Ángeles Castillo

En lo poético-teatral, no hay escenario más lorquiano que el Cortijo del Fraile, situado en el ya de por sí evocador Cabo de Gata. Allí tuvo lugar el 22 de julio de 1928 el «crimen de Níjar», que Federico García Lorca plasmó en Bodas de sangre (1931). Un edificio del siglo XVIII construido por los dominicos que ofrecía una imagen desoladora hasta ahora, camino de convertirse en Centro de Artes y Territorio. A esta geografía literaria se suma la cartografiada por Javier Ambrossi y Javier Calvo para el cine. Los escenarios donde han rodado La bola negra en sus tres líneas temporales, 1932, 1937 y 2017. Más Lorca en el aire.

En el elenco paisajístico tenía que estar Granada, la de la balada de Rafael Alberti, la de «la sangre caída del mejor hermano», en recuerdo de Federico. La ciudad andaluza, otra vez protagonista. Empezando por la Casa-Museo Huerta de San Vicente, la casa de veraneo de los García Lorca, donde puede verse su piano y el mobiliario original. Aquí estuvo el poeta antes de refugiarse en la residencia de los Rosales, donde le detuvieron. A ella nos remite también la casa familiar de Carlos, el protagonista de La bola negra en aquella España de los años treinta, una finca entre olivos muy similar a la del poeta.

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A Carlos le vemos bajar por las cuestas del Albaicín y perderse por sus laberintos en busca de compañía. Es tan antiguo y genuino el barrio, con sus casas típicas y sus cármenes -pequeñas alquerías con huerta, frutales y un penetrante olor a jazmín-, que apenas hizo falta recomponerlo. Sí aventurarse por las estrecheces de la pintoresca calle del Beso y la de Guinea, que se llenó de puestos de flores, frutas y verduras. Todo se desvela desde el mirador de San Miguel Alto, el más elevado, a 850 metros. La iglesia, las vistas, el recreo. Y todo es de cine.

La Granada de Lorca

El personaje interpretado por Milo Quifes recorre con sus amigos, cómo no, el paseo de los Tristes, junto al Darro y a la sombra de la Alhambra, parecida a nada sobre la colina de la Sabika. Una alameda empedrada del siglo XVI cuyo nombre procede de los cortejos fúnebres que marchaban camino al cementerio. Para el exterior del casino, crucial en la película, se eligió el carmen de los Mártires, en la colina del Mauror, al sur del complejo monumental nazarí.


El carmen de los Mártires luce espléndido entre románticos jardines.


TURGRANADA


Este carmen, propiedad del Ayuntamiento de Granada, fue convento de los carmelitas y tuvo como prior a San Juan de la Cruz entre 1582 y 1588, y como residente a José Zorrilla, autor de Don Juan Tenorio, en 1889. Se llama así porque fue para los musulmanes el Corral de los Cautivos; los cautivos eran los cristianos. Cuesta imaginarlo cuando se está ante semejante palacete, del siglo XIX, plantado en más de siete hectáreas, o se recorre la ruta de los poetas, los de antes y los de ahora, rodeados de jardines románticos, franceses e ingleses.

Un cortijo abandonado

Además del carmen, los Javis escogieron otra de las construcciones típicas de la zona, un cortijo, para transformarlo en lujosa mansión. Costó lo suyo. El cortijo de los Prados, en Deifontes, a 27 kilómetros de Granada, se encontraba en estado de abandono. Pero los muebles, los cuadros y demás parafernalia de la época obraron el milagro. Y sirvió de plató para algunas de las secuencias clave en las que interviene el joven que no puede ingresar en el club social granadino por la bola negra. Por ser homosexual, hablando en plata.

Los ecos de Mariana Pineda

Aún estamos en Granada. En la plaza de Santa Ana, donde comienza la mítica carrera del Darro y despunta la imponente torre de su iglesia mudéjar, levantada en el siglo XVI sobre una mezquita aljama, estallan las protestas callejeras con banderas tricolores, vehículos ardiendo y ciudadanos clamando por la libertad con gritos de «viva la república», en los momentos previos a la Sanjurjada, el golpe de Estado fallido encabezado por el general Sanjurjo contra la Segunda República.


La Alhambra desde el paseo de los Tristes, junto al Darro.


