Sandra Hernández

Terminar un entrenamiento con la sensación de haberlo dado todo es satisfactorio. Lo que ocurre en las horas siguientes, sin embargo, es igual de importante que el esfuerzo hecho en la sesión. Cocó Constans, psicóloga, profesora de Pilates y fundadora de SANA, firma de suplementación enfocada en la salud femenina, lo explica con claridad: después de entrenar, el cuerpo necesita tres cosas clave para recuperarse y no perder lo que ha trabajado. Proteína, para reparar y construir músculo. Hidratos de carbono, para recuperar energía. Y minerales, especialmente magnesio, fundamentales para la función muscular.

La proteína es el nutriente más conocido en el contexto del entrenamiento, y con razón. Es la que repara las fibras musculares dañadas durante el ejercicio y la que permite que el músculo se reconstruya más fuerte. Pero centrarse solo en la proteína y olvidar los hidratos de carbono es un error frecuente. Sin glucógeno repuesto, el cuerpo no tiene la energía necesaria para recuperarse bien, y el rendimiento en la siguiente sesión se resiente. Los dos van juntos, y ninguno sustituye al otro.

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El magnesio es el mineral que más se pasa por alto en la recuperación post-entrenamiento. «Participa en más de 300 reacciones enzimáticas, muchas de ellas relacionadas con la contracción y relajación muscular, el metabolismo energético y el sistema nervioso», explica Constans. No es solo una cuestión de calambres o fatiga puntual: el magnesio es clave en la recuperación muscular profunda y en la reducción del estrés físico después del esfuerzo. Sin niveles adecuados, la recuperación se alarga y el cuerpo tarda más en estar listo para volver a rendir.

Por qué el magnesio no es todo igual

Hay un matiz importante cuando se habla de magnesio: no todas las formas se absorben igual ni actúan en los mismos tejidos. «Lo importante no es solo la cantidad, sino la forma en la que se aporta», señala Constans. El bisglicinato destaca por su alta absorción y su efecto sobre la relajación muscular. El citrato contribuye al tránsito intestinal y al equilibrio digestivo. Y el acetil taurato tiene afinidad por el sistema nervioso, ayudando a reducir la fatiga y mejorar la respuesta al estrés. Combinar distintas formas permite que el magnesio actúe de forma más completa.

Esa es precisamente la lógica detrás de fórmulas como Triple Magnesio, que combina estas tres sales de alta biodisponibilidad para que actúen de forma complementaria. No es un planteamiento de suplementación agresiva, sino de cubrir lo que la alimentación habitual a menudo no llega a aportar en suficiente cantidad, especialmente en personas que entrenan de forma regular y tienen un gasto físico elevado.

El tipo de entrenamiento también influye en lo que el cuerpo necesita después. En los entrenamientos de fuerza, la proteína y la recuperación muscular tienen más peso. En el cardio, la energía disponible es clave para mantener el rendimiento y evitar el agotamiento. Pero hay algo común a todos los tipos de esfuerzo: la recuperación. «Y ahí el magnesio juega un papel importante, ya que ayuda tanto a nivel muscular como a nivel de descanso«, explica Constans.

Lo que ocurre cuando la recuperación no es suficiente

Ignorar la recuperación post-entrenamiento tiene consecuencias que van más allá del rendimiento físico. El cuerpo que no se recupera bien acumula fatiga, aumenta el riesgo de lesión y, con el tiempo, puede entrar en un estado de estrés crónico que afecta al sueño, al estado de ánimo y a la energía general. Entrenar mucho y recuperarse mal es peor que entrenar menos y hacerlo con una buena base de descanso y nutrición.

El descanso nocturno es parte de esa recuperación. El magnesio, además de su papel muscular, contribuye a la calidad del sueño y a la relajación del sistema nervioso, lo que cierra el círculo: un buen entrenamiento necesita una buena recuperación, y una buena recuperación necesita un buen descanso. Los tres elementos están conectados y ninguno funciona bien sin los otros dos.

Cuidar lo que ocurre después de entrenar no requiere protocolos complicados ni una nevera llena de suplementos. Requiere entender qué necesita el cuerpo en esa ventana de recuperación y dárselo de forma consistente. Proteína, hidratos, magnesio y descanso. Cuatro cosas que, bien gestionadas, marcan la diferencia entre un entrenamiento que construye y uno que simplemente cansa.

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