

Fue un golpazo el que se pegó Boca en la Bombonera. Cayeron al piso rendidos un par de jugadores cuando Pablo Echavarría marcó el final. Los futbolistas de Huracán se quedaron cantando en el medio de la cancha, mientras que Claudio Úbeda caminó con serenidad al vestuario. “Perdemos igual que contra Independiente y ante Racing”, alcanzó a decir un plateísta luego de una nueva eliminación de local.
La resignación y la bronca se manifestó con silencio. Hubo aplausos en La Doce y apenas algunos silbidos en el resto del estadio. Boca se despidió demasiado pronto del Torneo Apertura en el que era uno de los grandes candidatos a quedarse con el título. Ahora, todos los cañones apuntarán a la Copa Libertadores, donde tiene que vencer de local a Cruzeiro y a Universidad Católica de Chile para cerrar el semestre de manera decorosa.
Se hablará en las próximas horas, otra vez, de Úbeda, de su capacidad o no para estar al mando de Boca. El vertiginoso fútbol argentino es así y el Sifón lo sabe mejor que nadie porque desde hace años vive en el ambiente. A favor del entrenador, no hizo nada raro contra Huracán. Bastante más: Boca mereció ganar. El equipo que puso en canta fue el lógico y los cambios no estuvieron mal. Tal vez debió meter antes a Ángel Romero y posiblemente Miguel Merentiel debió salir por su flojo rendimiento. En todo caso, son pequeñeces.
También Úbeda habló de los delanteros titulares, Adam Bareiro (salió lesionado en el primer tiempo) y Miguel Merentiel (tuvo un juego para el olvido). «Hay que respaldarlos y trabajar para generar las ocasiones. Para la Libertadores no podemos desperdiciar tantas ocasiones y vamos a achicar ese margen de error. Antes de esta derrotas, Miguel y Adam estaban de racha y ahora nos está costando definir las que generamos. Vamos a trabajar en la confianza de ambos porque ahora estamos en una racha negativa”, analizó el DT.
Sabe entonces Úbeda que los dos partidos de Libertadores marcarán su futuro en Boca. Si pasa de ronda, seguirá comandando la ilusión del equipo que lidera adentro de la cancha Leandro Paredes. De lo contrario, el adiós será inevitable.








