Aloña Fdez. Larrechi

El universo de Jane Austen es infinito y buena prueba de ello es la miniserie de Orgullo y Prejuicio que prepara Netflix o la nueva adaptación de Sentido y Sensibilidad que llegará a los cines este otoño. Pero hay quien mira más allá de los personajes e historias que escribió la novelista inglesa y, sirviéndose de sus creaciones, amplían ese particular cosmos que nos gusta tanto. Como Janice Hadlow, que en su día se fijó en el personaje más olvidado de una de las obras más conocidas de Austen para crear La otra hermana Bennet. Una novela que se ha convertido en serie y que desde hoy podemos ver, al completo, en Movistar plus+.

Compuesta por diez episodios, esta miniserie británica adapta la novela homónima, una obra superventas que en España ha publicado Libros de Seda. Ambientada en el universo en el que Elizabeth Bennet y el señor Darcy terminaban convirtiéndose en la pareja que estaban destinados a ser, la producción se centra en una de las jóvenes que vivía bajo el mismo techo que ella, pero que era secundaria para la trama, Mary.

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La mediana de las Bennet tenía que luchar contra los encantos de sus hermanas, que tanto insistía en resaltar su madre, pero también contra sus preocupaciones o las aspiraciones maritales que tenían todas ellas. No era culpa suya, las habían educado así. Afortunadamente, en La otra hermana Bennet, Mary se resiste a ser una más, a asumir su papel de patito feo, para regalarnos una historia que abraza la autoestima y la satisfacción de ser uno mismo. Esto es lo que nos cuenta, sin spoilers, la miniserie británica sobre el personaje más olvidado de Orgullo y Prejuicio.

Una existencia marcada por la opinión materna

«No tener ni un penique y ser poco agraciada es tremendamente duro. O eso nos enseñó mi madre», reconoce Mary al comienzo de la serie que se centra en su vida y que ella misma narra. Y es que la joven es, ante todo franca, y consciente de lo que se espera de ella, más bien poco. Porque el Pepito Grillo de su existencia, esa voz que le recuerda que no es como sus hermanas, es su madre, siempre presente, siempre dispuesta a ignorarla o en relegarla a tareas humillantes.


Ella Bruccoleri como Mary Bennet en una imagen de la miniserie La otra hermana Bennet.


Movistar Plus+


«Mary tiene un cutis demasiado enrojecido, es desgarbada, torpe. Habrá que conformarse con cuatro buenos matrimonios, solo espero que no eche a perder las posibilidades de sus hermanas», revela la señora Bennet a una amiga mientras la propia interesada entra en la habitación en la que están. Y es que Jane es bella, Lissy es ingeniosa, Kitty tiene sentido del humor y Lydia es jovial. Y de todas ellas se espera, como sabemos por la obra original, que se casen bien para llevar una vida sin problemas.

El problema es que Mary no tiene asociado a su nombre un adjetivo valorativo, esa palabra que cosifica a sus hermanas pero también hace de ellas algo útil para conseguir el propósito casadero. Y por ello, la joven protagonista, se pregunta quién es, si encontrará un día la manera de encajar o cual es su destino cuando, simplemente, es un bicho raro con gafas, menos agraciada que sus hermanas y que prefiere estar entre libros en vez de entre humanos.

El placer de ser una misma

Será el baile de Meryton, la primera reunión social que vemos en la novela de Austen, la que le enseñe a Mary el lenguaje social, los códigos que no comprende y que tampoco está dispuesta a seguir. Porque ella baila para divertirse, no para confirmar, si lo haces más de una vez con el mismo hombre, que quieres casarte con él. El problema es cuando su propia madre verbaliza que su alegría vital podría perjudicar a sus hermanas a la hora de «hallar un buen partido».


Dónal Finn y Ella Bruccoleri en una imagen de la miniserie británica La otra hermana Bennet.


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Y Mary, deliciosamente interpretada por Ella Bruccoleri (Los Bridgerton), decide encontrar su propio camino, «descubrir una nueva versión de mi misma y convertirme en una mujer sensata». Para ello, contará con aliados, porque como le recuerda una de las criadas de sus padres necesita verse como la ven las demás, «no como la ve su familia». Pero también con la liberación de saber que ella quiere ser quien es, no quien los demás quieren que sea ni quien los demás creen que es. Y cuando abrace su propia identidad y se quiera a sí misma, Mary estará preparada para todo lo que le espera.

En La otra hermana Bennet la dramedia romántica de época se aleja de la frialdad de ese universo en el que el matrimonio es una salida práctica más que una opción romántica para convertir en protagonista a una mujer de carne y hueso. Alguien adorable, sencillo, con mayores inquietudes que un baile, que desafía lo establecido para aceptarse y quererse por ello. Ya lo dijo Bruccoleri: «me encantaría que la gente viera la serie y pensara: ‘yo también soy increíble y merezco ser tan querida como cualquiera».

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