Es muy probable que conozcas Antequera, por la alcazaba, sus mil iglesias y el paisaje mágico del Torcal. Y no digamos Ronda, con su perfecta estampa andaluza, su naturaleza exuberante y el puente de vértigo, que enamoró a Rilke, el poeta al que le debemos las Elegías de Duino. Pero seguramente no te hayas dejado caer nunca por Cañete la Real. Es más, puede que tampoco hayas oído hablar de él. El turismo también tiene su canon. Así, mientras unos pueblos son los elegidos y ensalzados desde todas las tribunas, otros habitan un elegíaco olvido.
Es el caso de este municipio malagueño, enclavado en la comarca del Guadalteba, precisamente entre Ronda y Antequera. Más cerca de la primera, a solo 35 kilómetros, que de la segunda, que está a 51 km. Dicho de otra manera, entre la Vega antequerana y la Serranía de Ronda. O sea, rozando ya Cádiz, concretamente Setenil de las Bodegas, famoso por sus calles cubiertas con roca y sus casas-cueva, y Sevilla, por el lado de El Saucejo, conocido por sus fuentes, y Algámitas, otro pueblecito de casas blancas y mucho encanto.
Cañete la Real sufrió el éxodo del campo a la ciudad, como tantos y tantos pueblos de la hoy llamada España Vaciada. De los 5.000 habitantes que tuvo en la década de los sesenta a los 1.600 que tiene en la actualidad. Muchos de estos cañeteros emigraron a Cataluña, razón por la cual la villa está hermanada con Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona). Eso sí, presumiendo siempre de castillo, una iglesia muy lustrosa y un paisaje digno de alabanza, dominado por el Padrastro, que se alza majestuoso queriendo alcanzar los mil metros (998 m). Un privilegiado observatorio de aves, desde los buitres leonados a los mochuelos europeos o el colirrojo tizón.
Qué ver en Cañete la Real
El nombre de Cañete, por castizo que nos suene, viene de los tiempos de dominación árabe, de lo que da fe el castillo, que ha conservado el vocablo originario, Hisn Canit, y es el protagonista histórico de la localidad. Su posición ya resultó estratégica en el Neolítico. El Real se lo añadió Alfonso XI, bisnieto de Alfonso X el Sabio, ya en el siglo XIV. Y la verdad es que la villa tiene su realeza, sobre todo cuando se contempla su estampa dominada por la fortaleza nazarí. Según parece, hubo otra anterior, de época emiral y almohade (s. IX), situada en el cerro de la Horca o de Sabora, de la que se han encontrado piezas de cerámica.Sabora es el nombre de la antigua ciudad romana, enclavada en el fértil valle del Guadalteba, principal afluente del Guadalhorce.
La fortaleza musulmana es la joya histórica de Cañete.
TURISMO CAÑETE LA REAL
El castillo de Cañete Real se alza sobre un cerro rocoso a 800 metros de altitud, prácticamente inexpugnable. Y jugó un papel preponderante, tras el abandono del anterior, en la conquista del Guadalquivir por parte de Fernando III, con la toma de Sevilla en 1248, así como en los años sucesivos, en los que fue perdido y recuperado una y otra vez en una lucha que se prolongó hasta la caída de Ronda en 1485.
Del castillo a la iglesia
Todos estos avatares históricos condicionaron sus distintas fases constructivas. Un conjunto medieval, rodeado entonces por murallas, en el que se observan tres áreas bien diferenciadas: la entrada y todo lo que comporta; la zona residencial, dedicada a vivienda, almacén de grano y depósitos de agua o aljibes, y la señorial, presidida por la torre del Homenaje, donde se encuentra el Centro de Interpretación Los Vigías del Territorio, donde se da a conocer la importancia de este recinto fortificado. En las prospecciones arqueológicas se hallaron herramientas de labranza, un molino manual, una cesta de esparto con cereales, objetos de cerámica y sílex, con el que hacían fuego.
La iglesia de San Sebastián destaca por su torre y su colorido.
TURISMO CAÑETE LA REAL
Es difícil restar protagonismo a un castillo, pero la iglesia de San Sebastián casi lo consigue, sobre todo por su colorido. Se puso la primera piedra en 1526, pero en 1716 tuvo que ser reconstruida debido a su estado, por lo que se alejó del espíritu renacentista para abrazar los nuevos aires dieciochescos. En 1797, esta iglesia columnaria ya estaba lista para abrirse al culto. Brilla, sobre todo, por su torre de ladrillo rematada con un chapitel de cerámica vidriada con dibujos geométricos, que la vuelve muy sevillana, y una fachada principal barroca que no le va a la zaga. De piedra, con columnas toscanas sobre plintos, enmarcando un arco de medio punto.
Los dulces de las monjas
Otro de los hitos culturales de este pueblo malagueño es el convento del Santísimo Sacramento, que se construyó por deseo de Melchor Rojas y Saavedra, rector de la Universidad de Osuna e hijo ilustre de Cañete, que quiso dejar su patrimonio a una orden religiosa femenina y de clausura. Finalmente, fueron las carmelitas las elegidas, que llegaron en 1662 procedentes de Villalba de Alcor (Huelva). Además de la iglesia, de una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón, el convento tiene tres patios interiores, donde están las celdas de las monjas, la biblioteca, la cocina y el resto de dependencias. Pese a varios infortunios a lo largo de su ya larga existencia, el centro sigue en funcionamiento. Y las religiosas haciendo una exquisita repostería.
La torre de Ortegícar, a la que se llega desde Cañete por una cómoda ruta de senderismo.
TURISMO CAÑETE LA REAL
No es el único convento, también está el de San Francisco, conocido como la Cartuja, fundado en 1624, con una iglesia en ladrillo y mampostería con esbelta espadaña y de interior manierista. Llegó a contar con un pequeño claustro de planta cuadrada, hoy desaparecido. De otra parte, a lo que fue el huerto de los franciscanos se le llama el patio de los Frailes. Lo habitaron unos veinte de esta orden, que vivían de la rentas y las limosnas del pueblo.
Una ruta de senderismo
Por lo demás, hay que recorrer sus calles llenas de casas blancas, entre las que se cuela alguna que otra casona señorial del siglo XVII en adelante, como recordatorio del pasado esplendoroso y latifundista de la zona. Y hay que salir del casco urbano e internarse por los caminos que atraviesan estos parajes. Por ejemplo, por la ruta de senderismo que va desde el mismo pueblo hasta Ortegícar, de unos siete kilómetros y dos horas de duración aproximadamente.
Esta ruta se coge en el camino de la Soledad en dirección al antiguo lavadero público de Fuencaliente, hoy merendero. Tras unos 800 metros se desciende entre almendros y olivares hasta llegar a la carretera que une Cañete y Ronda. Se deja Fuencaliente a un lado y se continúa por un carril que atraviesa campos de cereales. El último tramo discurre desde la carretera Campillos-Ronda hasta la torre de Ortegícar, de 18,6 metros de altura y apoyada en una muralla claramente defensiva. A su lado, el puente árabe sobre el Guadalteba, entre álamos y fresnos.












