

Me regalaron un perro. Un Firulais cualquiera. Tardé en encontrarle nombre hasta que lo bauticé Folarin. En honor a Balogun. O, mejor dicho, en protesta contra Donald Trump.
Folarin y yo pasaremos el peor día de la semana. Es miércoles. El fin de semana quedó lejos. Falta mucho para el próximo. Y, para colmo, hoy no hay Mundial. Es el day break. ¿No podrá hacer nada Donald? ¿O Infantino?… Está bien, bajo el precio… ¿Chiqui? ¿Usted tampoco puede mover influencias? Ah, no tiene, igual que Adorni, cierto…
Hoy será un día de merde sin fútbol. Será jornada de zapping furioso para calmar la abstinencia de los aficionados a la pelota, que en los Mundiales suben la apuesta y se hacen adictos. Algunos entenderán. Otros, desde una supuesta superioridad intelectual, dirán: «Mirá cómo piensa este ganso». Y además: «Lo escribe». Y, en el colmo de la indignación: «¡Y se lo publican!».
¡Hey, Donald!, insisto. ¿No puede hacer nada? Ya perdonó a Balogun. ¿Hoy no puede amenazar a alguien, llamar a Netanyahu para contarle un chiste verde o armar algún quilombo en el estrecho de Ormuz? Digo… solo para entretenernos un poco. Qué sé yo.
Pasó el susto de Cabo Verde. Pasó el susto de Egipto y de terminar momificados. Ahora llegó el verdadero problema: sobrevivir a un miércoles sin Mundial.
La tele, en vez de pelotas, sigue vendiendo hamburguesas, nafta, pasajes de avión, cervezas y créditos hipotecarios. Folarin va a estar tan aburrido como el suscripto y seguramente aprovecharemos la jornada de encefalograma plano para salir a pasear. Aun con este frío polar. La culpa, por supuesto, es de Milei. Del frío, digo. Ya que es tan amigo de Trump, ¿por qué no hace alguna gestión para que acá también sea verano? Porca miseria.
Me parece que parte de este miércoles maldito la voy a dedicar a meditar con Isha Escribano. Algo útil tengo que hacer.
«Me aburro, Marge», le dice Homero a Marge la primera vez que los Simpson van a ver un partido de fútbol. Acá pasa exactamente al revés: nos aburrimos sin fútbol.
Alguna solución habrá. Por ejemplo, juegan Fútbol Club Ezeiza contra Academia Control Orientado en la cancha de Yupanqui, por el Torneo Promocional Amateur. No lo televisan, pero hay un bondi que llega hasta la cancha, se puede pagar con cualquier tarjeta, sacar una entrada y ver algo de fútbol. ¿Me dejarán entrar con Folarin?
Sospecho que hará un frío escandinavo. Mejor dejaré a Control Orientado para la primavera. Me conformo con el mal menor: habrá fútbol por televisión con la fase clasificatoria de la Champions. Hay para elegir. Me seduce un Petrocub SG-KF Egnatia. O un Kairat Almaty-Sutjeska Nikšić.
Queda Wimbledon. No. «El pasto es para las vacas», decía Vilas.
Y, si no, repasar los noticieros europeos, favorecido por la diferencia horaria. Los españoles creen que son Brad Pitt después de eliminar a Portugal, pero andan muy ocupados con los Sanfermines. Entonces tocará ver el chupinazo y rezarle al santo: «A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón…». Al menos no hay riesgo de que una manada de toros irrumpa en el living. Aunque, con Trump, nunca se sabe.
Podría buscar compañía. Mejor no. Sigamos 0-0 con cuatro en el fondo. «Que fluya», me dijo una señorita hace poco, alimentando esperanzas amorosas. Fluyó tanto que fluyó… y se fue.
Y me quedé, como dice el tango, «solo, pato y hecho un gil». Como hoy: sin Mundial y sin fútbol.
Sin embargo, como dijo el hombre sabio, «mañana será mejor». Y mañana es 9 de Julio. Es el Día de la Patria. Buen momento para pensar en ella, en lo que se ha convertido y hacia dónde va. No sé si me hará bien. ¿Qué pensará Folarin?