TURISMO GRANADA


Como curiosidad, en la iglesia de Santa Ana contrajo matrimonio Mariana Pineda, la granadina que fue condenada a muerte por defender la causa liberal contra la monarquía absoluta en el siglo XIX. Su bandera, en la que podía leerse «Libertad, igualdad y ley», había sido bordada por mujeres del Albaicín. El propio Federico escribió la obra de teatro Mariana Pineda entre 1923 y 1925, aunque no se representó hasta el año que dio nombre a su generación literaria, 1927. El estreno fue en el Teatro Goya de Barcelona con decorados de Salvador Dalí y con Margarita Xirgu en el papel de la heroína sobre las tablas.

El Burgos vaciado

La acción de La bola negra se desplaza al norte y a 1937, cuando entran en escena Rafael Rodríguez Rapún y Sebastián, los dos personajes de La piedra oscura, de Alberto Conejero. Concretamente, al despoblado Castil de Carrias, anexionado a Belorado, en la comarca de Montes de Oca, cuyo último habitante falleció en 1994. Está a 59 kilómetros de Burgos.


Castil de Carrias es un pueblo condenado a la soledad en Burgos.


TOMUKAS/WIKIPEDIA


En la ficción, un pueblo español en plena guerra civil con los vecinos entusiasmados esperando a las tropas fascistas italianas, orquesta incluida, hasta que un bombardeo siembra el horror. De las llamas huyen Sebastián y un caballo. En Loranquillo, otro despoblado burgalés, a solo nueve kilómetros del anterior, está la iglesia donde se grabó una escena que ya es emblemática: la del personaje de Guitarricadelafuente sobre toneladas de escombros y junto a un San Sebastián de cuatro metros abatido, atravesado, como manda la iconografía, por las flechas.

Cantabria, luces y sombras

En esta oscuridad se impone la luz de los paisajes de Cantabria, allí donde va a parar Rapún. En especial, la luz de la playa salvaje de la Arnía, famosa por sus formaciones rocosas y acantilados, y la de Oyambre, que es parque natural, donde los soldados se bañan y cantan. Además de las localidades cercanas de Valdáliga y Herrerías, en las que se recreó un bombardeo durante la guerra y un fusilamiento. El hospital de campaña en el que se conocen el republicano y su vigilante, o sea, Miguel Ángel Bernardeau y Guitarricadelafuente, es el Seminario Mayor de la Universidad Pontificia de Comillas en realidad. Un edificio majestuoso con influencias del gótico, el mudéjar y el modernismo.


El Seminario Mayor de la Universidad Pontificia de Comillas.


WIKIMEDIA COMMONS


Hay todavía otro escenario cántabro, la aldea de Lafuente, que es donde va el personaje de Alberto (alter ego de Conejero), interpretado por Carlos González, ya en 2017, obsesionado con reconstruir el pasado. Este lugar tan recóndito como idílico, que pertenece al municipio de Lamasón y con apenas 17 habitantes, está rodeado de montañas -las colosales estribaciones de los Picos de Europa-, de valles y bosques. Es tierra de iglesias románicas y casas con solana o balcón corrido. De aquí sale un sendero que va hasta Santo Toribio de Liébana, a 32 kilómetros. Este investigador y dramaturgo, al que vemos junto a la hispanista extranjera Isabelle Durand (Glenn Close) en el Ateneo de Madrid, va a desplazarse también a Atenas. En la gran pantalla, la plaza de Monastiraki, a los pies de la Acrópolis.

De Sigüenza a Sierra Nevada

En la medieval Sigüenza (Guadalajara), por la que parece que no ha pasado el tiempo, los Javis hallaron un teatro abandonado perfecto para que la cupletista Nené Romero (Penélope Cruz), inspirada en Olga Ramos, la reina del cuplé, animase a los soldados. Era lo habitual en la época para mantener alta la moral de los combatientes. Además, sus calles de piedra, la catedral y el castillo sirvieron para ambientar distintas escenas.


El Albaicín es uno de los escenarios granadinos de La bola negra.


GRANAGRAMERS/PIXABAY


Todo termina en Sierra Nevada, en la blanca nieve del pleonasmo, reflejo del blanco del Albaicín, en puro contraste con la bola negra, mientras un grupo de esquiadores de época, interpretados por profesionales de la peña Telemark Rikitaum, se abren paso entre la niebla. En las anotaciones de La bola negra de Federico García Lorca aparecen los esquiadores y la nieve en el dramatis personae, la lista de personajes de una obra teatral, junto a Carlos, sus amigos, la familia y los socios del casino. Como dejó escrito, «un drama de costumbres actuales».

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