Ana Calvo


Ana Calvo


Moissonnier es al diseño de interiores como Chanel o Dior a la moda. Esta centenaria firma francesa de decoración lleva desde 1885 vistiendo con su savoir faire artesano las casas más exclusivas del mundo. Ahora, de la mano de Loblanc, llega a nuestro país con una propuesta que combina su reconocible esencia de alta costura con un toque made in Spain irresistible.

Fundada por Émile Moissonnier en Bourg-en-Bresse, una pequeña ciudad de la región francesa de Auvernia-Ródano-Alpes conocida por su rica provisión de maderas como el roble y el cerezo, la marca nació con la visión de un artesano creativo que concebía cada mueble como una pieza única. Esa misma filosofía ha perdurado durante más de 140 años como herencia creativa de una firma en la que, a día de hoy, una veintena de ebanistas expertos continúan trabajando bajo esa misma premisa.

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El reconocible estilo de Moissonnier dialoga de forma natural entre la tradición histórica y la estética vanguardista, logrando una combinación excepcional que reinterpreta los cánones clásicos con un toque contemporáneo. Así, aunque la firma se ha dedicado durante más de un siglo a la reproducción de piezas personalizadas de estilo Luis XV, Luis XVI y Provenzal, sus muebles crean una narrativa equilibrada y coherente al combinarlos, como hacen en el espacio de Loblanc en Madrid (Calle Cervantes, 22) con iconos futuristas y pop-art como una silla Phanton o una Tulip Chair.

Un toque español en los muebles de lujo favoritos de las francesas

La clave reside en «cómo las piezas dialogan entre sí en el espacio, requiriendo equilibrio y, al mismo tiempo, un fuerte protagonismo individual» nos explica Ana Serratosa, cofundadora de Loblanc, galerista y especialista en arte contemporáneo. ¿Un ejemplo? La disruptiva combinación de una mesa Napoleón III en magenta amoratado con detalle de filo de plata con un cuadro de José Luis Albelda que retrata a tamaño natural una Rafflesia, la flor más grande del mundo, sobre un lienzo de pan de oro sobre madera.

Aunque las cómodas Luis XV son la seña de identidad de Moissonnier («son nuestro petite robe noir», aseguran desde la casa), la firma ha querido impregnarse de esencia española y, para celebrar su llegada a nuestro país, ha lanzado una serie de cuatro modelos de sillas tapizadas con obras del pintor contemporáneo Ignacio Goitia, el mismo que ha intervenido las paredes del espacio de Loblanc con sus murales. Además, ese acento español en los muebles de Moissonnier parece que irá a más y ya se plantean lanzar, con la llegada a nuestro país, piezas inspiradas en nuestro Siglo de Oro.

«Primero se eligieron los cuadros, en función de los colores y las formas, y en base a esto se adaptaron las obras a los muebles», explica el pintor vasco de su exquisita colaboración con la firma francesa de alta costura decó, que incluye sillas Luis XV y Luis XVI, una butaca Bergère y un sillón Luis XV Bridge. «Cada pieza se ha concebido como un trabajo independiente, donde el dibujo se ajusta a la estructura del mueble y todas sus partes pasan a formar parte de la composición. El resultado es claro, cada silla y cada butaca funcionan como un cuadro en sí mismo», asegura Goitia.


Cortesía


El color, el detalle disruptor de una maison centenaria

Y es que hablar de Moissonnier es hablar de un estilo propio. Sus piezas de maderas nobles son reconocidas por ser auténticas obras de arte de naturaleza escenográfica, muebles de estilo retro (ya que la producción es actual) en las que se lujo de la artesanía se entreteje con elementos contemporáneos. Pero a pesar de llevar más de cien años fieles a esa herencia tan referencial, fue el uso del color como elemento disruptor el que marcó, en los albores del 2000, un punto de inflexión en la historia de esta manufactura.

«Utilizan el color de forma muy valiente, casi escenográfica. Los acabados de sus muebles marca la diferencia, con unas pátinas muy difíciles de conseguir», explica la interiorista Verónica Montijano, cofundadora de Loblanc, que también resalta cómo todas las piezas de Moissonnier son únicas porque son completamente personalizables y a la carta en cuanto a tonalidad, acabados, cobres, remates y detalles. «Abrir un cajón de una de sus cómodas o aparadores es una sorpresa, porque de repente cambia de color», añade.

Precisamente ese atrevimiento disruptor, combinado con la excelencia en la ebanistería y el respeto por los altos estándares de calidad, son los que marcan la diferencia en sus piezas. Esa meticulosidad en sus acabados y las maderas nobles de proximidad convierten los muebles de Moissonnier en obras de arte pensadas para perdurar y vestir durante generaciones las casas más exclusivas del mundo.

Tanto es así que esta pasión por la artesanía fina y el savoir faire propios de una maison de alta costura y en reconocimiento a su historia, patrimonio, capacidad de innovación y el valor de su saber hacer singular, Moissonnier fue distinguida en 2010 con la etiqueta francesa Entreprise du Patrimoine Vivant (Empresa del Patrimonio Vivo) que concede el Ministerio de Economía e Industria de Francia.

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