
Las redes energéticas, los puertos, los sistemas de agua, las instalaciones nucleares y las comunicaciones ya no son solo elementos de apoyo en tiempos de guerra.
«Los conflictos modernos han demostrado repetidamente que la infraestructura crítica se ha convertido en una arena central de competencia estratégica», sostiene Zahir Kazmi, asesor en control de armas del Departamento de Planificación Estratégica del Mando Nacional de Pakistán y general de brigada retirado, en un artículo publicado en la revista Russia in Global Affairs.
Entre los objetivos más vulnerables, el experto menciona también refinerías, corredores de transporte y sistemas digitales.
La guerra como ecosistema
El analista advierte que el problema ya no se limita al uso de una tecnología concreta. Drones, ciberoperaciones, guerra electrónica, ataques de precisión, sabotaje marítimo, manipulación informativa y vigilancia espacial actúan cada vez más como parte de un mismo sistema de presión.
«La estabilidad estratégica en el siglo XXI depende de la disciplina tecnológica, la resiliencia de la infraestructura y la comunicación de crisis tanto como del control tradicional de armamentos», afirma Kazmi.
En su opinión, esta combinación de amenazas reduce los tiempos de decisión, hace menos claras las responsabilidades y aumenta la incertidumbre, especialmente en regiones donde existen armas nucleares.
El peligro de los ataques baratos y difíciles de atribuir
Estas herramientas se caracterizan por su bajo costo, su rápida difusión, la posibilidad de negar la culpa y la incertidumbre sobre los autores. Por eso, incluso una acción limitada puede provocar consecuencias políticas y estratégicas mucho mayores.
En la era de las amenazas convergentes, la vulnerabilidad mutua se ha convertido en un rasgo central: ningún Estado puede estar seguro de que su infraestructura sea invulnerable. «Un dron barato puede conducir a una crisis costosa», resume el experto. El problema, según Kazmi, no está solo en el daño físico, sino también en cómo se interpreta.

El camino práctico: disciplina y contención
Kazmi considera que la solución no pasa por prohibir drones, ciberherramientas o sistemas de guerra electrónica, sino por su uso disciplinado y por la contención mutua.
Entre las medidas de corto plazo, menciona líneas directas y mecanismos de aviso sobre incidentes con drones, ciberseguridad, operaciones marítimas y misiles. También propone acuerdos de no interferencia cerca de infraestructuras nucleares y moderación respecto a redes energéticas, sistemas de agua, puertos, hospitales, comunicaciones civiles y servicios de emergencia.
Además, subraya la necesidad de invertir en resiliencia: sistemas de reserva, defensa aérea, ciberseguridad, capacidades antidrones y recuperación rápida tras posibles ataques.
Para Kazmi, en un mundo multipolar, las nuevas tecnologías deben servir a la estabilidad y no a la coerción sin control. Por eso, la disuasión debe ser creíble antes de una crisis, disciplinada cuando esta comienza y comunicativa antes de que se vuelva incontrolable.








