Sandra Hernández

Veinte minutos que queman más que una hora de cardio. Es uno de esos titulares que circulan por redes y que generan tanta expectativa como escepticismo. José Díaz, fisioterapeuta y coach fitness, va directo al grano: «Así tal cual está planteado es engañoso. En 20 minutos no vas a gastar más calorías totales que en 60». Pero añade un matiz importante que cambia la conversación: lo que sí puede ocurrir es que un entrenamiento muy intenso genere más gasto total a lo largo del día, preserve mejor la masa muscular y mejore la sensibilidad a la insulina. El contexto, como siempre, lo es todo.

El mecanismo detrás de ese efecto se llama EPOC: exceso de consumo de oxígeno post-ejercicio. Después de un entrenamiento de alta intensidad, el cuerpo sigue gastando energía para volver a la normalidad. A eso se suma una mayor activación de fibras musculares tipo II, que generan más gasto energético y ayudan a mantener la masa muscular. Y una respuesta hormonal que facilita la movilización de grasa. «Pero todo esto suma sin compensar una mala dieta«, advierte Díaz. Sin déficit calórico, no hay pérdida de grasa real.

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El tipo de entrenamiento que permite lograr ese efecto en menos tiempo es principalmente el HIIT y los entrenamientos metabólicos con cargas: circuitos, superseries, full body. Pero Díaz matiza que la clave no está en hacer intervalos sin más. «Lo que importa es la alta intensidad real, poco descanso y el uso de grandes grupos musculares«, explica. Sprints, assault bike, burpees, thrusters, peso muerto o dominadas. No curls con mancuernas sentado.

La estructura de una sesión de 20 minutos bien planteada es más sencilla de lo que parece. Los primeros tres minutos son para un calentamiento dinámico rápido. Del minuto tres al dieciocho va el bloque principal: entre seis y diez rondas de veinte a cuarenta segundos de trabajo seguidos de veinte a sesenta segundos de descanso, con una intensidad de ocho a diez sobre diez real. Los dos últimos minutos son para bajar pulsaciones. «Si al acabar puedes hablar normal, no era HIIT», resume Díaz.

Cuándo tiene sentido y cuándo no

Este tipo de entrenamiento es especialmente adecuado para personas con poco tiempo, con una base física media y con el objetivo de perder grasa manteniendo músculo. Pero no es lo ideal para todo el mundo. «Para principiantes sin base, la técnica y la tolerancia son cero», advierte Díaz. Tampoco es recomendable para personas con sobrepeso alto por el impacto y el riesgo, ni para quienes están muy estresadas o tienen mala recuperación, ya que añade más fatiga a un sistema que ya está sobrecargado.

«El error más frecuente es entrenar en una zona cómoda pensando que se está haciendo HIIT», señala Díaz. La intensidad real es lo que diferencia un entrenamiento que genera el efecto buscado de uno que simplemente cansa un poco. Y eso es más difícil de conseguir de lo que parece, especialmente cuando se entrena solo y sin referencia externa.

Elegir ejercicios poco demandantes es otro error que arruina el efecto. «HIIT de abdominales o curls pierde el sentido», advierte Díaz. Los ejercicios deben implicar grandes grupos musculares para generar el estímulo metabólico necesario. A eso se suma la mala gestión de los descansos: demasiado largos y se pierde intensidad, demasiado cortos y se pierde calidad de movimiento. El equilibrio entre esfuerzo y recuperación dentro de la sesión es lo que determina si el entrenamiento funciona.

La falta de progresión es otro factor que limita los resultados a medio plazo. «Siempre el mismo circuito hace que el cuerpo se adapte rápido», explica Díaz. El cuerpo se adapta rápido: cuando algo se vuelve predecible, deja de ser un estímulo. Cambiar ejercicios, aumentar la intensidad o reducir los descansos son formas de mantener la adaptación activa y seguir generando el efecto metabólico que hace útil este tipo de entrenamiento.

Y luego está el error que Díaz considera el mayor de todos: la dieta descontrolada. «Pretender compensar con 20 minutos lo que se destruye en 24 horas no funciona», dice. El balance energético total es lo que determina si hay pérdida de grasa, y ningún entrenamiento, por intenso que sea, compensa un exceso calórico sostenido. Los 20 minutos de HIIT son una herramienta eficiente dentro de un sistema que funciona. Sin el resto, se quedan en resultados parciales.

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