Sandra Hernández

Con la llegada del verano, la espalda alta se convierte en una de las zonas que más preocupa. Los vestidos de tirantes, los bañadores y los escotes de espalda ponen el foco en una área que durante el resto del año queda tapada. Inés Jiménez, fisioterapeuta y fundadora de Arde Barre Studio, lanza un aviso importante antes de hablar de ejercicios: no existe el ejercicio para eliminar grasa localizada. La grasa se elimina de forma global, con una alimentación adecuada, entrenamiento de fuerza, cardio y constancia. Por mucho trabajo de dorsal que se haga, eso solo no va a reducir la grasa de esa zona.

Dicho esto, trabajar la musculatura de la espalda alta tiene un efecto real y visible en el aspecto de esa zona. Fortalecer los músculos que la componen mejora la postura, da firmeza y cambia la forma en que se ve el cuerpo, independientemente de la pérdida de grasa. «Es importante su fortalecimiento para evitar lesiones, mejorar la higiene postural, el rendimiento físico y la estética», explica Jiménez. No es lo mismo una espalda débil y encorvada que una espalda fuerte y abierta, aunque el porcentaje de grasa sea el mismo.

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Los músculos clave en esta zona son varios y cada uno cumple una función distinta. El trapecio mejora la posición en el espacio —hombros atrás, pecho abierto—. Los romboides evitan la postura encorvada. El serrato anterior permite movimientos eficientes y previene lesiones. El deltoides posterior compensa el trabajo escapular. Y los erectores espinales son fundamentales para la estabilidad general. Trabajarlos de forma coordinada es lo que produce tanto la mejora postural como el cambio estético que se busca.

Los ejercicios sin material que más activan esta zona

Para trabajar la espalda alta en casa, sin ningún tipo de material, Jiménez recomienda cuatro ejercicios concretos. El primero es levantar los brazos formando las letras Y, T y W, tumbado boca abajo o de pie: activa toda la musculatura escapular de forma muy completa. El segundo es simular ángeles de nieve boca abajo, un movimiento que trabaja la movilidad y la activación de la zona dorsal. El tercero son las flexiones con retracción escapular, como un push-up pero enfatizando el gesto de juntar las escápulas al bajar. Y el cuarto es la plancha con toque de hombros, que combina estabilidad de core con activación escapular.


Inés Jiménez de Arde Barre Studio.


D.R.


La técnica importa más que la velocidad. Uno de los errores más frecuentes al hacer estos ejercicios en casa es tirar con los brazos en lugar de con la espalda, lo que hace que el trabajo recaiga en los músculos equivocados. «No activar las escápulas, encoger los hombros o hacer los ejercicios muy rápido son errores que anulan el efecto del entrenamiento», advierte Jiménez. Perder la conexión mente-músculo es otro fallo habitual: si no se siente el músculo que se está trabajando, probablemente no se esté activando de forma correcta.

Cuántas veces a la semana y durante cuánto tiempo

En cuanto a la frecuencia, Jiménez es clara: con cuatro días a la semana y constancia se empezarían a ver resultados óptimos. Aunque matiza que depende de la genética, la capacidad de cada persona, el ejercicio que ya se realice habitualmente y la adherencia. Las sesiones deberían durar entre 30 y 40 minutos, combinando los ejercicios de espalda alta con unos diez minutos de cardio. Esa combinación de fuerza y cardio es la que permite trabajar la musculatura y contribuir al gasto calórico global al mismo tiempo.

Hay otro error que Jiménez señala y que tiene más que ver con el enfoque que con la técnica: olvidar el resto del cuerpo. Trabajar solo la espalda alta de forma aislada, sin un programa que incluya el cuerpo completo, limita los resultados y puede generar desequilibrios musculares. Y fuera del entrenamiento, la postura durante el resto del día también cuenta: pasar horas encorvada frente al ordenador deshace buena parte del trabajo hecho en la sesión.

La alimentación y el descanso juegan un papel decisivo en la reducción de grasa, a veces incluso más que el propio entrenamiento. «La pérdida de grasa se lleva a cabo mediante un déficit calórico, consumiendo menos energía de la que se gasta», explica Jiménez, que recomienda una ingesta alta en proteína, moderada en hidratos y un control estricto de los ultraprocesados. Sin esa base nutricional, el entrenamiento puede mejorar la musculatura y la postura, pero la reducción de grasa será mucho más lenta.

El verano tiene fecha, pero los resultados no entienden de calendarios. Lo que sí es posible en pocas semanas es notar la espalda más activa, más erguida y más firme si el trabajo es constante y la alimentación acompaña. Cuatro días a la semana, los ejercicios correctos, la técnica cuidada y una dieta con déficit calórico. No es un método revolucionario, pero es el que funciona.

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