
El Mundial 2026 podría provocar una nueva ola de brotes de sarampión dentro y fuera de América del Norte, informa The Telegraph. Un análisis de la firma de inteligencia sanitaria Airfinity concluye que los desplazamientos masivos de aficionados hacia México, Estados Unidos y Canadá, y entre las sedes del torneo, aumentan de forma significativa el riesgo de transmisión en los tres países anfitriones y en otros con baja cobertura vacunal.
Las tres naciones vecinas llegan al torneo con brotes activos de la enfermedad, y varios partidos se disputan en ciudades consideradas focos de contagio, como Miami, Houston, Guadalajara y Ciudad de México. Solo en Guadalajara se han registrado más de 6.200 casos en 2026, frente a los nueve de todo 2025. La región de las Américas, declarada libre de sarampión en 2016, perdió ese estatus el año pasado tras reanudarse la transmisión sostenida en Canadá, y Estados Unidos se encamina a la misma situación.

El sarampión es uno de los virus más contagiosos que se conocen: en una población no vacunada, una persona puede infectar en promedio a entre 12 y 18 más. Se transmite por microgotas que pueden permanecer en el aire durante horas. El período de incubación, de unos 10 a 14 días, complica aún más el control, ya que los infectados contagian antes de presentar fiebre o el característico exantema. En un estadio, en el transporte público o en un bar lleno de aficionados, basta cruzarse con mucha gente para que haya transmisión, señaló Adam Finn, pediatra de la Universidad de Bristol en Reino Unido.
La caída de las tasas de vacunación crea un terreno propicio. En Canadá, la cobertura con dos dosis de la vacuna triple vírica cayó del 95 % en 2014 al 79 % en 2024; en México ronda el 69 % en niños, con importantes lagunas de inmunidad entre adultos jóvenes. Entre los 48 países participantes, solo 12 alcanzan el objetivo del 95 % fijado por la OMS. Argentina, número uno del ‘ranking’ de la FIFA, figura a la cola en protección frente a la enfermedad, con una tasa de dos dosis del 46 % en 2024. Incluso en países con coberturas altas, pequeños núcleos de población no vacunada pueden alimentar brotes locales.
Organismos como la Organización Panamericana de la Salud recomiendan que quienes no puedan demostrar inmunidad reciban una dosis de la vacuna al menos dos semanas antes de viajar. Las autoridades están reforzando la vigilancia en aeropuertos, pasos fronterizos y grandes ciudades sede, y universidades como Georgetown, en Washington D.C., han creado centros temporales para seguir en tiempo real las amenazas infecciosas asociadas al torneo. Los especialistas insisten en que el riesgo es de ida y vuelta: los aficionados pueden llevarse el virus a casa, pero también introducirlo en comunidades poco inmunizadas de los países anfitriones.








