
Una de las nociones centrales de los westerns cinematográficos clásicos es la frontera, que inicialmente refiere a la delimitación entre un pueblo o una ciudad y el desierto, pero, a su vez, alude a la división entre el deber ser y lo prohibido, entre la civilización y el salvajismo. La obra teatral Motorhome, que parodia tanto al backstage de los filmes pertenecientes a dicho género como al rodaje de los mismos, añade otra frontera, marcada por la casa rodante, que separa la realidad de la ficción. Allí, a través de sus personajes, se desplazan Nicolás Riera y Thelma Fardín, quienes afrontan desopilantes situaciones que, cada miércoles por la noche, despiertan risas en la platea del Teatro Metropolitan.
La comedia, escrita por Riera y Alfredo Staffolani -que también lleva a cabo la dirección-, sumerge al público en el mundo cinematográfico desde los primeros minutos, ya que arranca a oscuras, con la proyección del fragmento de una filmación, hasta que, de repente, Cruz, la directora del filme, interpretada por Fardín, corta la grabación, desaparece la pantalla, se encienden las luces y se devela la existencia del set. Desde ese momento, los espectadores se convierten en testigos de las encrucijadas en la realización del western argentino “El Indio Bueno”.
Durante casi una hora y media, se cuentan en escena los desafíos y los absurdos del rodaje, que incluyen las dificultades de grabar en exteriores con temblores. Asimismo, se desarrollan conflictos de distinta índole entre la cineasta y los actores Agustín Cané, Estela Gonet, Nicolás Lambertini y Marito (encarnados por Nicolás Riera, Lili Popovich, Staffolani, Nicolás Di Pace y Facundo Arana, este último por medio de su voz en off), y también los problemas con la asistente de producción Thalía (Irune Porcel).
“¡Luz, cámara, acción!”: diálogo post función
En el espectáculo encaran diferentes roles, delante y detrás de escena, ¿cómo se gestó todo?
Nicolás Riera: A medida que vas creciendo en la profesión, te querés meter más en los proyectos y poder decidir. Entonces, el año pasado, con Alfredo, que es dramaturgo, director y actor, quisimos contar un poquito el detrás de escena de una peli. Muchas veces se cree que es algo muy lujoso, glamoroso y, en realidad, es bastante lo que se ve en la obra.
Thelma Fardín: Sí, y también hay algo de la necesidad de contar historias creadas en nuestro país. Es un momento en el que, por ahí, se usa mucho traer obras de afuera y adaptarlas, cosa que está bien y es una decisión, pero nosotros teníamos muchas ganas de apostar a algo escrito acá, con el nivel de producción que tiene Motorhome: seis actores, mucho despliegue, una pantalla, música en vivo.
En el transcurso de la obra ocurren situaciones disparatadas, ¿cómo abordan ese tono en escena?
N.R: Nosotros conocemos mucho lo que es un rodaje, y el western es algo bastante estereotipado, entonces era fácil contarlo y que se entendiera. Sin embargo, tuvimos como desafío pensar cómo hacíamos para que el público, que nunca estuvo en un rodaje, ni vio el detrás de escena, entendiera que eso es así, y entrara en el código. Por lo tanto, tuvimos que ir modificando pequeñas cosas para lograr que quien nunca grabó una peli, ni hizo una participación, o vestuario, pudiera viajar con nosotros.
T.F: Además, sentirse interpelado e identificado con algunos de estos personajes, que no dejan de ser estereotipos de personas que uno se puede cruzar en cualquier trabajo. Por ejemplo, una jefa déspota en mi caso, o alguien que recién arranca y está muy copado con el proceso -aunque le den dos mangos-. Por ahí, pasa en muchos espacios, en profesiones distintas, y nosotros lo mostramos acá.
A partir del concepto de frontera difusa entre realidad y ficción que plantea “Motorhome”, ¿han transitado esta nebulosa en algún momento de sus caminos artísticos y profesionales?
N.R: Justamente es algo que queríamos retratar. En los rodajes se genera una especie de limbo. Vas a grabar a la selva más peligrosa del país, donde te puede picar la serpiente más venenosa, pero si vas con un rodaje no tenés miedo, y caminás por un precipicio. Es como si fuese mentira, así que tratamos de contar ese limbo.
T.F: Te da seguridad que estén tus compañeros, la gente que conocés, entonces, pareciera que esa realidad no te toca. Por eso, esa idea de que: del motorhome para el set está todo bien, y de los motorhomes para afuera ya es peligroso. ¡Es una cosa totalmente imaginaria! Y creo que, en otro sentido, también se nos ha mezclado la ficción con la realidad. Pienso cuando éramos adolescentes y nos enamorábamos de quien en la novela nos tocaba de novio, porque pasábamos muchas horas con esa persona.
¿Qué recursos los ayudan a entrar al mundo ficticio? ¿Cuánto les cuesta salir?
N.R: En esta obra, como yo ya arranco en escena, tocando la guitarra, la música me empieza a meter en ese modo de western y de rodaje, sumado al humo y a lo cinematográfico. ¡Nos encanta estar arriba del escenario!
T.F: Nunca me gustó la idea de perderse en el personaje, esa cosa de que termine la función y hacer de cuenta que no sabía que estaba el público ahí. Digo, hay algo que es un oficio, un laburo, después sí hay artilugios, hay conexión con los compañeros, cuando los mirás y sentís “Ah, está acá, me está devolviendo algo”. Eso me permite entrar. De hecho, a veces percibís “Ah, fue en este texto que lo escuché y entré del todo”. Y, al final, no nos cuesta nada salir. Hay que ir a casa a comer, tenemos hambre, no es que quede muy atravesada.
Del teatro al cine. Ya participaron como actores en la pantalla grande, ¿se ven en otro rol dentro del séptimo arte?
T.F: Todavía le tengo mucho respeto a la dirección. Producir, sí. Bueno, Nico está por producir su película…
N.R: ¡Sí! Estoy avanzando con Señor Cobranza, una peli ambientada en los 90. Vamos a ver si el año que viene la estamos rodando.
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Motorhome se presenta los miércoles a las 20.15 en el Teatro Metropolitan (Avenida Corrientes 1343, CABA). Entradas por Plateanet.








