La Fórmula 1 tiene un plan de carreras pactado meses antes del inicio de la temporada; el del año próximo, por ejemplo, se anunció el pasado 16 de septiembre. Pero los imprevistos pueden y modifican el calendario: ocurrió hace solo unos meses, cuando se suspendieron las carreras de abril -en Arabia Saudita y Bahréin- por el conflicto bélico entre Irán y Estados Unidos en Medio Oriente. Justamente, ese enfrentamiento continúa en la zona del estrecho de Ormuz y pone en duda el cierre de la actual temporada, en Qatar y Abu Dhabi. Con excepción de un nombre y muy influyente: Mohammed ben Sulayem.

El presidente de la FIA nació hace 64 años en Dubai, en Emiratos Árabes Unidos, una región afectada por los ataques con misiles y drones que comenzaron en febrero. «Tengo a mis hijos en Emiratos. ¿Creen que los dejaría allí si fuera peligroso? A día de hoy no hay ningún problema y las dos carreras se van a celebrar», puntualizó el martes en una ronda de prensa y que dio a conocer The Race.

Cuando Sulayem estuvo en Buenos Aires para el Congreso Americano de la FIA en los primeros días de septiembre, la F1 manejaba ese mes como fecha límite para tomar una decisión. Sin embargo, llegó el calendario 2027 y no esa resolución que, entonces, se dijo que llegaría en octubre. El mes 10 del almanaque está llegando a su fin y aún no hay una definición. Pero sí un plan B: Imola.

Consultado sobre eso, el máximo dirigente del automovilismo mundial sostuvo que «la FIA siempre está preparada» y que se tomaron medidas «para contar con otro equipo de la FIA preparado» por si las restricciones de viaje o las recomendaciones de los gobiernos impidieran que personal clave para la F1 pudiera asistir a las carreras de Catar o Abu Dabi. «Por supuesto», respondió ante la pregunta de si Imola seguía preparada para intervenir como sede de la última carrera, el 6 de diciembre, en caso de ser necesario un volantazo de último momento.

«Tenemos el sentido común suficiente para no llevar nunca a nuestro personal, a los pilotos ni a ningún oficial a un lugar que consideremos peligroso; de ninguna manera», remarcó Sulayem. Fue entonces cuando disparó la frase que llamó la atención: «Diré una cosa: tengo a mis hijos allí. ¿Creen que los dejaría allí mientras yo estoy aquí con ustedes (si fuera peligroso)?«.

Y concluyó: «Hay que ser muy sensatos con este asunto. Preguntarse: ‘¿Vamos a tener algún problema?’, es una cosa. Pero lo que se lee en los medios es, en realidad, distinto a lo que nos encontramos allí. Ante lo que leemos y vemos en la televisión, nos preguntamos: ‘¿Dónde está el problema?’. La verdad es que no existe tal cosa. ¿Por qué iba a estar yo allí? ¿Por qué iba a dejar a mi familia allí? ¿Significa esto que no va a ocurrir nada? No puedo predecirlo. Lo único que puedo decirles hoy es que no hay ningún problema y que ambas carreras se van a celebrar»

El año pasado, Clarín viajó a Italia para cubrir el primer Gran Premio de Franco Colapinto como piloto de Alpine. Coincidió, tristemente para los locales, con el último fin de semana de Fórmula 1 para el Autódromo Enzo e Dino Ferrari.

En la recta previa a la curva 16, una enorme cartulina blanca llamaba la atención porque abría un interrogante que, terminado el GP, se confirmó. «La pared de los autógrafos. ¿El último baile en Imola?«, se preguntaba un grupo de jóvenes que allí tenía la fortuna de contar con una casa con vista privilegiada a la pista.

El fin de semana, finalmente, marcó la despedida de un circuito que había debutado 45 años atrás y que la pandemia había hecho reaparecer en 2020 tras una ausencia que se había prolongado 13 años.

Por eso, fuera del calendario 2026, Imola se entusiasma ahora con la posibilidad de que razones ajenas al deporte la convoquen para ser la sede del final de una temporada que volverá a tener como campeón a un piloto italiano. Y qué mejor desenlace habría para Kimi Antonelli que celebrar a poco más de 30 kilómetros de su casa.