolso artesanal de gran calidad podría ser el complemento perfecto dentro de este universo, junto con otros accesorios. Sin embargo, no olvidemos que la sencillez también puede convertirse en una imagen aspiracional en contextos muy diferentes. Entonces, ¿nos fascinan las mujeres que parecen no esforzarse para vestir bien porque admiramos su estilo o porque nos gusta creer que la verdadera elegancia no necesita esfuerzo?