Sandra Hernández

Cansancio que no mejora con el descanso, caída de cabello, uñas que se rompen, dificultad para concentrarse. Muchas mujeres pasan meses atribuyendo esos síntomas al estrés, al ritmo de vida o simplemente al agotamiento acumulado, se hacen una analítica básica y el resultado sale normal. Lo que esa analítica básica no siempre muestra es la ferritina. Violeta Kushkyan, especialista en nutrición de ZEM Wellness Clinic Altea, lo explica desde el principio: «La ferritina es el marcador que indica las reservas de hierro del cuerpo. Una persona puede tener hemoglobina normal y no presentar anemia, pero aun así tener un déficit de hierro».

La diferencia entre ferritina baja y anemia es clínica y temporalmente importante. La anemia aparece en fases más avanzadas de la falta de hierro, cuando el organismo ya no tiene reservas suficientes para mantener una producción normal de hemoglobina. Pero antes de llegar ahí, cuando las reservas empiezan a disminuir y la hemoglobina todavía se mantiene estable, ya pueden aparecer señales físicas y cognitivas. «Muchas personas conviven durante meses o incluso años con cansancio, caída de cabello o bajo rendimiento sin saber que detrás puede haber un déficit de hierro», señala Kushkyan. La analítica parece normal, los síntomas se normalizan y el problema continúa sin diagnosticarse.

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Las manifestaciones de una ferritina baja son frecuentes y poco específicas, lo que hace que muchas veces se atribuyan a otras causas. Cansancio persistente, sensación de debilidad, caída de cabello, uñas frágiles, dificultad para concentrarse, niebla mental, peor rendimiento físico, falta de aire al hacer esfuerzo, palpitaciones, sensación de frío o piernas inquietas por la noche son algunos de los más habituales. «Como son síntomas comunes, muchas veces se achacan al estrés, al ritmo de vida, a cambios hormonales o simplemente al cansancio constante», explica Kushkyan. Esa falta de especificidad es precisamente lo que retrasa el diagnóstico.

Uno de los errores más frecuentes es interpretar el resultado de ferritina mirando únicamente si está dentro del rango normal del laboratorio. Esos rangos varían entre centros y no siempre reflejan el umbral a partir del cual una persona empieza a encontrarse mal. «No se trata solo de mirar un número aislado, sino de interpretar la analítica junto con los síntomas y el contexto de cada persona», señala Kushkyan. Hay mujeres que, aun estando dentro del rango considerado normal, presentan molestias compatibles con falta de hierro que desaparecen al recuperar sus niveles.

Cómo recuperar el hierro


Las fuentes de hierro con mejor absorción son las de origen animal: carne roja magra, mejillones, almejas, pescado e hígado encabezan la lista. El hierro vegetal, presente en legumbres y algunas verduras, se absorbe peor, pero puede optimizarse con pequeños ajustes. «Combinarlo con vitamina C, por ejemplo en forma de cítricos, kiwi o pimiento, puede ayudar a mejorar su absorción», explica Kushkyan. Y al contrario, conviene evitar el café o el té justo en las comidas principales, ya que dificultan de forma significativa la absorción del hierro.

Cuando las reservas están muy bajas, la alimentación sola puede no ser suficiente. Si existen pérdidas de sangre importantes, menstruaciones abundantes o algún problema digestivo que dificulte la absorción, recuperar los niveles únicamente con la dieta resulta complicado. En esos casos, la suplementación bajo supervisión médica suele ser necesaria. Y además de corregir el déficit, es importante entender qué lo está causando: si no se actúa sobre el origen, el problema tiende a repetirse.

Por qué pasa desapercibida durante tanto tiempo

La ferritina baja es una de las alteraciones nutricionales que con más frecuencia pasa desapercibida porque sus síntomas encajan perfectamente con la vida que muchas mujeres llevan. Cansancio, niebla mental o bajo rendimiento tienen siempre una explicación aparente que no pasa por el hierro. Y como la analítica básica no siempre incluye la ferritina, el problema puede mantenerse sin detectarse durante mucho tiempo. Pedir específicamente que se incluya en la analítica es muchas veces el primer paso para identificarlo.

La causa también importa, y mucho. Las pérdidas menstruales abundantes son uno de los motivos más frecuentes en mujeres en edad fértil. Pero también pueden influir una ingesta insuficiente de hierro, una dieta sin fuentes animales mal planificada o problemas digestivos que dificulten la absorción, como celiaquía no diagnosticada o alteraciones intestinales. Identificar el origen es lo que permite que el tratamiento sea realmente eficaz y no solo temporal.

La ferritina baja no es anemia, pero tampoco es un problema menor. Es una señal de que el organismo tiene menos reservas de hierro de las que necesita para funcionar bien, y eso acaba notándose en la energía, el cabello, la concentración y el rendimiento físico. Pedir una analítica completa que incluya la ferritina, interpretarla con contexto clínico y actuar sobre la causa es muchas veces la diferencia entre seguir normalizando el cansancio y entender por fin qué le está pasando al cuerpo.

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