Las que llevamos años siguiendo la carrera de Lena Dunham no podemos decir que su decisión de recurrir a la gestación subrogada nos haya sorprendido demasiado. La creadora de Girls lleva tiempo demostrando que su relación con el feminismo y con algunas de las cuestiones que ha defendido públicamente está llena de contradicciones. Ya ocurrió en 2017, cuando decidió salir en defensa de Murray Miller, guionista de Girls acusado de agresión sexual por Aurora Perrineau, que entonces tenía 17 años. Miller negó las acusaciones y, tras el aluvión de críticas que recibió por su intervención, Dunham acabó disculpándose públicamente. Un año después llegó a calificar aquella decisión de «terrible error».
En Famesick, el libro de sus memorias que llega hoy a España, Dunham vuelve sobre aquel episodio y dedica varios capítulos a revisar algunos de los momentos más controvertidos de su trayectoria. La escritora reconoce que defender públicamente a Miller fue un error y que no tenía derecho a intervenir de aquella manera en una acusación de agresión sexual. Es, de hecho, uno de los pasajes en los que Famesick parece ofrecer una versión más consciente de aquella Lena Dunham que se convirtió en una de las voces feministas más reconocibles de su generación. Una mujer que mira hacia atrás, reconoce sus errores y trata de explicar —que no necesariamente justificar— por qué los cometió.
Cuando leí el libro este verano me reconcilié con Lena Dunham. De verdad me creí sus disculpas que aquella mujer que en 2017 decidió salir públicamente en defensa de un hombre acusado de agresión sexual ha entendido, años después, por qué aquella decisión fue tan problemática. Que había aprendido algo de las contradicciones entre el discurso feminista que la convirtió en un referente para tantas mujeres y algunas de sus actuaciones públicas.
La noticia de su maternidad, sin embargo, volvió a demostrarme que sigue siendo la misma y que, claramente, el mundo se equivocó al convertirla en referente. Ahora el libro se lee desde un prisma completamente distinto, sobre todo la parte en la que habla de maternidad, de su lucha con la endometriosis y de todo lo que esto supuso en su vida.
El relato de Lena Dunham sobre la maternidad
La endometriosis ocupa buena parte del relato de este libro -en el que también cuenta la época de Girls, la extraña relación que tenía con Adam Driver, y su historia de amor con Jack Antonoff-. Dunham escribe sobre los años de dolor, las operaciones y el deterioro de su salud hasta llegar a la histerectomía, una intervención que acabó con la posibilidad de que pudiera gestar. La maternidad aparece entonces como uno de los grandes interrogantes de su vida.
En un momento del libro, cuando habla de la decisión de extirparse el útero, asegura que no le preocupa no ser madre biológica porque puede adoptar. Es una posibilidad que -de primeras- parece asumir con cierta naturalidad: si su cuerpo ya no puede gestar, siempre puede existir otra manera de convertirse en madre. Pero esta idea no dura mucho tiempo. Más adelante Dunham explica que pasa por diferentes estados y que su deseo de tener hijos no desaparece simplemente porque haya dejado de poder gestarlos.
«Era impredecible y dependiente: un día me obsesionaba con la adopción y al siguiente me moría de ganas de encontrar una madre de alquiler; un día estaba segura de que estaría bien aunque nunca tuviera hijos y al siguiente estaba convencida de que mi vida había sido un desperdicio», escribe. La idea de recurrir a un vientre de alquiler siempre estuvo ahí.
Hay otro pasaje especialmente revelador: «Lo irónico es que el hecho de saber que no puedo tener un hijo —mi capacidad para aceptarlo y seguir adelante— puede que sea la única razón por la que merezco ser madre de alguien. Creo que por fin tengo algo que enseñarle a alguien». Lena Dunham ve la maternidad como un derecho que tiene que serle concedido, sea de la forma que sea.
La Lena Dunham que queda después de ‘Famesick’
Me alegro de haber leído Famesick antes de conocer la noticia de que Lena Dunham había recurrido a un vientre de alquiler. Girls me cambió la vida y sigo pensando que es una de las mejores series que se han hecho. Quizá por eso pude leer estas memorias sin el filtro que ahora resulta inevitable. Durante buena parte del libro quise creer en la redención de Dunham: en que aquella mujer que había cometido errores y que ahora era capaz de reconocerlos había aprendido de ellos. Pero también es imposible no encontrarse con el rasgo más reconocible de Lena Dunham: su tendencia a convertirlo todo en el centro de su propio relato.
Pero ahora que sabemos la decisión que tomó frente al tema de la maternidad, gran parte del libro se lee de otra manera. Porque una cosa es querer ser madre y otra muy distinta considerar que ese deseo justifica que otra mujer ponga su cuerpo al servicio de ese proyecto. Ahí es donde la decisión de Dunham choca frontalmente con el feminismo que durante años ha defendido y con la idea de que el cuerpo de las mujeres no debería convertirse en una herramienta para satisfacer los deseos de otras personas. ¿Qué significa recurrir a la gestación subrogada cuando durante años has construido tu discurso público alrededor de un feminismo que habla precisamente de los límites que no deberían cruzarse con el cuerpo de otras mujeres?












