Sandra Hernández

La flotación cambia por completo la relación entre el cuerpo y el esfuerzo. Bibiana Badenes, autora de «Inteligencia corporal» y «Postura y emociones», lo explica desde la biomecánica: «La flotación disminuye el peso corporal y eso facilita que personas con dolor, artrosis o sobrepeso puedan realizar ejercicio con menos molestias y durante más tiempo«. La resistencia del agua, además, fortalece la musculatura de forma progresiva sin necesidad de soportar grandes impactos.

Es una de las actividades más recomendables a partir de los 45 porque mantiene la capacidad cardiovascular, la movilidad y la fuerza muscular con un riesgo relativamente bajo de lesión. «No debemos caer en la idea de que existe un ejercicio perfecto. Nuestro organismo necesita variedad de movimientos para mantenerse sano«, advierte Badenes, que es nadadora ella misma. »Considero la natación una magnífica base, pero siempre recomiendo combinarla con caminar, ejercicios de fuerza y otras actividades que aporten diferentes estímulos al cuerpo«.

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Nadar mejora claramente la resistencia cardiovascular, ayuda al control de la presión arterial y desarrolla la resistencia y coordinación de prácticamente todo el cuerpo. «La columna suele beneficiarse del trabajo en descarga, que permite moverse con mayor amplitud y menor compresión», señala Badenes. También mejora la movilidad articular y la coordinación respiratoria, con una percepción de esfuerzo relativamente baja para el trabajo que realmente se está haciendo.

Hay una zona donde la natación se queda corta: la salud ósea. «El hueso necesita recibir carga para mantenerse fuerte y, precisamente porque el agua reduce el peso corporal, el estímulo para conservar la densidad mineral ósea es menor que el que ofrecen caminar, subir escaleras o realizar entrenamiento de fuerza«, explica Badenes. Por eso la natación no debería sustituir al trabajo de fuerza, especialmente después de la menopausia o en personas con riesgo de osteoporosis.

Para quién es especialmente útil

Artrosis, sobrepeso o determinadas lesiones son los perfiles que más se benefician. «Permite recuperar movimiento sin que las articulaciones soporten todo el peso corporal. Muchas personas que tienen dificultades para caminar o correr pueden volver a hacer ejercicio dentro del agua con menos dolor y mayor confianza«, explica Badenes. También suele beneficiar a quienes tienen dolor de espalda, aunque conviene individualizar cada caso: »En fisioterapia no tratamos enfermedades, tratamos personas«.

Los errores más frecuentes en la piscina

Mantener la cabeza demasiado elevada para respirar es uno de los fallos más habituales. «Genera una tensión continua sobre la musculatura cervical y modifica la posición de toda la columna«, advierte Badenes. Nadar siempre el mismo estilo durante años, especialmente braza con técnica poco eficiente, también sobrecarga cuello y zona lumbar. En crol, una mala coordinación entre el brazo y la rotación del tronco aumenta el riesgo de lesiones de hombro.

El error más importante, según Badenes, no es técnico sino de planteamiento: repetir siempre el mismo gesto. «Cuanta menos variabilidad existe en el movimiento, mayor es el riesgo de que determinadas estructuras soporten siempre las mismas cargas y aparezcan las sobrecargas«, explica. La variabilidad, para ella, es una de las mejores estrategias de prevención que existen.

Nadar tiene un valor del que pocas veces se habla. «No consiste solo en hacer ejercicio. Implica salir de casa, preparar una mochila, cambiarse de ropa, ducharse, entrar en contacto con el agua y sentir el cuerpo de una forma completamente diferente», señala Badenes. Todo ese proceso rompe la rutina diaria y favorece una mayor conciencia corporal, algo que el sistema nervioso agradece especialmente después de años de vivir casi exclusivamente desde la cabeza.

Nadar en el mar intensifica ese efecto. «El horizonte, el sonido de las olas, el ritmo pausado de la respiración, el balanceo del agua y el contacto con un entorno natural hacen que muchas personas reduzcan de forma casi inmediata su nivel de tensión«, explica Badenes. Envejecer con buena calidad de vida no depende de un solo deporte. Se trata de moverse de muchas formas distintas: nadar, caminar, levantar peso, mantener el equilibrio. La natación aporta mucho a esa mezcla, pero funciona mejor acompañada que sola.

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