martes 11 de agosto de 2026

Yo, Narciso (2026) sigue a Rocío Flores (Natalia Oreiro), profesora universitaria de sociología que escribe un libro sobre el narcisismo moderno. Para comprender mejor el tema y realizar una investigación profunda, decide estudiarlo desde adentro y elige como caso a Máximo Rey (Adrián Suar), un carismático cirujano plástico bastante narcisista. Así, Rocío se hace llamar Miranda y comienza una investigación de campo sutil pero efectiva para estudiar estos comportamientos.

En una época en la que la salud mental y los vínculos tóxicos ocupan un lugar central en la conversación pública, Adrián Suar busca adentrarse en el trastorno narcisista con una historia interesante, pero que no le hace justicia a su concepto. En sí, el argumento resulta atractivo, ya que combina el análisis psicológico y sociológico con un juego de identidades, en el que se plantea un conflicto interesante que también deja al descubierto ciertas contradicciones de la protagonista, especialmente en relación con su obsesión por el trabajo. Sin embargo, el eje central de la cuestión es el narcisismo de Máximo, una característica que la película exagera de tal manera que termina resultando telenovelesca e inverosímil.

Durante el primer y segundo acto, el film logra sostener con solidez su premisa, presentando el conflicto con una estructura llevadera, aunque algo irregular, ya que peca de incluir secuencias repetitivas que se apoyan en un humor efectivo, pero que por momentos se siente forzado. Esta indefinición en el tono de la película, que varía entre el thriller y la comedia romántica, termina debilitando su concepto.

Además, esta exageración hace que la película se sienta como una telenovela debido a una puesta en escena caricaturesca, en la que predominan los primeros planos y una musicalización subrayada que le quitan mucha seriedad al relato. Lo mismo ocurre con la inclusión de breves secuencias relacionadas con la inteligencia artificial, que dividen la narración mediante imágenes de los protagonistas reinterpretados en clave de mitología griega, en alusión al mito de Narciso, jugando en contra de la narrativa.

A pesar de sus errores, Yo, Narciso logra sostener el interés gracias a su juego de identidades, que crea un pequeño misterio capaz de generar cierta tensión en el espectador. En este contexto, se destacan algunas apariciones que hacen la película más amena, como el personaje de Graciela (Moria Casán), la madre de Máximo, quien protagoniza uno de los momentos humorísticos más efectivos de la trama.

Por otro lado, el desarrollo psicológico poco a poco se va desdibujando a medida que avanza la trama. Lo que comienza como una exploración teórica del narcisismo deriva en una comedia romántica convencional, haciendo que, por momentos, Rocío se olvide de su experimento y dejando de lado la profundidad que el relato prometía en una primera instancia.

Yo, Narciso funciona como una comedia pasatista, pero gasta sus recursos más interesantes durante su inicio y no presenta ninguna conclusión respecto de la investigación de Rocío.